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Primera pareja humana creada por Dios según el relato bíblico (Gen. 1). Adán fue hecho «del lodo de la tierra» y Eva, de una costilla arrancada a Adán mientras dormía. Moraban en un jardín llamado Edén, y Dios les prohibió comer el fruto de cierto árbol llamado de la ciencia del bien y del mal. Mas Eva, tentada por una serpiente, comió del fruto y dio de él a Adán, que también comió. En vista de su desobediencia, Dios hubo de desterrar a ambos del paraíso. Eva, posteriormente, parió tres hijos: Caín, Abel (muerto por Caín) y Set.
El Génesis nos brinda dos relatos de la creación del hombre. El primero, escrito por el llamado narrador elohístico («P» según el convencionalismo crítico), aparece como una parte de la historia de la Creación y abarca únicamente dos versículos (Gen. 1:26, 27). El segundo, que constituye una historia bastante más detallada de la creación del hombre, contiene el relato que hemos resumido más arriba. Este segundo relato, escrito por el llamado narrador «jahvístico» («J»), aparece en Gen. 2. El primero utiliza siempre el nombre de Elohim (Dios) al referirse a la Divinidad, mientras que el segundo emplea el de Jahve-Elohim (Señor Dios). En el primer relato el hombre aparece creado el mismo día que los animales, en la doble forma de «varón» y «hembra», a la imagen de Dios. Nada se dice aquí acerca del jardín, de la tentación y caída ni de la expulsión del Paraíso. El segundo, más detallado, narra cómo el hombre fue creado por Dios y colocado en el Edén y cómo, después, la mujer fue formada de una costilla de Adán.
El segundo relato, que nos cuenta la historia de Adán y Eva en el Paraíso, parece presentar una serie de puntos de contacto con las cosmogonías babilónica y asiria. Es posible que la tradición que sirvió de base a la narración bíblica de la creación fuese traída de las llanuras de Babilonia por los hebreos en la época de Abraham. Las narraciones mesopotámicas de la creación que se conservan revelan paralelos interesantes con la bíblica, pues hablan también de un árbol sagrado, de una serpiente tentadora y de los querubines que guardaban la puerta del Paraíso. El relato guarda asimismo semejanzas con las narraciones que de la creación nos han llegado de los primitivos egipcios, griegos, persas y otros pueblos.
Al comparar las cosmogonías extrañas a la del Génesis, con el relato bíblico se observa una diferencia fundamental. En la Biblia Dios es totalmente independiente de ese caos original, del que nacen los dioses en otros poemas cosmogónicos. El Dios del Génesis ordena el caos y hace surgir de él un mundo. Diferencia tan radical no puede explicarse sin la existencia de una revelación al pueblo judío, muy inferior en cultura a todos esos pueblos circundantes. Véase Creación.
El relato de Adán y Eva ha sido interpretado como historia, alegoría o una mezcla de una y otra. Teológicamente ocupa, sin embargo, lugar eminente, pues justifica la doctrina del pecado original con la caída de Adán.
El Génesis nos brinda dos relatos de la creación del hombre. El primero, escrito por el llamado narrador elohístico («P» según el convencionalismo crítico), aparece como una parte de la historia de la Creación y abarca únicamente dos versículos (Gen. 1:26, 27). El segundo, que constituye una historia bastante más detallada de la creación del hombre, contiene el relato que hemos resumido más arriba. Este segundo relato, escrito por el llamado narrador «jahvístico» («J»), aparece en Gen. 2. El primero utiliza siempre el nombre de Elohim (Dios) al referirse a la Divinidad, mientras que el segundo emplea el de Jahve-Elohim (Señor Dios). En el primer relato el hombre aparece creado el mismo día que los animales, en la doble forma de «varón» y «hembra», a la imagen de Dios. Nada se dice aquí acerca del jardín, de la tentación y caída ni de la expulsión del Paraíso. El segundo, más detallado, narra cómo el hombre fue creado por Dios y colocado en el Edén y cómo, después, la mujer fue formada de una costilla de Adán.
El segundo relato, que nos cuenta la historia de Adán y Eva en el Paraíso, parece presentar una serie de puntos de contacto con las cosmogonías babilónica y asiria. Es posible que la tradición que sirvió de base a la narración bíblica de la creación fuese traída de las llanuras de Babilonia por los hebreos en la época de Abraham. Las narraciones mesopotámicas de la creación que se conservan revelan paralelos interesantes con la bíblica, pues hablan también de un árbol sagrado, de una serpiente tentadora y de los querubines que guardaban la puerta del Paraíso. El relato guarda asimismo semejanzas con las narraciones que de la creación nos han llegado de los primitivos egipcios, griegos, persas y otros pueblos.
Al comparar las cosmogonías extrañas a la del Génesis, con el relato bíblico se observa una diferencia fundamental. En la Biblia Dios es totalmente independiente de ese caos original, del que nacen los dioses en otros poemas cosmogónicos. El Dios del Génesis ordena el caos y hace surgir de él un mundo. Diferencia tan radical no puede explicarse sin la existencia de una revelación al pueblo judío, muy inferior en cultura a todos esos pueblos circundantes. Véase Creación.
El relato de Adán y Eva ha sido interpretado como historia, alegoría o una mezcla de una y otra. Teológicamente ocupa, sin embargo, lugar eminente, pues justifica la doctrina del pecado original con la caída de Adán.
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