Los materiales empleados más frecuentemente en el aislamiento térmico de viviendas pueden clasificarse en tres grupos: 1) tipo de relleno, consistente en material silíceo triturado o granulado, con el que se rellenan las oquedades en la estructura de paredes, soleras y techos; 2) tipo flexible, que se suministra en rollos o piezas y se coloca entre las vigas, columnas y cabios; lo forman materiales fibrosos o afieltrados, como la lana de escorias, que se cubren por una sola cara o por ambas con papel embreado; 3) aislamiento rígido o acartonado, que consiste en paneles de 10 a 50 mm de grueso y de tamaños diversos según los fabricantes, que se colocan sobre las columnas y cabios, ahorran con frecuencia el uso de enlucidos.
Las pérdidas de calor en una vivienda de tipo medio de unas seis habitaciones se reducen en un 25 % mediante el uso de burletes y ventanales dobles, en el 35 % si a estas medidas se añade el aislamiento del ático con un material de relleno y hasta el 60 % cuando se completa el aislamiento del resto del edificio.
Para más información ver: Aislamiento.
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