Empleábanse especialmente en el servicio de frontera, guarneciendo las fortalezas avanzadas, desde las que hacían continuas entradas y correrías provechosas en tierra de moros, apoderándose de villas y de castillos, que saqueaban. Veteranos de gran experiencia e intrepidez, prestaban servicios útilísimos de exploración a pie, aunque también los había a caballo en Castilla, donde los que montaban caballo tenían mayor graduación. A ellos se refiere la ley 6.a, del título XII, partida II, cuando dice: «Las cosas que an de ir a bien siempre, an de ir e de sobir de un grado a otro mejor. Así como facen del buen peón, buen almocadén, e de buen almocadén buen almogávar de a- caballo, e de aquel buen adalid.» Eran semejantes a los velites, tropa ligera de los romanos, y en la Corona de Aragón constituían una gente de guerra a sueldo con carácter permanente. Acaudillaban a los peones los jefes llamados almocadenes (equivalentes a nuestros actuales capitanes de infantería) y los adalides dirigían a los almogávares de a pie y de a caballo. Su servicio en campaña consistía en reconocer el terreno donde operaba el ejército, marchando a la vanguardia y en los flancos de él, inquietando constantemente al enemigo con sus ataques briosos e inesperados y cubriendo la marcha del ejército propio que confiaba en su perpetua vigilancia. Como milicia ligera y suelta, los almogávares combatían, en general, en orden abierto; pero, a veces, también lo hacían en orden cerrado, reuniéndose repentinamente si, por azar, se veían atacados por sorpresa por tropas superiores; de ese modo constituían una masa compacta que resistía y rechazaba valerosamente las repetidas cargas de la caballería mora. Aunque siempre en guerra y alerta, no llevaban bagajes y su vestido se reducía a una ropilla muy corta, calzas estrechas de cuero o piel sin curtir, casquete de hierro y abarcas en los pies; a la espalda llevaban un morral con pan y alimento para dos o tres días, yesca y pedernal. Aguantaban de un modo extraordinario el hambre, la sed, las fatigas y la intemperie. Impetuosos en la pelea, se servían poco de armas arrojadizas y manejaban con singular destreza la espada y la lanza, con las cuales, antes de entrar en combate, golpeaban los escudos y las piedras, gritando: «Desperta, ferro, des-perta». Ellos fueron los principales actores de la gloriosa expedición contra turcos y griegos.
Diccionario
Significado de «Almogávares»
Significado de Almogávares · Sinónimos, ejemplos y análisis de uso
Los Almogávares son una milicia de origen antiguo, cuyo nombre proviene del árabe al-mogawir, que significa "corredor que roba el campo".
Estos soldados, conocidos por su valentía y destreza en la guerra, vivían en los campos y bosques, realizando incursiones en tierras enemigas.
Con el tiempo, se adaptaron a una mayor disciplina, convirtiéndose en una fuerza aguerrida, especialmente en el servicio de frontera, donde defendían fortalezas y llevaban a cabo saqueos en territorio moro.
Estos soldados, conocidos por su valentía y destreza en la guerra, vivían en los campos y bosques, realizando incursiones en tierras enemigas.
Con el tiempo, se adaptaron a una mayor disciplina, convirtiéndose en una fuerza aguerrida, especialmente en el servicio de frontera, donde defendían fortalezas y llevaban a cabo saqueos en territorio moro.
Tabla de contenido
Definición de Almogávares
1
Palabra derivada del árabe al-mogawir, que, en Pedro de Alcalá, significa «corredor que roba el campo» y que es participio pasivo del verbo gawara, a su vez, tercera forma de gara, hacer una expedición. Hay quien la deriva del adjetivo gabar, fiero, valiente. Era una milicia antigua, formada por soldados de tropa escogida y muy diestra en la guerra, que vivía en los campos y bosques y se empleaba en hacer incursiones en las tierras de los enemigos. Su origen es muy antiguo y sus costumbres eran selváticas y montaraces, como acostumbrados a vivir en los montes y a sostener en ellos su independencia. Con el tiempo se fueron sujetando más a la disciplina y formaron una hueste aguerrida y propia para las expediciones remotas y aventuradas.
Empleábanse especialmente en el servicio de frontera, guarneciendo las fortalezas avanzadas, desde las que hacían continuas entradas y correrías provechosas en tierra de moros, apoderándose de villas y de castillos, que saqueaban. Veteranos de gran experiencia e intrepidez, prestaban servicios útilísimos de exploración a pie, aunque también los había a caballo en Castilla, donde los que montaban caballo tenían mayor graduación. A ellos se refiere la ley 6.a, del título XII, partida II, cuando dice: «Las cosas que an de ir a bien siempre, an de ir e de sobir de un grado a otro mejor. Así como facen del buen peón, buen almocadén, e de buen almocadén buen almogávar de a- caballo, e de aquel buen adalid.» Eran semejantes a los velites, tropa ligera de los romanos, y en la Corona de Aragón constituían una gente de guerra a sueldo con carácter permanente. Acaudillaban a los peones los jefes llamados almocadenes (equivalentes a nuestros actuales capitanes de infantería) y los adalides dirigían a los almogávares de a pie y de a caballo. Su servicio en campaña consistía en reconocer el terreno donde operaba el ejército, marchando a la vanguardia y en los flancos de él, inquietando constantemente al enemigo con sus ataques briosos e inesperados y cubriendo la marcha del ejército propio que confiaba en su perpetua vigilancia. Como milicia ligera y suelta, los almogávares combatían, en general, en orden abierto; pero, a veces, también lo hacían en orden cerrado, reuniéndose repentinamente si, por azar, se veían atacados por sorpresa por tropas superiores; de ese modo constituían una masa compacta que resistía y rechazaba valerosamente las repetidas cargas de la caballería mora. Aunque siempre en guerra y alerta, no llevaban bagajes y su vestido se reducía a una ropilla muy corta, calzas estrechas de cuero o piel sin curtir, casquete de hierro y abarcas en los pies; a la espalda llevaban un morral con pan y alimento para dos o tres días, yesca y pedernal. Aguantaban de un modo extraordinario el hambre, la sed, las fatigas y la intemperie. Impetuosos en la pelea, se servían poco de armas arrojadizas y manejaban con singular destreza la espada y la lanza, con las cuales, antes de entrar en combate, golpeaban los escudos y las piedras, gritando: «Desperta, ferro, des-perta». Ellos fueron los principales actores de la gloriosa expedición contra turcos y griegos.
Empleábanse especialmente en el servicio de frontera, guarneciendo las fortalezas avanzadas, desde las que hacían continuas entradas y correrías provechosas en tierra de moros, apoderándose de villas y de castillos, que saqueaban. Veteranos de gran experiencia e intrepidez, prestaban servicios útilísimos de exploración a pie, aunque también los había a caballo en Castilla, donde los que montaban caballo tenían mayor graduación. A ellos se refiere la ley 6.a, del título XII, partida II, cuando dice: «Las cosas que an de ir a bien siempre, an de ir e de sobir de un grado a otro mejor. Así como facen del buen peón, buen almocadén, e de buen almocadén buen almogávar de a- caballo, e de aquel buen adalid.» Eran semejantes a los velites, tropa ligera de los romanos, y en la Corona de Aragón constituían una gente de guerra a sueldo con carácter permanente. Acaudillaban a los peones los jefes llamados almocadenes (equivalentes a nuestros actuales capitanes de infantería) y los adalides dirigían a los almogávares de a pie y de a caballo. Su servicio en campaña consistía en reconocer el terreno donde operaba el ejército, marchando a la vanguardia y en los flancos de él, inquietando constantemente al enemigo con sus ataques briosos e inesperados y cubriendo la marcha del ejército propio que confiaba en su perpetua vigilancia. Como milicia ligera y suelta, los almogávares combatían, en general, en orden abierto; pero, a veces, también lo hacían en orden cerrado, reuniéndose repentinamente si, por azar, se veían atacados por sorpresa por tropas superiores; de ese modo constituían una masa compacta que resistía y rechazaba valerosamente las repetidas cargas de la caballería mora. Aunque siempre en guerra y alerta, no llevaban bagajes y su vestido se reducía a una ropilla muy corta, calzas estrechas de cuero o piel sin curtir, casquete de hierro y abarcas en los pies; a la espalda llevaban un morral con pan y alimento para dos o tres días, yesca y pedernal. Aguantaban de un modo extraordinario el hambre, la sed, las fatigas y la intemperie. Impetuosos en la pelea, se servían poco de armas arrojadizas y manejaban con singular destreza la espada y la lanza, con las cuales, antes de entrar en combate, golpeaban los escudos y las piedras, gritando: «Desperta, ferro, des-perta». Ellos fueron los principales actores de la gloriosa expedición contra turcos y griegos.
Cómo citar esta definición
Definiciones-de.com (2014). Definición de Almogávares - Leandro Alegsa © 18/11/2014.
Compartir y buscar
Análisis de la palabra Almogávares
-
Palabra inversa: seravágomlA
Número de letras: 11
Vocales: A o á a e
Consonantes: l m g v r s - RAE: Consultar en la RAE
Palabras cercanas
✨ Explicación sencilla de «Almogávares» ▾
Haz clic para generar una explicación más clara y fácil de entender.
Asistente de inteligencia artificial
IA: El Diccionario No Muerde
¡Prueba nuestra app!
Nuestro asistente IA en tu móvil
Puedes anotarte para probar nuestra app con el Asistente IA en tu móvil, junto con definiciones, palabra culta del día y herramientas IA para tus textos.
Puedes ver más información en la página de la app.
¿Quieres probar nuestra app y ayudarnos a mejorarla antes del lanzamiento? 🚀
Solo necesitas un móvil Android y una cuenta de Google.
Preguntas y comentarios
Todavía no hay comentarios visibles.
Enviar comentario o duda sobre «Almogávares»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.