Muchos historiadores identifican Amposta con la antigua Ibera, de la que habló Tito Livio como ciudad cercana a la desembocadura del Ebro, que fue tomada por los Escipiones en la II Guerra Púnica. En aguas de Amposta la Escuadra cartaginesa se vio derrotada y destruida por la romana. Después de la reconquista Amposta fue cedida por Ramón Berenguer IV a los Caballeros del Hospital de San Juan, que hicieron de ella el centro político de la Orden en Cataluña.
El Museo Arqueológico Municipal contiene recuerdos de los primitivos poblados ibero-romanos. Quedan restos del antiguo castillo bañado por el Ebro y de varias construcciones militares del siglo xii, entre las que destaca la Torre de la Carrova.
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