Estos invasores germánicos, bárbaros y primitivos como eran, borraron casi todas las huellas de las culturas romana y cristiana. El Cristianismo había sentado sus reales en Britania el año 597 con San Agustín, que convirtió al rey de Kent y fundó la sede de Canterbury; al mismo tiempo, misioneros irlandeses y escoceses comenzaron a predicar en el N. La Iglesia anglosajona llegó a ser muy pronto una de las más vigorosas de la cristiandad; durante el siglo viii sus monasterios fueron centros del saber, que produjeron figuras tan sobresalientes como Beda el Venerable y Alcuino. Entre los numerosos misioneros enviados al Continente descolló San Bonifacio. A la decadencia del siglo ix provocada por las invasiones danesas sucedió un vigoroso renacimiento alentado por Alfredo el Grande. En el campo del arte la aportación principal de los anglosajones consistió en sus manuscritos iluminados.
Durante la época anglosajona Inglaterra estuvo dividida en varios reinos, llamados la Heptarquía, frecuentemente en guerra unos con otros. La supremacía pasó de uno a otro hasta el año 829, en que Egberto de Wessex logró la hegemonía para el Suyo. Posteriormente, en el mismo siglo, Alfredo el Grande consolidó la supremacía de los sajones occidentales. Véase Inglaterra, Historia.
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