El objeto de estos libros apocalípticos era avivar en el pueblo judío la confianza en un pronto advenimiento del reino del Mesías, que le liberaría de sus enemigos y le traería una paz indestructible. Fueron como un complemento de los antiguos libros profé-ticos, cuyo estilo imitan y cuyo contenido reproducen. Su estilo es simbólico y su significado difícilmente comprensible. Son pseudoepigráficos, es decir, figuran bajo el nombre de un personaje antiguo de alta significación; por ejemplo, Noé, Moisés, etc. Pretenden pasar, por divinamente inspirados. Se distinguen dos grupos: libros apocalípticos judíos y libros apocalípticos cristianos. Los libros apocalípticos judíos —que encierran gran interés histórico— se dividen en pales-tinianoS y alejandrinos. Los primeros expresan el pensamiento judío ortodoxo; en cambio, los alejandrinos están impregnados de paganismo. Los libros apocalípticos cristianos son plagios del Apocalipsis de San Juan.
Acerca de la literatura apocalíptica se ha escrito mucho, sobre todo a partir del año 1857, en que Hilgenfeld publicó una obra documentadísima sobre este tema. Gomo complemento añadimos úna lista, aunque no completa, de estos libros apocalípticos: Libros judíos palestinianos: «Libro de Enoc», «Apocalipsis de Esdras», «Apocalipsis de Baruc», «Asunción de Moisés», «Paralipómenos de Baruc», «Apocalipsis de Elias», «Apocalipsis de Sofonías», «Ascensión de Isaías», etc. Libros judíos alejandrinos: Forman una colección con el nombre de «Libros Sibilinos». Libros cristianos pseudoapocalípticos: «Apocalipsis de Pedro», «Apocalipsis de Moisés», «Apocalipsis de Esdras», el de Pablo, el «Segundo Apocalipsis de Pablo», el de Tomás, el de Esteban, el «Apocalipsis apócrifo de Juan», el «Segundo Apocalipsis de Pedro», el de Bartolomé, el de María.
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