Se caracterizan por ausencia de núcleo (procariota), la mayoría muy pequeñas (0,5 a 5 micras), y con formas de bastones, espirilos y cocos. La mayor parte de reproducen por fisión al igual que las bacterias.
Bajo el nombre de arqueobacterias se clasificaban a las bacterias procariotas enmarcadas en el antiguo reino Monera, clasificación inexistente en la actualidad.
Las arqueobacterias son microorganismos unicelulares que se caracterizan por ser extremófilos, es decir, pueden vivir en condiciones extremas de temperatura, salinidad, acidez o falta de oxígeno.
A diferencia de las bacterias, las arqueobacterias presentan características bioquímicas y genéticas distintas. Por ejemplo, su pared celular está compuesta por sustancias diferentes a las de las bacterias, y su maquinaria genética es más similar a la de los eucariotas.
Las arqueobacterias se encuentran en diversos hábitats, como fuentes termales, volcanes, lagos salados, sedimentos marinos y sistemas digestivos de animales. Algunas de ellas son capaces de realizar procesos metabólicos únicos, como la producción de metano o la utilización de compuestos químicos tóxicos.
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