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Se considera que en sus comienzos el arte canadiense era un arte transplantado de Europa. Los franceses, primeros colonizadores del país, llevaron a él sus artes y oficios, especialmente los de carácter religioso y doméstico. Con los años su acervo artístico fue adaptándose a las necesidades y limitaciones del Nuevo Mundo, como, por ejemplo, en la Arquitectura, pero no sin conservar algunas de sus viejas formas, como en el caso de las canciones populares, las cuales perduraron hasta mucho después de que pasaran al olvido en la misma Francia. En 1675, François de Laval-Montmorency, arzobispo de Quebec, fundó en Cap Tourmente la primera escuela de artes de Norteamérica, la École des Arts et Métiers. De la misma nació la escuela de talla en madera, gloria de Quebec, que floreció, para declinar más tarde, hasta la muerte (1928) del último gran escultor en madera, Luis Jobin, fallecido a los 83 años. En aquella época destinábanse a los templos y conventos las obras de los tallistas en madera. La Iglesia era también principal patrocinadora de orfebres y pintores.
Los primeros artistas ingleses, aparecidos a raíz de la conquista de Quebec (1759), eran topógrafos, oficiales del Ejército, agrimensores y algún que otro ilustrador. A diferencia de los franceses, los ingleses tomaban generalmente sus modelos de la Naturaleza, y casi todos eran aficionados. Entre los más notables de la época figura Paul Kane (1810-71), que, llegado de Irlanda, pintó admirables cuadros sobre temas indios, y Cornélius Kreighoff (1812-72), de Düsseldorf, que plasmó en el lienzo animadas escenas de la vida de los granjeros o habitants de Quebec.
Kreighoff perteneció a la Sociedad de Artistas de Montreal, fundada en 1847, precursora de la Asociación de Arte (1860), hoy día Museo de Bellas Artes de Montreal. Por el tiempo en que se fundaban la Sociedad de Artistas de Ontario (1872) y la Galería Nacional de Canadá (1880), la pintura se hallaba ya asentada en este país, aunque dedicada naturalmente a imitar los convencionalismos europeos. Durante el siglo xix, el gusto de los mecenas, los propios fabricantes y comerciantes y sus esposas, al adquirir cultura y prestigio, se inclinó por la pintura realista, que representaba confortables interiores holandeses y plácidas represas de molinos. Los artistas canadienses hubieron de acomodarse, pues, a esta atmósfera tan adocenada y gris. Eran a la sazón populares las sentimentales escenas victorianas del tipo de Foreclosure of the Mortgage (La Hipoteca), de George Reid (1860-1947). Lucius O’Brien (1832-99), primer presidente de la Academia, y Otto Jacobi (1812-1901), entre otros, fueron paisajistas de refinado estilo. Él país por ellos pintado no fue, sin embargo, el canadiense.
Él grupo de Los Siete, si no inventó el paisaje canadiense, lo presentó al menos dramáticamente ante los ojos de Canadá y del mundo. Ya algunos precursores, como Maurice Cufien (1866-1934) y Aurele Suzor-Coté (1869-1937), inspirados por los impresionistas, habían comenzado a ver el país con ojos diferentes y a pintarlo con una paleta más realista. Pero la verdadera representación del Canadá, en todo su esplendor y magnificencia estaba reservada al grupo, que, además de la influencia impresionista, recibió la de los fauves, y la de algunos pintores escandinavos aparecidos en Estados Unidos. El genio del grupo fue el cazador Tom Thomson (1877-1917), que en cuatro años de intenso trabajo consumó la revolución artística arrastrando a sus compañeros en su pasión por la Naturaleza. Por desgracia, antes de que el grupo hubiera dado nombre a su movimiento y organizado la primera exposición (1920), Thomson pereció ahogado.
Al principio, los canadienses se escandalizaron ante los colores recios e impetuosos y el ritmo audaz de los innovadores. Acostumbrados a ver atenuada la luminosidad de su país, consideraban el trabajo del grupo una mixtificación del paisaje canadiense y del arte pictórico. Una generación más joven, sin embargo, saludó estas obras como expresión dinámica del Canadá, «el verdadero norte, fuerte y libre». Expuestas en Inglaterra, las obras del grupo merecieron parecida acogida. Clarence Gagnon (1881-1942), notable por sus brillantes y románticas escenas de Quebec, y James Mo-rrice (1865-1924), pintor de gran refinamiento y distinción que trabajó la mayoría de su vida en Francia, gozaron de cierta reputación en el extranjero; pero fue el grupo quien ofreció a Europa las primicias de un estilo canadiense.
Con el tiempo, estos artistas vieron llover sobre ellos honores y distinciones. Algunos incluso fueron admitidos en la Academia, encargada de velar por la tradición y dar al mismo tiempo oportuna bienvenida a nuevos elementos de valía. En 1933, considerando que había cumplido su misión, se disolvió el grupo denominado Los Siete para, poco después, resurgir más numeroso en forma de Grupo Canadiense de Pintores que, de diversas maneras, prosiguió la corriente dinámica. Uno de Los Siete, Lawren Harris (nacido en 1885), que mostró una percepción mística de la luz y la estructura del pasisaje nórdico, evolucionó hacia la abstracción pura. Jackson, el más canadiense de todos, hombre amante de los espacios abiertos, recorrió el país desde los Laurentinos de Quebec hasta Yellowkni-fe, lago del Gran Oso y el Artico. En sus cuadros se plasma con toda intensidad la irresistible belleza del paisaje canadiense.
Alfred Pellan (nacido en 1906), fue como becario a París, donde permaneció unos años y regresó luego a su país natal, donde vivió el tiempo suficiente para iniciar una nueva revolución. Merced a su influencia y a la de Paul-Emile Borduas (nacido en. 1905) surgió en Quebec una escuela de pintura no objetiva, a la vez nerviosa, febril, parca y vigorosa, que vino a desmembrarse en diversos pequeños grupos como Les Automatistes, Prism d’Teux, Espace 55 y Les Plasticiens. El Bauhaus, expresionismo alemán, los mexicanos y algunos pintores estadounidenses como Ben Shahn (nacido en 1898) vinieron a ejercer su influencia sobre los pintores del Montreal metropolitano. En Ontario, en tanto, florecían los abstraccionistas de todas las tendencias, algunos inspirados en Estados Unidos por Hans Hofmann (nacido en 1880).
Durante muchos años Montreal y Toronto fueron los centros del arte canadiense. Las provincias atlánticas, pese a la labor de Jack Humphrey (nacido en 1901), Miller Brittain (nacido en 1912) y Alexander Colville (nacido en 1920), pasaron inadvertidas. A mediados del siglo XX, sin embargo, el Oeste empieza a llamar poderosamente la atención. Algunos pintores de la Columbia Británica habían estudiado con Hofmann y Winnipeg se había visto sacudido por la afluencia demaestros de Iowa. Alberta, en fin, alumbra a Roloff Beny (nacido en 1924), que, como Pellan y Jean-Paul Riopelle (nacido en 1923) de Quebec, ha conocido el triunfo en Europa.
Los artistas aborígenes, indios y esquimales, apenas han ejercido influencia directa. Emily Carr (1871-1945) de Victoria, pintó los bosques de la costa occidental con una visión profunda. Jack Shadbolt (nacido en 1909), de Vancouver, se sirve de temas primitivos para sus pinturas abstractas. Art Price, escultor de Ottawa, incorpora a su obra las figuras indias y talla pilares totémicos, que más que copias son creaciones basadas en leyendas auténticas.
El arte indio de la costa occidental se basa esencialmente en la madera, si bien son muy apreciadas sus pequeñas esculturas de argilita. Al no disponer de árboles, los esquimales se expresaron en piedra. Mientras que el arte indio es formalista y ritualista, el esquimal resulta naturalista y personal (v. Ártico, Arte). Las obras son pequeñas, pero a menudo de concepción monumental y tan grandes por sus calidades formales como por su fidelidad a la vida. El arte esquimal, coleccionado a mediados del siglo XX por el artista James Houston para la Corporación de Artesanía Canadiense, despertó inmediata admiración.
Entre los escultores del siglo XX, portadores de nuevas ideas artísticas, figuran E. B. Cox (nacido en 1914); el tallista en piedra Stanley Lewis, que trabajó en México; Anne Kahane, de gran originalidad tanto en madera como en metal; y Louis Archambault (nacido en 1915), creador de figuras simbólicas extraídas de una mitología personal que pretende dar la medida de la grandeza del Canadá.
Archambault es también conocido como ceramista, particularmente por sus máscaras. Hoy florece en Canadá el arte de la alfarería, del baldosín artístico, la escultura de arcilla y la artesanía del esmalte y el cobre. En especial, la cerámica ha adquirido inmensa vitalidad y originalidad no escasa. Por su parte, la arquitectura se halla abierta a todas las tendencias contemporáneas. Cabe decir por último que, bajo el estímulo y orientación del Canadian Industrial Design Council, se ha elevado notablemente el gusto de fabricantes y usuarios de muebles y utensilios cotidianos.
Para más información ver: Canadá.
Los primeros artistas ingleses, aparecidos a raíz de la conquista de Quebec (1759), eran topógrafos, oficiales del Ejército, agrimensores y algún que otro ilustrador. A diferencia de los franceses, los ingleses tomaban generalmente sus modelos de la Naturaleza, y casi todos eran aficionados. Entre los más notables de la época figura Paul Kane (1810-71), que, llegado de Irlanda, pintó admirables cuadros sobre temas indios, y Cornélius Kreighoff (1812-72), de Düsseldorf, que plasmó en el lienzo animadas escenas de la vida de los granjeros o habitants de Quebec.
Kreighoff perteneció a la Sociedad de Artistas de Montreal, fundada en 1847, precursora de la Asociación de Arte (1860), hoy día Museo de Bellas Artes de Montreal. Por el tiempo en que se fundaban la Sociedad de Artistas de Ontario (1872) y la Galería Nacional de Canadá (1880), la pintura se hallaba ya asentada en este país, aunque dedicada naturalmente a imitar los convencionalismos europeos. Durante el siglo xix, el gusto de los mecenas, los propios fabricantes y comerciantes y sus esposas, al adquirir cultura y prestigio, se inclinó por la pintura realista, que representaba confortables interiores holandeses y plácidas represas de molinos. Los artistas canadienses hubieron de acomodarse, pues, a esta atmósfera tan adocenada y gris. Eran a la sazón populares las sentimentales escenas victorianas del tipo de Foreclosure of the Mortgage (La Hipoteca), de George Reid (1860-1947). Lucius O’Brien (1832-99), primer presidente de la Academia, y Otto Jacobi (1812-1901), entre otros, fueron paisajistas de refinado estilo. Él país por ellos pintado no fue, sin embargo, el canadiense.
Él grupo de Los Siete, si no inventó el paisaje canadiense, lo presentó al menos dramáticamente ante los ojos de Canadá y del mundo. Ya algunos precursores, como Maurice Cufien (1866-1934) y Aurele Suzor-Coté (1869-1937), inspirados por los impresionistas, habían comenzado a ver el país con ojos diferentes y a pintarlo con una paleta más realista. Pero la verdadera representación del Canadá, en todo su esplendor y magnificencia estaba reservada al grupo, que, además de la influencia impresionista, recibió la de los fauves, y la de algunos pintores escandinavos aparecidos en Estados Unidos. El genio del grupo fue el cazador Tom Thomson (1877-1917), que en cuatro años de intenso trabajo consumó la revolución artística arrastrando a sus compañeros en su pasión por la Naturaleza. Por desgracia, antes de que el grupo hubiera dado nombre a su movimiento y organizado la primera exposición (1920), Thomson pereció ahogado.
Al principio, los canadienses se escandalizaron ante los colores recios e impetuosos y el ritmo audaz de los innovadores. Acostumbrados a ver atenuada la luminosidad de su país, consideraban el trabajo del grupo una mixtificación del paisaje canadiense y del arte pictórico. Una generación más joven, sin embargo, saludó estas obras como expresión dinámica del Canadá, «el verdadero norte, fuerte y libre». Expuestas en Inglaterra, las obras del grupo merecieron parecida acogida. Clarence Gagnon (1881-1942), notable por sus brillantes y románticas escenas de Quebec, y James Mo-rrice (1865-1924), pintor de gran refinamiento y distinción que trabajó la mayoría de su vida en Francia, gozaron de cierta reputación en el extranjero; pero fue el grupo quien ofreció a Europa las primicias de un estilo canadiense.
Con el tiempo, estos artistas vieron llover sobre ellos honores y distinciones. Algunos incluso fueron admitidos en la Academia, encargada de velar por la tradición y dar al mismo tiempo oportuna bienvenida a nuevos elementos de valía. En 1933, considerando que había cumplido su misión, se disolvió el grupo denominado Los Siete para, poco después, resurgir más numeroso en forma de Grupo Canadiense de Pintores que, de diversas maneras, prosiguió la corriente dinámica. Uno de Los Siete, Lawren Harris (nacido en 1885), que mostró una percepción mística de la luz y la estructura del pasisaje nórdico, evolucionó hacia la abstracción pura. Jackson, el más canadiense de todos, hombre amante de los espacios abiertos, recorrió el país desde los Laurentinos de Quebec hasta Yellowkni-fe, lago del Gran Oso y el Artico. En sus cuadros se plasma con toda intensidad la irresistible belleza del paisaje canadiense.
Alfred Pellan (nacido en 1906), fue como becario a París, donde permaneció unos años y regresó luego a su país natal, donde vivió el tiempo suficiente para iniciar una nueva revolución. Merced a su influencia y a la de Paul-Emile Borduas (nacido en. 1905) surgió en Quebec una escuela de pintura no objetiva, a la vez nerviosa, febril, parca y vigorosa, que vino a desmembrarse en diversos pequeños grupos como Les Automatistes, Prism d’Teux, Espace 55 y Les Plasticiens. El Bauhaus, expresionismo alemán, los mexicanos y algunos pintores estadounidenses como Ben Shahn (nacido en 1898) vinieron a ejercer su influencia sobre los pintores del Montreal metropolitano. En Ontario, en tanto, florecían los abstraccionistas de todas las tendencias, algunos inspirados en Estados Unidos por Hans Hofmann (nacido en 1880).
Durante muchos años Montreal y Toronto fueron los centros del arte canadiense. Las provincias atlánticas, pese a la labor de Jack Humphrey (nacido en 1901), Miller Brittain (nacido en 1912) y Alexander Colville (nacido en 1920), pasaron inadvertidas. A mediados del siglo XX, sin embargo, el Oeste empieza a llamar poderosamente la atención. Algunos pintores de la Columbia Británica habían estudiado con Hofmann y Winnipeg se había visto sacudido por la afluencia demaestros de Iowa. Alberta, en fin, alumbra a Roloff Beny (nacido en 1924), que, como Pellan y Jean-Paul Riopelle (nacido en 1923) de Quebec, ha conocido el triunfo en Europa.
Los artistas aborígenes, indios y esquimales, apenas han ejercido influencia directa. Emily Carr (1871-1945) de Victoria, pintó los bosques de la costa occidental con una visión profunda. Jack Shadbolt (nacido en 1909), de Vancouver, se sirve de temas primitivos para sus pinturas abstractas. Art Price, escultor de Ottawa, incorpora a su obra las figuras indias y talla pilares totémicos, que más que copias son creaciones basadas en leyendas auténticas.
El arte indio de la costa occidental se basa esencialmente en la madera, si bien son muy apreciadas sus pequeñas esculturas de argilita. Al no disponer de árboles, los esquimales se expresaron en piedra. Mientras que el arte indio es formalista y ritualista, el esquimal resulta naturalista y personal (v. Ártico, Arte). Las obras son pequeñas, pero a menudo de concepción monumental y tan grandes por sus calidades formales como por su fidelidad a la vida. El arte esquimal, coleccionado a mediados del siglo XX por el artista James Houston para la Corporación de Artesanía Canadiense, despertó inmediata admiración.
Entre los escultores del siglo XX, portadores de nuevas ideas artísticas, figuran E. B. Cox (nacido en 1914); el tallista en piedra Stanley Lewis, que trabajó en México; Anne Kahane, de gran originalidad tanto en madera como en metal; y Louis Archambault (nacido en 1915), creador de figuras simbólicas extraídas de una mitología personal que pretende dar la medida de la grandeza del Canadá.
Archambault es también conocido como ceramista, particularmente por sus máscaras. Hoy florece en Canadá el arte de la alfarería, del baldosín artístico, la escultura de arcilla y la artesanía del esmalte y el cobre. En especial, la cerámica ha adquirido inmensa vitalidad y originalidad no escasa. Por su parte, la arquitectura se halla abierta a todas las tendencias contemporáneas. Cabe decir por último que, bajo el estímulo y orientación del Canadian Industrial Design Council, se ha elevado notablemente el gusto de fabricantes y usuarios de muebles y utensilios cotidianos.
Para más información ver: Canadá.
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