Cualquiera que sea la interpretación correcta, el latido automático del corazón parece depender de la presencia en la sangre, o en la solución usada para perfundirlo después de extraído del cuerpo, de ciertos iones metálicos en proporciones definidas. La solución de Ringer, en la que el corazón continúa latiendo, se compone de cloruro sódico y pequeñas cantidades de potasio y calcio, en las mismas proporciones en que se encuentran en la sangre. Si se omite alguno de estos tres iones en la solución o si se añade alguno de ellos en proporción mayor, el corazón pronto dejará de latir. Véase Carrel, Alexis.
Hoy día sabemos que en la contracción cardiaca intervienen también otros factores, ya que se ha podido aislar una macromolécula proteica contráctil, compuesta de actomiosina. Esta proteina, en presencia de glucógeno y potasio, ácido láctico, ácidos creatino-fosfórico y adenosintrifosfórico, así como de un fermento llamado adenosintrifosfatasa, desencadena la contracción.
Para más información ver: corazón.
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