Eran opuestos a los agramonteses o partidarios del padre del príncipe, el rey Don Juan II de Aragón; ambas familias rivales, descendían de Felipe III de Evreux, rey de Navarra.
Ya en 1438 habían empezado las disidencias entre los dos partidos, pero la lucha civil comenzó en 1451 al nombrar Don Juan heredero del trono a su hijo Don Fernando, nacido de su segunda mujer Doña Juana Enríquez, y desheredar a Don Carlos, príncipe de Viana.
Los partidarios de éste se alzaron en armas, pero fueron vencidos en la batalla de Aibar, en la que Don Carlos fue hecho prisionero. Recobró éste la libertad por la Concordia de Zaragoza de 1453, pero el encono de los dos partidos hizo inútil este arreglo, lo mismo que otros posteriores.
Tanto beamonteses como agramonteses influyeron durante largo tiempo en los destinos de Aragón y Navarra.
Los beamonteses y agramonteses se vieron envueltos en una serie de conflictos y enfrentamientos armados que marcaron la historia de Navarra y Aragón. Sus disputas políticas y territoriales dejaron una huella profunda en estas regiones, afectando el curso de los acontecimientos durante varios años.
La influencia de estos dos grupos no solo se limitó a su participación en conflictos militares, sino que también se manifestó en su papel en la corte y en la toma de decisiones políticas. Sus disputas internas generaron un clima de inestabilidad que dificultó el desarrollo y la estabilidad de la región.
Los beamonteses, alineados con el príncipe de Viana, representaban una facción con intereses particulares y una agenda política específica, buscando consolidar su posición en la región y obtener el control del trono. Sus intrigas y maniobras políticas influenciaron en gran medida el devenir de los acontecimientos en ese periodo.
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