Cuenta la tradición que, al levantar los turcos su infructuoso sitio de Viena (1683), dejaron en pos de sí numerosos sacos de este aromático producto, que sirvieron a Franz Kolschitzky para abrir el primer café vienés.
En Francia el primer establecimiento de esta clase fue inaugurado en Marsella (1654); en 1689 se abría el primero de París, el «Café de Procopio». En el siglo xviii, los cafés franceses fueron no sólo puntos de tertulia literaria, sino también centros de agitación que prepararon el camino a la Revolución Francesa: el «Caveau», «Corazza», «Valois» y «Lamblin», por ejemplo, a los que acudían, respectivamente, los girondinos, jacobinos, realistas y bonapartistas.
En la España política y literaria el café ejerció considerable influencia en algunos escritores costumbristas, como Mesonero Romanos, y, posteriormente, en otros de la llamada generación del 98. Uno de los primeros cafés de Madrid, fue la «antigua botillería de Pombo», en la calle de Carretas, muy frecuentado por conocidos escritores.
Hoy el café, símbolo de una existencia más plácida y estática, ha sido remplazado casi completamente por el restaurante y la moderna cafetería, al estilo del bar americano, que se avienen mejor a los gustos y necesidades de nuestra dinámica vida moderna.
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