Este periodo, que también se llama neobabilónico para significar con ello el retomo al poder de los caldeo-babilonios después de la caída de los asirios, se caracteriza por su esplendor y magnificencia.
El rey Nabucodonosor (604-562 a. de J.C.) mandó construir varios suntuosos palacios y templos, recubiertos de ladrillos esmaltados.
Bajo su remado se construyeron también los famosos Jardines Colgantes y una avenida desde la Puerta de Ishtar al templo de Mardak, bordeada de muros que no admiten parangón en el mundo antiguo por el esplendor de sus decoraciones.
La conquista de Babilonia en el año 539 por Ciro el Grande de Persia acabó con la independencia artística y política de los caldeos.
El Arte de los Caldeos se distingue por su habilidad en la escultura, la cerámica y la orfebrería.
Las esculturas caldeas solían representar a dioses, reyes y figuras mitológicas, destacando por su realismo y detalle en las expresiones faciales.
En cuanto a la cerámica, los caldeos eran expertos en la elaboración de vasijas decoradas con motivos geométricos y figuras humanas. En la orfebrería, se destacaban por la elaboración de joyas y objetos de metal preciosamente trabajados.
La influencia del Arte de los Caldeos se extendió más allá de sus fronteras, llegando a influir en las culturas vecinas como la asiria y la persa.
Su legado artístico perdura hasta nuestros días, siendo una fuente de inspiración para artistas y arqueólogos que estudian esta fascinante civilización mesopotámica.
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