La catedral alberga muchos monumentos interesantes, como el féretro de Stephen Langton y los sepulcros de Eduardo el Príncipe Negro, Enrique IV y el cardenal Reginald Pole, último arzobispo católico. A su socaire se alzan grandes edificios monásticos, dañados o destruidos en parte por la aviación alemana durante la II Guerra Mundial.
Otros lugares interesantes son las ruinas de la muralla y puertas de la ciudad antigua; el Instituto Beaney, que aloja el museo y la biblioteca municipales y colecciones de arte; el ayuntamiento; la iglesia de San Martín, que data en parte del siglo iv; el hospital de Santo Tomás y numerosos edificios medievales. Parece ser que a la población levantada aquí por los romanos precedió otro asentamiento. En el 597 San Agustín fundó un priorato y una abadía en Canterbury, donde estableció también su sede al ser nombrado arzobispo. Tomada varias veces por los daneses (siglos ix-xi), fue un gran centro de peregrinación durante las postrimerías de la Edad Media y en ella hizo penitencia por el asesinato de Santo Tomás, Enrique II. Reinando Isabel I, los valones introdujeron la tejeduría de la sede en Canterbury, a la que afluyeron también los hugonotes franceses a raíz de la revocación del Edicto de Nantes (1685). Mercado agrícola, tiene fábricas de productos alimenticios, curtidos y materiales de construcción.
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