Sentó a un merovingio en el trono de Austrasia, pero, en su calidad de mayordomo de palacio, fue él mismo el verdadero gobernante del reino. Sus victoriosas campañas contra sus vecinos hicieron de él el noble más poderoso de Europa.
Aumentó el poder sobre sus vasallos otorgándoles tierras en «precarium» o beneficio.
Al invadir Francia los sarracenos en el 720, utilizó a los aquitanos para frenar a los atacantes mientras reunía un poderoso ejército, con el que los derrotó en la decisiva batalla de Tours (732). Este gran triunfo le valió ser aclamado el salvador de la Cristiandad.
Aun cuando no acudió en ayuda del Papa contra la amenaza lombarda, mantuvo cordiales relaciones con Roma. En los siguientes años completó sus éxitos: tomó al asalto Aviñón (737) y en campañas sucesivas conquistó Arlés y Marsella.
Fue fundador de la dinastía carolingia. Véase Carlomagno; Carolingios; Feudalismo.
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