Alfred Adler, el psiquiatra vienés, fue el primero en acentuar la importancia del complejo de inferioridad (v. Adler, Alfred; Complejo de inferioridad). Este complejo puede tener su origen en una incapacidad real o imaginaria, física o intelectual, o en la existencia previa de unas relaciones anormales entre el niño y sus padres que hayan dado lugar al desarrollo de unos sentimientos de repulsión o de inseguridad. Un individuo puede ignorar por completo que es portador de tales sentimientos; y a pesar de ello, éstos pueden inducirle a evitar situaciones y responsabilidades que exijan valor y confianza en sí mismo. Cuando, para compensar los sentimientos de inferioridad, se emplea la jactancia o la conducta agresiva, se habla, por lo general, de complejo de superioridad; sin embargo, este tipo de comportamiento se considera más bien como una manifestación del complejo de inferioridad que como un complejo distinto.
La psicología freudiana comprende gran número de complejos, como el de Edipo, que se caracteriza por la persistencia en el individuo de un apego infantil hacia el progenitor del sexo opuesto junto con un antagonismo hacia el del propio (v. Edipo, Complejo de). Se ha descrito también el amor exagerado de la niña hacia el padre con el nombre de complejo de Electra (v. Electra, Complejo de). Véase Compensación; Psicología analítica; Psicología individual; Psicoanálisis.
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