1
Incluso en las escrituras hebreas no se considera el cielo como última morada de los buenos. Se sitúa en la región atmosférica, en el firmamento, en que se mueven el Sol, la Luna y las estrellas; es el lugar alto y santo donde Dios mora; se trata, sin embargo, de una zona determinada del mundo incapaz de contener a Dios y que con toda su aparente perdurabilidad dará luego paso a algo mejor. Los pocos pasajes del Antiguo Testamento que hablan de la inmortalidad de los justos o hacen referencia a ella expresan un ansia de unión con Dios más que el deseo de un lugar de recompensa. En el Nuevo Testamento la noción de lugar va desapareciendo poco a poco, aunque no enteramente. Así, Cristo asciende a los cielos. Pero la palabra cielo es un concepto cada vez más espiritualizado. El cielo se convierte en un estado supraterreno de aspiraciones conseguidas, vidas transfiguradas y la abundante recompensa de la visión de Dios, que es cifra y centro de la felicidad. Esa visión, en. el Cristianismo, se supone que entraña la posesión espiritual de Dios, a la que el «cara a cara» de San Pablo parece referirse. La felicidad del cielo difiere en grado de acuerdo con los méritos de cada criatura; la visión de Dios, por tanto, varía en intensidad para cada uno de los bienaventurados.
Para más información ver: cielo (religión).
Para más información ver: cielo (religión).
Enviar comentario o duda sobre «concepto bíblico de Cielo»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.