La conservación de los productos del cerdo da lugar a una industria mucho más importante, ya que sólo un 10 % aproximado de la carne porcina se consume fresco. Las tajadas tiernas del cerdo se destinan a la elaboración de embutidos para su consumo en fresco (salchichas) o curado (chorizo). Las primeras han de cocinarse por el industrial o el consumidor antes de comerse. Son famosas las variedades «frankfurt» y «bologna», que se presentan ahumadas, a diferencia de las otras variedades, que se ofrecen frescas.
La salchicha doméstica se fabrica a base de carne de vaca de primera y recortes o guarnición de cerdo. Estas carnes se trituran o pican en máquinas apropiadas, se sazonan y condimentan según las exigencias o recetas de cada marca y se embuten por aire comprimido en tripas especialmente preparadas, a menos que se destinen a la venta a granel. En algunas variedades las carnes se curan durante dos o tres días después de picadas. Las salchichas «frankfurt» y «bologna» se ahúman y curan siempre por el fabricante. El embutido curado contiene poca humedad y es duro al tacto.
Las partes del cerdo destinadas al ahumado (pemiles, jamones, etc.) se ponen primeramente en salmuera por espacio de seis a ocho semanas y luego en agua para disolver la sal acumulada en las capas superficiales. Tras ello pueden pasar a la cámara de ahumado para permanecer en ella durante 24 horas o más, al cabo de las cuales quedan listas para el marcado de fábrica. Finalmente se envuelven en tela, que se cose, y se almacenan. Las partes que hayan de curarse mediante salazón en seco se llevarán a las salas de salazón, donde se disponen en capas superpuestas que se espolvorean con sal. Así permanecen durante dos o más meses, en cuyo tiempo se examinan y vuelven a salar a distintos intervalos.
Para más información ver: carne, industria de la.
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