La corrosión es un proceso electroquímico de oxidación de los metales.
Muchos de los metales más útiles sufren una lenta transformación química al contacto del aire, agua, ácidos o soluciones salinas, cuya primera consecuencia es la formación de un recubrimiento que empaña el brillo natural de su superficie, y que al romperse permite que la acción corrosiva profundice en la masa del metal hasta su completa destrucción.
La corrosión acorta la vida útil de los metales y causa pérdidas de miles de millones de pesetas cada año.
La herrumbre del hierro es un ejemplo de corrosión muy conocido; la superficie, tras perder su brillo, toma un aspecto picado o carcomido, o se cubre de costras de hierro combinado químicamente, es decir, de óxido de hierro, orín o herrumbre (v.
Rubín,
Orín).
La corrosión se traduce además en una continua disminución de la resistencia mecánica. Aunque la velocidad del proceso depende mucho de las condiciones del ambiente, la oxidación del hierro o del acero es apreciable en un tiempo relativamente corto. Se calcula que aproximadamente una sexta parte de la producción de hierro se emplea en reponer el inutilizado por la corrosión. Véase
Anticorrosivos.
Causas de la corrosión
La corrosión de los metales es originada principalmente por la acción combinada del oxígeno, agua y anhídrido carbónico, ninguno de los cuales por sí solo es capaz de atacar al hierro. El aire seco o el agua pura no actúan sobre el hierro; el agua que lleva anhídrido carbónico disuelto ataca rápidamente al hierro o al plomo.
También originan corrosiones los gases como el hidrógeno sulfurado o el anhídrido sulfuroso que a veces se encuentran en el aire. El oxígeno del aire no ataca a la plata ni en caliente; su ennegrecimiento se debe a los compuestos de azufre existentes en el aire o en los alimentos, que producen sulfuro de plata negro.
En general, un metal puro resiste mejor que cuando contiene impurezas. El hierro forjado, calidad comercial de hierro muy pura, se corroe más difícilmente que el hierro ordinario o el acero. Cuando dos metales diferentes están en contacto, uno de ellos suele oxidarse rápidamente.
El hierro con baño de estaño, metal menos activo, se corroe pronto si, por soluciones de continuidad del recubrimiento, queda expuesto a la acción del aire. De ordinario, la corrosión se acelera cuando la superficie del metal es áspera, cuando está sometido a tensiones, si se dobla o retuerce por ejemplo, o bajo la acción de corrientes eléctricas vagabundas.
La presencia de impurezas disueltas se traduce con frecuencia en la formación de ácidos libres y el agua se hace fuertemente corrosiva; tal es el caso del cloruro o sulfato magnésicos que muchas veces contienen las aguas naturales.
La corrosión de los metales por el aire suele explicarse electroquímicamente. Los metales activos, como el hierro, tienden a producir iones al contacto con el agua (v.
Ion).
En presencia de una sustancia capaz de reaccionar con dichos iones, sobreviene la corrosión y se establece una diferencia de potencial entre el hierro puro y otras partes del metal. La capa de óxido formada inicialmente no sirve de protección porque es porosa y retiene el agua necesaria para que la corrosión continúe.
Aunque la corrosión es de ordinario un proceso destructivo indeseable, en algunas ocasiones resulta útil como en la preparación del carbonato básico de plomo, blanco de plomo o cerusa, empleado en pinturas.
Protección espontánea de los metales
El recubrimiento superficial que se forma en la corrosión de algunos metales los protege a veces muy eficazmente.
El
aluminio, metal muy activo en estado puro, parece inmune a la corrosión porque se oxida rápidamente al aire, cubriéndose de una película transparente y continua de óxido, de una diezmillonésima de milímetro de espesor. De manera análoga se comportan el
cinc y el
cromo.
El plomo puro al contacto del aire pierde su brillo y forma un recubrimiento muy protector. Lo mismo hacen el cobre, latón y bronce, que al aire húmedo se cubren con una capa protectora de carbonato básico (pátina) de color verde claro. Al cloruro formado inicialmente en la superficie se debe la resistencia de la plata al ataque por el cloro.
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