Recibe su nombre porque en el sistema de rocas predominan las cretas (gredas), que constituyen espesas formaciones, como las famosas «rocas blancas» de Dover.
Está dividido en dos series: Eocretácico (con los pisos Neocomiense, Barremiense, Aptiense y Albiense) y Neocretácico (pisos Cenomaniense, Turoniense, Senoniense y Daniense).
Durante el periodo los mares alcanzaron una extensión no conocida hasta entonces. Las aguas invadieron el continente nordatlántico y lo dejaron reducido a los actuales límites de Norteamérica y Groenlandia; también avanzaron sobre Gondwana y separaron Sudamérica de África, con lo que quedó formado el actual Océano Atlántico.
También quedaron anegadas extensas zonas al sur del Amazonas, las mesetas africanas y el oeste norteamericano, y Australia quedó totalmente aislada.
Los movimientos orogénicos, muy intensos en América, donde formaron las Rocosas, apenas se hicieron sentir en Europa; el lento hundimiento de las áreas continentales (transgresión cretácica), iniciado con el periodo, culminó en el Cenomaniense, en cuya edad Europa desapareció casi totalmente bajo las aguas.
En el Eocretácico predominaron las rocas detríticas, como arcillas y margas; con el tiempo aumenta la finura de grano de los depósitos que en el Supracretácico presentan notable predominio de la creta. Es ésta una calcita constituida por restos foraminíferos que aflora por todo el mundo: sur de Inglaterra, Pirineos, Europa central, Kansas, Nebraska, Texas, países hispanoamericanos, Brasil y Antillas.
En fin, las abundantes erupciones volcánicas crearon grandes corrientes basálticas, que tienen su mejor exponente en la Meseta del Decán y que en España están representadas por las coladas andesíticas vascas.
El clima fue tropical en Europa central y meridional; su templanza permitió a árboles como las palmas e higueras alcanzar Groenlandia.
La acumulación y descomposición de esta materia vegetal creó grandes cuencas hulleras y enormes depósitos petrolíferos, especialmente en el Nuevo Mundo.
En los mares pulularon numerosas y variadas formas de vida. Destacan entre ellas los moluscos, cefalópodos y peces de largos y afilados dientes
Es éste el periodo en que más abundaron los reptiles: los dinosaurios carnívoros y herbívoros, entre los que figuraban especies con pico de ánade, cuernos y coraza (v. Dinosaurio), convivieron con las aves y reptiles aéreos.
El impulso que experimentaron las plantas fanerógamas coincidió con el desarrollo de grupos de insectos, que, a su vez, alimentaron a los mamíferos, reptiles y pájaros de pequeño tamaño.
A fines del periodo las formaciones tropicales retrocedieron frente a los bosques de maderas duras y los climas húmedos y cálidos fueron reemplazados por los estacionales.
Muchas de las criaturas que se habían especializado notablemente durante el periodo no pudieron adaptarse al nuevo medio ambiente y fueron suplantadas gradualmente por animales de sangre caliente, más pequeños y menos especializados.
El final del Periodo terciario señala la aurora de la Era cenozoica (v. Cenozoico), que muchos autores consideran abarca hasta los tiempos actuales.
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