1Pequeños cubos marcados en sus caras con puntos negros en número de uno a seis. El empleo de los dados era conocido en las edades más remotas; se citan en los Rig Veda y en la Ilíada. Herodoto menciona los dados entre los juegos de los lidios y Pausanias atribuye dos veces la invención de los dados a Palamedes, rival de Ulises en el sitio de Troya. Se han encontrado dados exactamente iguales a los de la actualidad en las antiguas tumbas egipcias y en las de la civilización greco-latina más recientes. Estos dados consistían, como ahora, en pequeños cubos, en cada una de cuyas seis caras aparecen marcado un número, de tal manera que los de lados opuestos sumasen siete; así, si el 6 era la cifra superior, la inferior era el 1; el 5 era antípoda del 2 y el 4 del 3.
Los dados griegos y romanos parecen haber sido una evolución de las tabas, con las que se realizaban diversos juegos. Con el tiempo las tabas se numeraron en sus caras, pero como su forma sólo permitía que cayeran sobre cuatro lados, éstos se numeraron (1, 6, 3, y 4). Después se adoptaron los dados de seis números. Les griegos empleaban generalmente tres dados; la mejor tirada, que recibía su nombre de Venus, eran tres seises; la peor (la «tirada del vino»), tres ases. Los romanos lanzaban cuatro dados; su mejor tirada era 1, 3, 4, 6; la peor (el perro), cuatro ases. Un juego tan fácil, tan azaroso y por tanto tan excitante ha estado tan en boga en distintas épocas que ha constituido un peligro para la moral pública. Tácito cuenta que los antiguos germanos eran tan apasionados por el juego que, después de perder todas sus propiedades, eran capaces de jugarse su libertad y convertirse en esclavos si perdían. El juego de dados era también principal diversión entre los lansquenetes, soldados mercenarios alemanes de los siglos xv al xvii. En el siglo xiii, San Luis, rey de Francia, publicó edictos contra este juego de azar. En nuestros días los juegos de dados han pasado un poco de moda y raramente se usan, salvo como elementos accesorios de otros juegos como en el «parchís».
En la mayor parte de los juegos los dados se colocan en un recipiente cilíndrico con un extremo abierto, se agitan y se lanzan sobre la mesa. El total de la tirada es la suma de las caras superiores. Se trata, por tanto, de un puro juego de azar, si bien ello no quiere decir que el novato pueda equipararse en esto al jugador experimentado. Por ejemplo, suponiendo que se empleen dos dados, las combinaciones posibles son 36.
Los totales varían de 2 a 12, pero los distintos valores de su suma se repiten como sigue: dos puntos se obtienen una sola vez (1-1); tres puntos dos veces (1-2, 2-1); 4:3; 5:4; 7:6; 8:5; 9:4; 10-3; 11:2; 12-1. Por tanto, es mucho más probable que se obtengan los números 7, 6 u 8 que el 12 o 2. Estos hechos son mejor conocidos por el veterano que por el principiante.
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