Marruecos, El expreso de Shanghai, La venus rubia, Fatalidad son películas hechas a medida del fatalismo y atractivo sexual de la intérprete. Al separarse de Sternberg y derrumbarse la armazón propagandística, Marlene hubo de recurrir a sus propios medios: un excelente conocimiento del oficio y una arrolladora personalidad le permitieron salvar con éxito películas tan afectadas como El jardín de Alá y continuar desempeñando papeles estelares (Testigo de cargo, En las rayas de la mano, Encubridora y Berlín oeste).
Murió en el ostracismo en París en el año 1992.
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