Las grasas alimenticias pueden proceder de fuentes animales o vegetales. Contra lo que pudiera suponerse, no existe ninguna prueba de que las animales sean más nutritivas que las vegetales. Los ácidos grasos que el cuerpo necesita se encuentran abundantemente distribuidos tanto en la manteca animal como en los aceites vegetales, particularmente en los de oliva, glicina, semilla de algodón y cacahuete. Ciertas grasas animales, especialmente la mantequilla y la grasa de hígado son ricas en vitamina A. Como esta vitamina se encuentra también en otros muchos alimentos, principalmente en las verduras y zanahorias, las grasas animales portadoras de ella no son absolutamente esenciales. En general se estima que el adulto que realice un ejercicio moderado debe recibir un mínimo de un 20 a un 25 % del total de calorías en forma de grasa; los niños y adultos entregados a trabajos físicos fuertes de un 30 a un 35 %. Una vez determinadas las cantidades imprescindibles de proteínas y grasas en cualquier dieta de acuerdo con los principios descritos anteriormente, el contenido de hidratos de carbono se convierte en un sencillo problema de eliminación matemática: si las proteínas han de constituir del 10 al 20 % del total de calorías y las grasas de un 20 a un 35, los hidratos aportarán del 45 al 70 % restante.
Para más información ver: dieta.
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