Marcan el tránsito del románico al gótico las catedrales Vieja de Salamanca (siglo xii), de bellísima bóveda cupuliforme, la de Ciudad Rodrigo (siglo xii), monumento nacional, de planta románica y crucería cupuliforme, la de Tarragona (siglo xii), una de las más hermosas de España, cuya superposición de estilos permite realizar un estudio que comprende desde el románico al renacentista, y las de Sigüenza (siglo xii), Tudela (siglo xiii) y Lérida (siglos xiii-xiv) .
La maravillosa catedral de León (siglo xiii), «milagro del arte», iniciada por el obispo Manrique de Lara, posee tres naves, siete capillas poligonales, dobles arbotantes y un hermoso pórtico similar a los de Chartres. Joya de las catedrales españolas, forma con Toledo y Burgos el grupo del gótico más puro. Son notables las vidrieras que la adornan. La de Burgos, famosa por su tamaño y belleza, fue empezada en tiempos de Fernando III el Santo (1221). Posee tres naves, una nave alargada de crucero y bóvedas sencillas. Su cimborrio y elevadas flechas de la fachada occidental, de impar belleza, son un alarde de espiritualidad y armonía. El gótico catalán tiene su mejor exponente en la catedral de Gerona (siglo xiv) con la particularidad de contar con una sola nave, la mayor de Europa por su anchura (43 m). La de Sevilla, la mayor de España, posee cinco naves; su torre es un alminar árabe, la Giralda, del siglo xii, restaurado en el xvi. La de Toledo (1227), construida por Pedro Pérez, posee cinco naves con doble girola y es una de las más perfectas realizaciones del gótico, aunque tiene muestras de estilos posteriores, incluso del barroco. La de Barcelona (siglo xiv), del arquitecto Font y Carreras, tiene tres naves; en ella la fórmula gótica del N de Francia sufrió modificaciones importantes. Góticas son también las de Tarazona (1235), Pamplona (1397), Oviedo (1388), San Salvador de Ávila, la Nueva de Salamanca (1509), la de Ciudad Real (gótico decadente, siglo xiv), las de Palencia, Segovia, Astorga y la bilbaína del Señor Santiago.
La de Granada (siglo xvi), construida por Diego de Siloé, aún conserva la planta gótica, pero el Renacimiento apunta en sus pilares y luce como joya plateresca la Puerta del Perdón. Renacentistas son también las de Jaén y Málaga; la fachada de la de Valladolid (siglo xvi) pertenece al sobrio estilo herreriano. En fin, al barroco y neoclásico pertenecen la catedral de San Isidro (Madrid), la de Cádiz, la nueva de Lérida, la de Vich y el templo del Pilar de Zaragoza, iniciada en 1681.
Mención especial merece la catedral de Córdoba, antigua mezquita construida por Abderramán I sobre el solar del templo visigótico de San Vicente y ampliada por sus sucesores para dar cabida a la infinidad de peregrinos que a ella acudían. Consagrada en 1236 como templo cristiano, es un rectángulo de 175 por 130 m, adornado por 860 columnas que rematan en los clásicos arcos de herradura. El templo cristiano, de arquitectura renacentista, se alza en el centro de la mezquita.
Las catedrales proyectadas en nuestro tiempo (Nueva de Vitoria y Almudena de Madrid) tienden a continuar la tradición; sus mayores variantes radican en las diferencias estilísticas más que en las generalidades estructurales.
Para más información ver: catedral.
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