El Gobierno en la segunda mitad del siglo vi de los tiranos Pisístrato y sus hijos, aumentó la riqueza y el poderío de la ciudad y debilitó considerablemente la posición de la nobleza. Después de la «liberación» de la ciudad, Clístenes asentó los principios de la democracia ateniense.
Fue la Atenas democrática la que se enfrentó —derrotándole— con Darío el Grande, rey de Persia, en la batalla de Maratón y en el combate naval de Salamina (490 y 480 a. de J.C.). El papel desempeñado por Átenas a las órdenes de Milcíades y Te-místocles en la lucha contra los persas le abrió camino para erigirse en jefe de todos los estados griegos. De este modo la ciudad creció en poder y en importancia y llegó a su apogeo en la segunda mitad del siglo v bajo el mando de Pericles. La coalición de las ciudades griegas vino a ser como un imperio ateniense, en el que Atenas se comprometía a defender a los otros estados y les cobraba tributos. Fue en esta época cuando el desarrollo de la cultura ateniense llegó a su punto máximo con la construcción de los monumentos arquitectónicos y escultóricos de la Acrópolis, las obras de los grandes trágicos, los progresos realizados en los campos científicos y filosófico, que culminaron en el siglo siguiente con Platón y Áristóteles, y las obras históricas de Herodoto y Tucídides.
El poderío político y la riqueza de Atenas desembocaron en la guerra y rebelión de las otras ciudades, que la envidiaban y. temían. En la Guerra del Pelopo-neso (432-404 a. de J.C.), en que tomaron parte la mayoría de las ciudades del mundo griego, Atenas perdió su hegemonía política en favor de Esparta, aunque conservó la dirección cultural y sus instituciones democráticas. Impulsada por Demóstenes, hizo una última e infructuosa tentativa contra el creciente poder de Macedonia. Los sucesores de Alejandro Magno y después los romanos gobernaron Atenas con el máximo respeto a su herencia cultural y a su continua contribución a la cultura. Aun dominada, siguió Atenas siendo principal centro del saber en el mundo antiguo.
Los bárbaros irrumpieron en la ciudad a mediados del siglo m de la Era cristiana y Alarico la sometió en el año 395. Constantino trasladó algunos de sus monumentos a su nueva capital, Constantinopla, a principios del siglo iv y Justiniano cerró sus universidades y escuelas en el año 529. Durante los siglos de dominación bizantina, Atenas fue una ciudad de provincia y la sede de un obispo metropolitano. Al caer Constantinopla y el Imperio Bizantino en poder de los Cruzados el año 1204, se estableció en Atenas un ducado «franco» que durante más de medio siglo fue gobernado sucesivamente por franceses y catalanes. De 1312 a 1385 el ducado estuvo sometido a los reyes aragoneses de Sicilia que nombraban virreyes. De 1386 a 1456, en que cayó en poder de los turcos, fue gobernada por una familia florentina.
Aunque Atenas careció de importancia durante la dominación occidental, gozó sin embargo de cierta prosperidad; bajo el Imperio Turco quedó reducida a una población de 5000 h. Al pasar a poder de Grecia a principios del siglo xix, el Gobierno de este país instaló en ella su capital, en 1835, con lo que resurgió la ciudad. Comercial e industrialmente, Atenas y el Píreo se convirtieron en uno de los más importantes centros del Mediterráneo. El intercambio de población hecho con Turquía al terminar la I Guerra Mundial aumentó considerablemente la población de Atenas con griegos procedentes del Asia Menor.
Durante la II Guerra Mundial, Atenas estuvo en poder del Eje y después fue escenario de motines y luchas callejeras que revelaban el conflicto interno de la nación. Aunque todo este belicismo afectó seriamente al sector industrial, los antiguos monumentos fueron respetados. Véase Grecia, Historia.
Para más información ver: atenas.
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