El mariscal de Francia Maurice Saxe prefería la antigua bayoneta de clavija porque impedía hacer fuego en la lucha cuerpo a cuerpo. Por la misma razón el general de división Anthony Wayne ordenó, durante la Guerra de Secesión, que los ataques a la bayoneta se hicieran con los mosquetones descargados. Pero tales ataques, nunca frecuentes, se redujeron a medida que se perfeccionaron los fusiles y sus aparatos de puntería, de los que el mariscal Saxe se declaró partidario al ver la escasa eficacia de las descargas en salva. Ya en la Guerra de Secesión norteamericana, los soldados emplearon las bayonetas más para asar la carne que para luchar, aunque el general de división George B. McClellan, en su Manual del manejo de la bayoneta, adoptado como libro práctico en 1852, dictara valiosas instrucciones para el empleo del arma.
En la I Guerra Mundial, si bien se prestó atención a su instrucción, pocas veces llegó a emplearse. En la II Guerra Mundial tuvieron aplicación los machetes para la lucha en la selva, pero la bayoneta, aunque reglamentaria, fue poco práctica, incluso en la lucha cuerpo a cuerpo.
Para más información ver: bayoneta.
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