La aplicación de la cerámica a la arquitectura se produce tardíamente, si se exceptúan los fustes vidriados en amarillo y verde de las arquerías del Cristo de la Luz (Toledo). Luego alcanzará inusitado esplendor, especialmente en forma de azulejos de relieve oriental (Alhambra) o bien lisos en azul y oro. También aparece el alicatado o incrustación de piezas partidas en los muros formando dibujos geométricos (Alhambra, Alcázar de Sevilla). Aragón usa la policromía glaseada morisca (fachada lateral de la Seo, Zaragoza, 1379). Las manufacturas de Paterna y Teruel siguen también la tradición andaluza, con sus verdes y negros sobre fondo blanco. Alcanza gran difusión la vajilla decorada a «cuerda seca»: trazos negros sobre el barro, con intercalación de otros colores. La técnica es siempre moruna, pero no la decoración, en que aparecen aves y mamíferos. En este arte se distingue sobre todo Manises. Tanta fama alcanza esta cerámica que franceses e italianos quieren imitarla e incluso se llevan artífices moros. En el siglo xiv se fabrican en Manises azulejos como los de Elvira. Pero no tardan en llegar los temas góticos de decorado: escudos, armas y animales en azul y oro; y después los renacentistas: escenas religiosas en blanco, crema, azul y dorado. Son notables en este último periodo las manufacturas de Toledo (siglo xv), Murcia (siglo xvi) y Calatayud (siglo xvi). Sevilla y Córdoba siguen fieles a la tradición morisco-oriental hasta el siglo xv.
Particularmente interesante es la cerámica de Talavera (Toledo), de antiguo abolengo, ya que se sabe que en 1222 recibió la ciudad el privilegio real de San Fernando para fabricar azulejos y ladrillos. Tras largos siglos de influencia morisca (relieves y encintados mudejares) adopta, en el siglo xv, los modos italianos de la pintura tersa, generalmente sobre los temas religiosos renacentistas. Practicaba el decorado sobre esmaltes crudos y el policromado en piezas ornamentales de sabor italiano (zócalos del Palacio del Infantado, Guadalajara). No fue, sin embargo, demasiado pródiga en trabajos escultóricos. Llegó a tener tal pujanza esta industria que en 1720 contaba Talavera con ocho hornos y 400 artífices. La decadencia se produjo muy poco después, ya que en 1730 el número de hornos se había reducido a la mitad. En la misma provincia funcionaron las manufacturas de Puente del Arzobispo y Menasalbas.
Cerremos este breve reseña con una mención especial a la gran fábrica que en Alcora (Castellón) fundara el Conde de Aranda (1727) con artífices italianos, franceses y holandeses. De ella salió, tras una primera producción de bella loza ornamental, la primera porcelana de España (1751), luego imitada por las manufacturas del Buen Retiro y la Moncloa. Obreros disidentes de Alcora abrieron talleres en algunos pueblos vecinos, entre ellos Ribes-Albes.
Para más información ver: cerámica.
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