En Lessing, Alemania produjo el primer escritor de estatura europea y la más poderosa voz de la conciencia de la clase media. Dotado de gran personalidad y espíritu independiente, cultivado en el estudio de Shakespeare, Calderón y Lope, se enfrenta con las corrientes neoclásicas francesas (La Dramaturgia Hamburguesa) y combate las tres unidades. Su Laocoonte es la piedra angular del criticismo en el arte. Aunque su originalidad brilla particularmente en la crítica, cultiva el drama con acierto, y éste le coloca entre los fundadores del teatro nacional. Su Natan el Sabio es uno de los dramas más profundos que se hayan escrito sobre la tolerancia religiosa y social.
En Schiller, Alemania encontró su voz más alta y poética en pro de la libertad espiritual y social y su escritor más influyente en la esfera estética. Gomo poeta lírico lega a la humanidad esa joya única que es el poema La Campana, que encuentra en castellano su más idóneo traductor en Hartzenbusch. Si Lessing puede decirse que prepara el camino del teatro nacional, Schiller lo recorre gloriosamente. Su obra teatral es como una explosión de ardorosos sentimientos, en que a veces queda ofuscada la razón. Así, si en Los Bandidos su ansia de libertad desenfrenada llama la atención de las autoridades, en el Don Carlos espesa deliberadamente las tinieblas de la leyenda negra y hace dé Felipe II símbolo de todas las tiranías y crueldades para darse el gusto de luchar contra las sombras. Más equilibrado es su Guillermo Tell, obra en que su sed de libertad y justicia encuentra un motivo legendario en que saciarse, sin necesidad de torcer la verdad histórica.
En Goethe, en fin, Alemania se enorgullece de su hombre de letras más universal. Dueño de gran erudición en las ciencias y las letras, simboliza el espíritu independiente de la cultura de su patria, que se manifiesta, ante todo, a través de individualidades vigorosas como la suya. Es inútil tratar de encasillarle en escuela o corriente determinada. En su obra, multiforme como su ingenio, hay una curiosa simbiosis de clasicismo y romanticismo que la hace única. Al idealismo y subjetivismo característicos de la literatura vernácula une la ponderación para conseguir la fórmula genial y equilibrada de dos mundos antagónicos. De su amor a lo clásico nace el drama Ifigenia en Táuride, como de su amor a lo romántico, la novela del desdichado amador Werther, de fama universal. La síntesis está en ese maravilloso poema, Fausto, en que trabajó toda su vida, verdadero drama filosófico-social que presenta simbólicamente al hombre, con sus ansias, sus ilusiones, sus desenfrenos, sus caídas, su arrepentimiento. El hombre es Fausto, que vende su alma al diablo por alcanzar los secretos de la ciencia, juventud, riquezas, placeres. La idea se encuentra en germen en muchas leyendas antiguas; nuestro Ber-ceo se hace eco de ella, la llevan al teatro Marlowe y Calderón («El mágico prodigioso»); pero hasta Goethe no alcanza plenitud y sublimidad.
Para más información ver: alemana, literatura.
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