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La transformación más importante experimentada por las casas europeas se produjo al advenir el Renacimiento.
La invención de la pólvora privó de utilidad a las murallas, que, en consecuencia, fueron derruidas. La ciudad aumentó así en extensión y los arquitectos dispusieron de más espacio.
En Italia se retornó a la morada romana antigua, como lo demuestran las casas renacentistas de Florencia y otras ciudades.
El concepto imperante sobre la belleza se manifestó en la simetría, a la que se sacrificó a menudo la comodidad.
En Inglaterra, el hall de proporciones enormes, que había sido centro de la vida familiar y social de las casas medievales, se vio considerablemente reducido hasta convertirse en un vestíbulo de entrada de donde irradiaban las salas de estar. Estas últimas se construyeron también más con la vista puesta en el esplendor externo del conjunto que en la comodidad de sus moradores.
El gran incendio ocurrido en Londres (1666) y el rápido crecimiento de la clase media adinerada aumentaron el ritmo de construcción de nuevas viviendas en Inglaterra. Las moradas de estilo georgiano son enteramente simétricas hasta el punto de que incluso se cuida de la armonía en las chimeneas. Disponen de una entrada central con peldaños exteriores y un pórtico.
El Renacimiento influyó en la elegancia, tanto interior como exterior, que caracterizó a las moradas europeas de la época. Profusas decoraciones talladas se extendían por los aleros de los tejados y los frisos de columnas y pórticos de las casas urbanas y villas campestres. Los interiores rivalizaron en grandeza con sus altos vestíbulos, regias escalinatas y ricos artesonados.
El Renacimiento también tuvo un impacto significativo en la distribución interna de las viviendas. Se comenzó a dar importancia a la organización de los espacios y a la separación de las áreas públicas de las privadas. Las casas renacentistas solían contar con una planta baja destinada a las áreas de servicio, como cocinas y despensas, y una planta superior donde se encontraban las habitaciones principales.
Además, las casas renacentistas se caracterizaban por su estilo arquitectónico cuidado y detallado. Se utilizaban materiales como la piedra y el ladrillo, y se incorporaban elementos decorativos como columnas, frontones, balaustradas y cornisas. Estos detalles arquitectónicos reflejaban la riqueza y el estatus social de sus propietarios.
En cuanto a la decoración interior, se utilizaban materiales nobles y se prestaba especial atención al mobiliario y a los tapices. Las habitaciones principales solían tener techos altos decorados con frescos y se disponían de manera simétrica alrededor de un patio central. Se buscaba crear un ambiente elegante y refinado, donde se pudiera apreciar el arte y la cultura.
Para más información ver: casa.
La invención de la pólvora privó de utilidad a las murallas, que, en consecuencia, fueron derruidas. La ciudad aumentó así en extensión y los arquitectos dispusieron de más espacio.
En Italia se retornó a la morada romana antigua, como lo demuestran las casas renacentistas de Florencia y otras ciudades.
El concepto imperante sobre la belleza se manifestó en la simetría, a la que se sacrificó a menudo la comodidad.
En Inglaterra, el hall de proporciones enormes, que había sido centro de la vida familiar y social de las casas medievales, se vio considerablemente reducido hasta convertirse en un vestíbulo de entrada de donde irradiaban las salas de estar. Estas últimas se construyeron también más con la vista puesta en el esplendor externo del conjunto que en la comodidad de sus moradores.
El gran incendio ocurrido en Londres (1666) y el rápido crecimiento de la clase media adinerada aumentaron el ritmo de construcción de nuevas viviendas en Inglaterra. Las moradas de estilo georgiano son enteramente simétricas hasta el punto de que incluso se cuida de la armonía en las chimeneas. Disponen de una entrada central con peldaños exteriores y un pórtico.
El Renacimiento influyó en la elegancia, tanto interior como exterior, que caracterizó a las moradas europeas de la época. Profusas decoraciones talladas se extendían por los aleros de los tejados y los frisos de columnas y pórticos de las casas urbanas y villas campestres. Los interiores rivalizaron en grandeza con sus altos vestíbulos, regias escalinatas y ricos artesonados.
El Renacimiento también tuvo un impacto significativo en la distribución interna de las viviendas. Se comenzó a dar importancia a la organización de los espacios y a la separación de las áreas públicas de las privadas. Las casas renacentistas solían contar con una planta baja destinada a las áreas de servicio, como cocinas y despensas, y una planta superior donde se encontraban las habitaciones principales.
Además, las casas renacentistas se caracterizaban por su estilo arquitectónico cuidado y detallado. Se utilizaban materiales como la piedra y el ladrillo, y se incorporaban elementos decorativos como columnas, frontones, balaustradas y cornisas. Estos detalles arquitectónicos reflejaban la riqueza y el estatus social de sus propietarios.
En cuanto a la decoración interior, se utilizaban materiales nobles y se prestaba especial atención al mobiliario y a los tapices. Las habitaciones principales solían tener techos altos decorados con frescos y se disponían de manera simétrica alrededor de un patio central. Se buscaba crear un ambiente elegante y refinado, donde se pudiera apreciar el arte y la cultura.
Para más información ver: casa.
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