La estabilidad (homeostasis) de la acción de bomba del corazón se mantiene por reflejos especiales. Cuando es impulsada demasiada sangre al sistema arterial, la distensión de sus paredes produce una excitación en receptores estratégicamente situados en el cayado de la aorta y en el seno carotideo y el número de latidos cardiacos disminuye por vía refleja (v. Carótida; Presión sanguínea). Si el corazón impulsa un volumen menor que el habitual, la sangre tiende a acumularse y a distender las paredes de las grandes venas y de la aurícula derecha. La estimulación, en este caso, produce una aceleración refleja de las contracciones cardiacas (reflejo de Bainbridge). Por este mecanismo «gobernador» el corazón, aunque automático en su ritmicidad, se mantiene a un nivel siempre igual en su funcionamiento y la sobredistensión en el sistema arterial o en el venoso se corrige rápidamente.
En general, una presión sanguínea alta hace más lentos los latidos cardiacos y una baja los acelera. Sin embargo, en condiciones de tensión emocional y en situaciones apuradas, el simpático aumenta su influencia hasta el punto de trastornar completamente el mecanismo homeostático. En este caso están aumentadas tanto la frecuencia de las contracciones como la presión sanguínea, y la musculatura del cuerpo, carente de oxígeno, recibe una cantidad de sangre varias veces mayor que la usual.
Para más información ver: corazón.
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