La historia de la creación aparece contenida en el primer libro del Pentateuco, el Génesis, voz griega que significa «regeneración».
En realidad se dan en él dos relatos que difieren en el contenido y orden de la acción creadora. En el primero (1: 2-4a) la creación se realiza en siete días consecutivos: seis días de acción creadora divina y un séptimo (o sábado) de descanso.
Cada acto creador se realiza al conjuro del «fiat» divino, comprendido en frase similar a la del versículo 3: «Dijo, pues, Dios: sea hecha la luz; y la luz quedó hecha».
Cada día de la creación termina asimismo con Tin estribillo semejante al del versículo 5; y «de aquella tarde y la mañana siguiente resultó el día primero». En fin, con una tercera frase, que se repite seis veces, Dios aprueba su obra: «Y vio Dios que lo hecho era bueno».
El segundo relato (2: 4b-25) comienza con una breve referencia a la creación de la tierra y los cielos. Este relato parece querer complementar al primero presentando al hombre como figura central de la creación de Dios.
El hombre fue formado del lodo de la tierra al principio del ciclo creador. El primer hombre, Adán, fue colocado en el Edén para que lo cuidase y cultivase. Creó igualmente Dios del polvo de la tierra otros seres vivientes.
Finalmente, de una de las costillas de Adán formó una mujer para que fuese compañera del hombre (es de notar que en el primer relato la. creación de la mujer es simultánea a la del hombre).
Algunos escrituristas sostienen que estos dos relatos incorporados al libro del Génesis provienen de diferentes fuentes. El primero, según ellos, proviene de la fuente llamada «S» (Código Sacerdotal) y probablemente fue compilado en el siglo v a. de J.C. El segundo pertenece a la fuente «J» (jahvística o jehovística) y se escribió probablemente hacia el 850 a. de J.C.
El primer relato, según estos escrituristas, encierra un elevado concepto de Dios, mientras que en el segundo ese concepto parece bastante primitivo. El primero es una narración comprensiva y ordenada de la creación, mientras el segundo es breve e incompleto.
Ambos relatos se basan en las ideas espirituales del antiguo judaísmo y en la Cosmogonía de aquellas edades. En las palabras iniciales del Génesis: «En el principio creó Dios...» se encierra la fe de los hebreos en Dios como fundamento de todas las cosas.
Narraciones cosmogónicas existen en la literatura primitiva de muchos pueblos. Dado que la idea de la creación aparece vinculada a las especulaciones sobre la naturaleza del Creador, la forma y contenido de cada relato acusan fundamentalmente la influencia de los conceptos religiosos. Muchas de estas narraciones presentan semejanzas.
Llaman la atención en concreto las existentes entre el relato bíblico y otros babilónicos. Pero, aunque existan coincidencias en el esquema general y los detalles, salta a la vista la gran diferencia entre los conceptos politeístas y la imaginación fantástica de la versión babilónica y la sobria dignidad y el elevado monoteísmo del relato hebreo.
Las coincidencias puede atribuirse a la influencia de la civilización babilónica sobre Israel y las diferencias, al desarrollo religioso de la nación hebrea.
En el relato bíblico se destaca el ser humano como figura central
En el relato bíblico de la creación, se destaca la importancia que se le otorga al ser humano como figura central. Según el segundo relato presentado en el Génesis, el hombre fue creado a partir del lodo de la tierra y fue colocado en el Edén para cuidar y cultivar la tierra. Además, en este relato, Dios crea otros seres vivientes a partir del polvo de la tierra.
Es interesante notar que, a diferencia del primer relato, en el que la creación de la mujer es simultánea a la del hombre, en el segundo relato se relata cómo Dios crea a la mujer a partir de una de las costillas de Adán, para que sea su compañera.
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