Durante tres décadas se trató de comprobar la verdad de esta hipótesis. Se intentó extraer la hipotética sustancia del tejido pancreático; se ligaron o bloquearon los conductos excretores de esta glándula y se hicieron trasplantes de tejido pancreático. Aunque no se había conseguido todavía una prueba definitiva de la existencia de la hormona pancreática, von Meyer en 1909 y Schafer en 1916 sugirieron independientemente que debería llamarse insulina cuando se lograra aislar, pues estaban convencidos de que dicha sustancia se producía en las islas o islotes de Langerhans, estructuras pancreáticas descritas por este autor ya en 1869. Por último, en 1922, Banting y Best consiguieron preparar un extracto activo de páncreas. La insulina natural es producida por las células beta. Cinco años más tarde, Abel y sus colaboradores obtuvieron la Insulina cristalizada. El glucagón es una sustancia producida también por los islotes de Langerhans (células alfa), de actividad opuesta a la insulina.
La insulina es una sustancia proteica. Administrada por la boca, se digiere como las demás proteínas, por lo que, para que produzca su efecto característico, debe inyectarse por vía hipodérmica. Cuando se suministra en dosis conveniente, suprime las manifestaciones más importantes de la diabetes mellitus; restaura el nivel normal de azúcar de la orina, elimina los trastornos del metabolismo de grasas y proteínas y alivia la acidosis y el coma.
Para más información ver: diabetes.
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