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Las raíces son corrientemente los órganos que anclan la planta en el suelo, del que extraen agua y varios alimentos minerales disueltos, pero no es raro que, además, se comporten como órganos reservantes. La ramazón de los árboles constituye la arquitectura de la planta, le confiere su porte y le da el necesario soporte mecánico para todos los demás órganos, tales como las hojas, flores y frutos. El tallo suele ser la formación que alberga a los dos grandes sistemas conductores de la savia: la ascendente —bruta—, que de las raíces va por los vasos leñosos a las hojas, y la descendente —elaborada—, que en su trayecto se reparte por los tejidos que la requieren. Las hojas son asiento de la función más importante, la Fotosíntesis, mediante la cual convierte la planta los materiales inorgánicos en sustancias orgánicas. Las flores son, como es sabido, los órganos dedicados a la reproducción, con carácter
sexual de ordinario, aunque algunas veces las semillas se forman a partir de óvulos que no han sido fecundados previamente.
Todos los órganos están formados por tejidos y éstos a su vez, por células, unidades elementales de la materia viviente. Las células vivas constan generalmente de un protoplasma, sustancia compleja viscosa formada por prótidos y de un núcleo, bien definido por su mayor densidad y por su índice de refracción, circunstancias físicas que le hacen destacar netamente del protoplasma. Al parecer, el núcleo controla de una manera ordenada y definida gran parte de las actividades fisiológicas de la célula. En ésta radican los caracteres hereditarios, aportados por los genes. El protoplasma celular aloja entre otras inclusiones los cloroplastos, pequeños corpúsculos esféricos o de forma variada en los que tienen lugar los procesos fundamentales de la fotosíntesis. Según sea la edad, posición y función de ciertas células vegetales varían sus formas, tamaños y contenido. A diferencia de los animales, las plantas superiores nunca cesan de desarrollar tejidos formativos o meristemáticos. Este tejido se halla en todos los puntos de crecimiento de la planta: en el ápice del tallo y de las ramas, es decir, en las yemas, y en el interior del tallo, en el cámbium. El cámbium crea constantemente células por su parte interna (leño) y la exterior (líber). El primer crecimiento de las plantas superiores se produce con células poco diferenciadas, pero a corta distancia del punto vegetativo aparecen pronto tejidos vasculares que rápidamente aumentan en tamaño y masa para quedar incluidos más tarde en las formaciones secundarias de crecimiento.
Los tejidos tiernos pueden estar revestidos de una epidermis, reforzada en su cara exterior por una cutícula. Al crecer, las plantas leñosas cambian su epidermis por una formación cortical derivada en gran parte de un nuevo tejido formativo radicado más o menos profundamente en el tallo. Debajo de la epidermis existe una capa de células indiferenciadas parenqui-máticas, llamada corteza, que algunas veces es de color verde, sobre todo, en las plantas herbáceas. La parte interna de las plantas jóvenes está ocupada por el tejido vascular, formado por haces de vasos conductores con la región medular del tallo en el centro. Estos haces son de dos clases; unos constituyen el xilema (leño) y se hallan más adentro; los otros, más externos, forman el floema (líber). En muchas dicotiledóneas estas dos formaciones están separadas por cámbium vascular. La' estructura y disposición de las distintas formaciones del leño secundario son características en muchas especies y por esto, muchas plantas leñosas pueden identificarse por la sola observación de su leño.
Una consecuencia de la función clorofílica (fotosíntesis) realizada por las hojas y los tallos tiernos es la formación de azúcares (hidrocarbonos), transportados por el tejido conductor y distribuidos por todo el cuerpo vegetal para ser consumidos como alimentos o almacenados como sustancias de reserva. Para obtener la energía necesaria con que sostener la actividad vital de las plantas todas las células respiran tomando oxígeno y expeliendo dióxido de carbono, al paso que dejan la energía almacenada en los hidrocarbonos sintetizados por el vegetal que sirve luego de alimento. Es obvio que toda la actividad fisiológica de crecimiento y desarrollo depende en las plantas de que éstas puedan disponer de agua y de las sustancias nutricias disueltas en ella, obtenidas del suelo, y, además, temperatura e iluminación adecuadas, así como de que exista el suficiente dióxido de carbono y oxígeno en la atmósfera.
Para más información ver: botánica.
sexual de ordinario, aunque algunas veces las semillas se forman a partir de óvulos que no han sido fecundados previamente.
Todos los órganos están formados por tejidos y éstos a su vez, por células, unidades elementales de la materia viviente. Las células vivas constan generalmente de un protoplasma, sustancia compleja viscosa formada por prótidos y de un núcleo, bien definido por su mayor densidad y por su índice de refracción, circunstancias físicas que le hacen destacar netamente del protoplasma. Al parecer, el núcleo controla de una manera ordenada y definida gran parte de las actividades fisiológicas de la célula. En ésta radican los caracteres hereditarios, aportados por los genes. El protoplasma celular aloja entre otras inclusiones los cloroplastos, pequeños corpúsculos esféricos o de forma variada en los que tienen lugar los procesos fundamentales de la fotosíntesis. Según sea la edad, posición y función de ciertas células vegetales varían sus formas, tamaños y contenido. A diferencia de los animales, las plantas superiores nunca cesan de desarrollar tejidos formativos o meristemáticos. Este tejido se halla en todos los puntos de crecimiento de la planta: en el ápice del tallo y de las ramas, es decir, en las yemas, y en el interior del tallo, en el cámbium. El cámbium crea constantemente células por su parte interna (leño) y la exterior (líber). El primer crecimiento de las plantas superiores se produce con células poco diferenciadas, pero a corta distancia del punto vegetativo aparecen pronto tejidos vasculares que rápidamente aumentan en tamaño y masa para quedar incluidos más tarde en las formaciones secundarias de crecimiento.
Los tejidos tiernos pueden estar revestidos de una epidermis, reforzada en su cara exterior por una cutícula. Al crecer, las plantas leñosas cambian su epidermis por una formación cortical derivada en gran parte de un nuevo tejido formativo radicado más o menos profundamente en el tallo. Debajo de la epidermis existe una capa de células indiferenciadas parenqui-máticas, llamada corteza, que algunas veces es de color verde, sobre todo, en las plantas herbáceas. La parte interna de las plantas jóvenes está ocupada por el tejido vascular, formado por haces de vasos conductores con la región medular del tallo en el centro. Estos haces son de dos clases; unos constituyen el xilema (leño) y se hallan más adentro; los otros, más externos, forman el floema (líber). En muchas dicotiledóneas estas dos formaciones están separadas por cámbium vascular. La' estructura y disposición de las distintas formaciones del leño secundario son características en muchas especies y por esto, muchas plantas leñosas pueden identificarse por la sola observación de su leño.
Una consecuencia de la función clorofílica (fotosíntesis) realizada por las hojas y los tallos tiernos es la formación de azúcares (hidrocarbonos), transportados por el tejido conductor y distribuidos por todo el cuerpo vegetal para ser consumidos como alimentos o almacenados como sustancias de reserva. Para obtener la energía necesaria con que sostener la actividad vital de las plantas todas las células respiran tomando oxígeno y expeliendo dióxido de carbono, al paso que dejan la energía almacenada en los hidrocarbonos sintetizados por el vegetal que sirve luego de alimento. Es obvio que toda la actividad fisiológica de crecimiento y desarrollo depende en las plantas de que éstas puedan disponer de agua y de las sustancias nutricias disueltas en ella, obtenidas del suelo, y, además, temperatura e iluminación adecuadas, así como de que exista el suficiente dióxido de carbono y oxígeno en la atmósfera.
Para más información ver: botánica.
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