Junto a la Probática, estaba la piscina de Betesda, lugar mencionado en el Nuevo Testamento de la Biblia como el sitio donde Jesús curó a un hombre que había estado enfermo durante 38 años. La piscina se encontraba en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, y se creía que tenía propiedades curativas.
Fue en este lugar donde Jesús realizó uno de sus más famosos milagros. Un hombre que llevaba 38 años enfermo y sin encontrar cura, fue sanado por Jesús al sumergirse en las aguas de la piscina de Betesda. Este hecho causó gran revuelo entre los habitantes de Jerusalén y despertó aún más la fe y admiración hacia Jesús como un sanador y obrador de milagros.
La piscina de Betesda era rectangular y se encontraba rodeada por cinco pórticos, en los cuales se aglomeraban gran cantidad de enfermos, discapacitados y personas que buscaban una cura para sus dolencias. Se cuenta que el ángel del Señor descendía a la piscina en momentos específicos y agitaba el agua, y aquel que entraba primero tras la agitación, quedaba sanado de sus enfermedades.
La existencia de estas piscinas en Jerusalén demuestra la importancia y el valor que se le daba a la purificación y la sanación en la vida cotidiana de la sociedad de aquel tiempo. Además, estos lugares se convirtieron en puntos de encuentro y esperanza para aquellos que buscaban alivio para sus enfermedades y aflicciones.
Aunque en la actualidad las piscinas probáticas y de Betesda ya no existen, su historia y significado perduran como testimonio de la fe y el poder sanador de Jesús en la tradición cristiana.
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