En cuestiones amorosas, suele referirse como tal al amante de alguien, que siempre estará en segundo lugar, dado que el primero le corresponde a otra persona, usualmente el esposa o esposo de esta.
Ejemplos de uso: "él me llama bien tarde algunos sábados para que lo acompañe a bailar, yo creo que soy plato de segunda mesa para él y nada más, jamás podré ser su novia".
"¡Qué horrible es ser plato de segunda mesa! ¡Valórate mujer!".
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