La "receptividad" en este contexto se refiere a la habilidad o disposición de una persona, objeto o sistema para recibir, aceptar o asimilar información, ideas, estímulos o influencias externas.
Esta capacidad puede aplicarse a diversos ámbitos, como la comunicación interpersonal, la educación, la tecnología y la cultura, entre otros.
Una alta receptividad implica una actitud abierta y flexible, mientras que una baja receptividad puede denotar resistencia o falta de interés.
Ejemplos de uso: "La receptividad de los estudiantes a las nuevas metodologías de enseñanza ha sido sorprendentemente alta."
"La receptividad del público a la nueva campaña publicitaria superó todas las expectativas de la empresa."
En el ámbito médico, la "receptividad" se refiere a la susceptibilidad o predisposición de un organismo para contraer determinadas enfermedades o infecciones.
Esta aptitud puede depender de factores genéticos, inmunológicos, ambientales y de estilo de vida, entre otros.
Una alta receptividad puede indicar una mayor vulnerabilidad a enfermedades, mientras que una baja receptividad sugiere una mayor resistencia o inmunidad.
Ejemplos de uso: "La receptividad del paciente al virus fue evaluada mediante una serie de pruebas inmunológicas."
"Los estudios han demostrado que la receptividad a ciertas enfermedades infecciosas puede variar significativamente entre diferentes poblaciones."
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