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Las grandes líneas del relieve americano.
América ofrece representación de todas las formas características del relieve y, aunque en conjunto sea de menor altitud media que Asia y África, no deja de tener alguna de las más importantes cordilleras del globo ni tampoco elevadas mesetas. Todas las manifestaciones orográficas son en América de extraordinaria importancia: las Montañas Rocosas y los Andes alcanzan altitudes en pocos sitios superadas, así como una superficie extraordinaria, y forman conjuntamente la cordillera más larga del mundo, ya que se extiende sobre cerca de 14000 km; no menos importantes son las mesetas, especialmente las andinas, sólo superadas en altitud por las del centro de Asia; las llanuras sólo son inferiores en extensión a la gran llanura siberiana y se disponen en el centro del continente, al revés que las de Asia y África, que sólo se encuentran en los contornos.
El relieve americano es, en síntesis, muy sencillo. Existe además una notable analogía entre ambas Américas: una serie de cadenas enlazadas, de formación relativamente reciente (Era terciaria) y con multitud de volcanes, unos extintos y otros en actividad, próximos a las costas del Pacífico, desde Alaska hasta Chile; en el E, próxima también a la costa, otra serie de cadenas, pero éstas no enlazadas, sino presentando soluciones de continuidad, de formación mucho más antigua (Eras azoica y primaria) y por consiguiente más desgastadas por la erosión y de mucha menor altitud. Como América está interrumpida en su zona oriental por el golfo de México y el mar de las Antillas, las cordilleras orientales de América del Norte y las del Sur están unidas por una serie de cordilleras insulares de origen volcánico, consecuencia de ser ésta una de las principales zonas de fractura de la corteza terrestre, que forman un Cinturón de Fuego del Atlántico, parecido al que los volcanes del O de América y E de Asia forman en el Pacífico.
Entre ambas líneas de cordilleras una serie de llanuras, que alternan a veces con mesetas, ocupa los calles de los grandes ríos americanos: Mackenzie, Saskatchewan y Misisipí en América del Norte; llanos del Orinoco, cuencas del Amazonas y Río de la Plata y la meseta de Patagonia en América del Sur. Zona aparte es la que bordea la bahía de Hudson, antiquísima en su formación y constitutiva del «escudo canadiense», parecido al que en Europa recibe el nombre de «escudo escandinavo»; es un peneplano muy desgastado por la erosión, que ha formado infinidad de lagos entre las estrías montañosas de sus colinas. El examen de los tres elementos fundamentales del relieve americano demuestra que América está inclinada hacia el Atlántico, hecho que tiene gran importancia en su hidrografía.
El relieve occidental. La orografía de América del Norte en su zona occidental queda reducida en realidad a tres elementos esenciales: las cadenas costeras, las mesetas y depresiones interiores y la gran cadena de las Rocosas. Estas alineaciones se extienden desde las islas Aleutianas hasta el golfo de California y la meseta de Anahuac. En Alaska hay dos cadenas montañosas: una va muy próxima a la costa y se eleva en el monte Logan a casi 6000 m, desprendiéndose de ella inmensos glaciares, como el de Malaspina, de 3840 km2, que desciende hasta el mar; hacia el S la cadena se deprime en los pasos de Chikoot y White Pass, para, constituir luego los alargados archipiélagos del O de Alaska y Canadá y formar un nuevo relieve en la isla de Vancouver, donde el muro granítico del pico Victoria se eleva a 2241 m. El otro núcleo montañoso, más interior, se ramifica por toda Alaska, separa los valles de los distintos afluentes del Yukón y rebasa éste para formar los montes Endicott, próximos ya al Océano Glacial Artico. El punto culminante de esta cadena, y de toda América del Norte, es el Mac Rinley, que con sus 6187 m domina un grupo de ventisqueros.
En el Canadá la Cadena Costera, formada de granitos, gneis y esquistos, tiene altitudes que varían entre los 2400 y 2700 m; los antiguos glaciares se han convertido en fiordos y hoy sólo existen en la zona de Sitka, ya en Alaska. La cadena insular de Van-couver se continúa en Estados Unidos, al otro lado del estrecho de Juan de Fuca, por una cadena que bordea el Pacífico y está formada por rocas de diversas épocas, incluso eruptivas modernas; sus macizos principales son los montes Olympic, Siskiyou y Trinity. Después de la depresión que forma la bahía de San Francisco se continúa esta cadena costera hasta la frontera mexicana e incluso se prolonga por la península de Baja California con los montes de Calamahue y las sierras de la Giganta y de San Lorenzo.
Inmediatamente al E de las alineaciones costeras citadas quedan unas depresiones, a veces cortadas por macizos montañosos de regular altura. Entre las dos alineaciones montañosas de Alaska, la costera y la insular, se forma un valle que el mar ha invadido y que en Canadá se transforma en el estrecho de Georgia. Las ramificaciones del Puget Sound, parte del curso del río Columbia y el valle de su afluente el Willamette forman unas depresiones interrumpidas en parte por los montes Klamath, muy erosionados por las corrientes de agua y con una altura máxima poco superior a los 1000 m. En California, entre las cadenas plegadas de la costa y la doble alineación Cadena de las Cascadas-Sierra Nevada, se forman los valles del Sacramento y San Joaquín, región de agricultura privilegiada, que termina por el S en la zona de unión de la Cadena Costera con la estribación sudoccidental de Sierra Nevada, que sirve de separación entre el gran valle californiano y el Desierto Mo-jave. Al S de San Francisco se extiende una llanura costera donde se encuentran Salinas y Los Angeles. La depresión se continúa al S por el alargado golfo de California, bajo las aguas del mar.
La Cadena Costera del Canadá («Coast Range») tiene su prolongación en territorio estadounidense en la alineación constituida por la Cadena de las Cascadas y Sierra Nevada. La primera, que ya se inicia en Canadá, culmina en los montes Baker, Rainier y Hood, pero se deprime en algunos lugares y permite la fácil comunicación entre los valles de los ríos Deschutes (al E) y Willamette (al O), ambos afluentes del Columbia. Más al S la cordillera se ensancha —pasada la depresión del Klamath— y se alza a casi 4400 m en el monte Shasta. En el paso de Truc-kee, aprovechado por la línea férrea que conduce a San Francisco, se interrumpe la cadena, que al S del paso toma ya el nombre de Sierra Nevada. Esta culmina en el monte Whitney, el más elevado de Estados Unidos (4418 m), y envía grandes contrafuertes hacia el O, sobre la llanura del San Joaquín, mientras al S se reúne con el grupo del monte Pinos sobre la comarca de Los Ángeles y por el E desciende por el Desierto Mojave y el valle del Colorado. En cierto modo esta alineación montañosa de Sierra Nevada tiene su prolongación en México, en la Sierra Madre Occidental, aunque su origen es distinto.
En Canadá, entre las Rocosas y la Cadena Costera se extiende la elevada meseta de Columbia (1000 a 1100 m), que en su parte N encierra una comarca lacustre de gran belleza y que aparece cortada por los valles de los ríos, el Fraser principalmente, regiones de gran valor minero, agrícola y forestal. La meseta canadiense tiene su prolongación, al otro lado de la frontera política, en Estados Unidos, donde los campos de lava y depósitos de basalto aparecen cortados por los ríos en profundas gargantas y rápidos, como las famosas del río Snake. Al S de la meseta de Columbia se presenta el Gran Valle, altiplanicie de 1350 a 1500 m de elevación, en la que se forma una gran cuenca endorreica; anchos zócalos montañosos la atraviesan de N a S, separados por valles de 6 a 30 km de anchura, entre los que destaca el seguido por el río Humboldt, que termina en el lago de su nombre. Aunque la altitud media es bastante elevada, se encuentran también grandes depresiones, como la del Valle de la Muerte (84 m bajo el nivel del mar), dominado por la mole inmensa del Whitney.
En Alaska, cerca de la frontera canadiense, se alza el monte Wrangell; una serie de estribaciones orientales de las Rocosas septentrionales dividen las aguas que van por el Yukón al Pacífico de las que por el Mackenzie se dirigen al Océano Glacial. La cadena gana anchura al entrar en Canadá, donde atraviesa la Columbia Británica; sus rocas antiguas alcanzan a veces altitudes importantes y sirven de divisoria de aguas; su punto culminante es el pico Robson (3953 m) y más al S los montes Hoocker y Brown, este último gran centro hidrográfico, pues allí nacen, entre otros, el Athabasca, Saskatchewan del Norte y Fraser, que van a tres vertientes diferentes. Los ríos se abren paso entre los macizos por estrechas gargantas; los pasos son bastante escasos y sirven para el cruce de las grandes líneas ferroviarias transcontinentales. Al O de las Rocosas canadienses se abre un largo surco que recorren los ríos Columbia, Kootenay, Fraser y Finlay; más al O se levanta la Cadena del Oro, con los montes Purcell, Selkirk y Columbia; el pico culminante, que es el Sir Stanford, domina un extenso conjunto de heleros. Al entrar en Estados Unidos las Rocosas llevan dirección NO-SE hasta la meseta por la que cruza el ferrocarril del Pacífico a 2400 m de altitud. Estas Rocosas septentrionales de Estados Unidos forman un conjunto de macizos y sierras aisladas, que son como el reborde exterior oriental de las grandes mesetas; su descenso sobre la llanura central es bastante suave, especialmente al N, donde forma las Bad Lands (Tierras Malas), sobre las que se elevan las Black Hills, que dan nacimiento a varios afluentes del Misuri. Estas cadenas son propensas a formar amplios circos, conocidos con el nombre de Parques, entre los que destaca el de Yellowstone. En la sección meridional de las Rocosas, al S de la meseta de Lamarie, se pueden distinguir dos alineaciones: la Front Range, que es la más oriental, y la Colorado Range, formada por los montes Saward; entre ambas hileras montañosas quedan altas mesetas: los Parques Norte, Centro, Sur y San Luis, dominados por algunas de las cumbres más elevadas de Norteamérica. Ambas hileras se prolongan luego en los montes de San Mateo y las sierras Blanca, Guadalupe y de los Apaches, hasta enlazar con la Sierra Madre Oriental, en territorio mexicano.
Al S del valle de Bridger se alzan los montes Win-tach y al O de éstos la cadena Wansach que limita por el O a la cuenca del Colorado y por el E al desierto del Gran Lago Salado y el Gran Valle. Al E queda por tanto la meseta del Colorado, constituida por la red fluvial de este río, que por la erosión ha formado muchas mesas o mesetas secundarias, separadas entre sí por profundos cañones o gargantas, de paredes verticales, que se elevan en algunos sitios a 1800 m sobre el nivel del río. Al S, en Nuevo México y Arizona, la meseta termina en acantilados bruscos que se alzan 300 m sobre las tierras desérticas. En esta gran meseta del Colorado alternan las grandes eminencias (Monte Wilson, más de 4300 m) con las depresiones, como los valles de Tunecha, del San Juan, del Pequeño Colorado, y otras muchas.
Para más información ver: américa (continente).
América ofrece representación de todas las formas características del relieve y, aunque en conjunto sea de menor altitud media que Asia y África, no deja de tener alguna de las más importantes cordilleras del globo ni tampoco elevadas mesetas. Todas las manifestaciones orográficas son en América de extraordinaria importancia: las Montañas Rocosas y los Andes alcanzan altitudes en pocos sitios superadas, así como una superficie extraordinaria, y forman conjuntamente la cordillera más larga del mundo, ya que se extiende sobre cerca de 14000 km; no menos importantes son las mesetas, especialmente las andinas, sólo superadas en altitud por las del centro de Asia; las llanuras sólo son inferiores en extensión a la gran llanura siberiana y se disponen en el centro del continente, al revés que las de Asia y África, que sólo se encuentran en los contornos.
El relieve americano es, en síntesis, muy sencillo. Existe además una notable analogía entre ambas Américas: una serie de cadenas enlazadas, de formación relativamente reciente (Era terciaria) y con multitud de volcanes, unos extintos y otros en actividad, próximos a las costas del Pacífico, desde Alaska hasta Chile; en el E, próxima también a la costa, otra serie de cadenas, pero éstas no enlazadas, sino presentando soluciones de continuidad, de formación mucho más antigua (Eras azoica y primaria) y por consiguiente más desgastadas por la erosión y de mucha menor altitud. Como América está interrumpida en su zona oriental por el golfo de México y el mar de las Antillas, las cordilleras orientales de América del Norte y las del Sur están unidas por una serie de cordilleras insulares de origen volcánico, consecuencia de ser ésta una de las principales zonas de fractura de la corteza terrestre, que forman un Cinturón de Fuego del Atlántico, parecido al que los volcanes del O de América y E de Asia forman en el Pacífico.
Entre ambas líneas de cordilleras una serie de llanuras, que alternan a veces con mesetas, ocupa los calles de los grandes ríos americanos: Mackenzie, Saskatchewan y Misisipí en América del Norte; llanos del Orinoco, cuencas del Amazonas y Río de la Plata y la meseta de Patagonia en América del Sur. Zona aparte es la que bordea la bahía de Hudson, antiquísima en su formación y constitutiva del «escudo canadiense», parecido al que en Europa recibe el nombre de «escudo escandinavo»; es un peneplano muy desgastado por la erosión, que ha formado infinidad de lagos entre las estrías montañosas de sus colinas. El examen de los tres elementos fundamentales del relieve americano demuestra que América está inclinada hacia el Atlántico, hecho que tiene gran importancia en su hidrografía.
El relieve occidental. La orografía de América del Norte en su zona occidental queda reducida en realidad a tres elementos esenciales: las cadenas costeras, las mesetas y depresiones interiores y la gran cadena de las Rocosas. Estas alineaciones se extienden desde las islas Aleutianas hasta el golfo de California y la meseta de Anahuac. En Alaska hay dos cadenas montañosas: una va muy próxima a la costa y se eleva en el monte Logan a casi 6000 m, desprendiéndose de ella inmensos glaciares, como el de Malaspina, de 3840 km2, que desciende hasta el mar; hacia el S la cadena se deprime en los pasos de Chikoot y White Pass, para, constituir luego los alargados archipiélagos del O de Alaska y Canadá y formar un nuevo relieve en la isla de Vancouver, donde el muro granítico del pico Victoria se eleva a 2241 m. El otro núcleo montañoso, más interior, se ramifica por toda Alaska, separa los valles de los distintos afluentes del Yukón y rebasa éste para formar los montes Endicott, próximos ya al Océano Glacial Artico. El punto culminante de esta cadena, y de toda América del Norte, es el Mac Rinley, que con sus 6187 m domina un grupo de ventisqueros.
En el Canadá la Cadena Costera, formada de granitos, gneis y esquistos, tiene altitudes que varían entre los 2400 y 2700 m; los antiguos glaciares se han convertido en fiordos y hoy sólo existen en la zona de Sitka, ya en Alaska. La cadena insular de Van-couver se continúa en Estados Unidos, al otro lado del estrecho de Juan de Fuca, por una cadena que bordea el Pacífico y está formada por rocas de diversas épocas, incluso eruptivas modernas; sus macizos principales son los montes Olympic, Siskiyou y Trinity. Después de la depresión que forma la bahía de San Francisco se continúa esta cadena costera hasta la frontera mexicana e incluso se prolonga por la península de Baja California con los montes de Calamahue y las sierras de la Giganta y de San Lorenzo.
Inmediatamente al E de las alineaciones costeras citadas quedan unas depresiones, a veces cortadas por macizos montañosos de regular altura. Entre las dos alineaciones montañosas de Alaska, la costera y la insular, se forma un valle que el mar ha invadido y que en Canadá se transforma en el estrecho de Georgia. Las ramificaciones del Puget Sound, parte del curso del río Columbia y el valle de su afluente el Willamette forman unas depresiones interrumpidas en parte por los montes Klamath, muy erosionados por las corrientes de agua y con una altura máxima poco superior a los 1000 m. En California, entre las cadenas plegadas de la costa y la doble alineación Cadena de las Cascadas-Sierra Nevada, se forman los valles del Sacramento y San Joaquín, región de agricultura privilegiada, que termina por el S en la zona de unión de la Cadena Costera con la estribación sudoccidental de Sierra Nevada, que sirve de separación entre el gran valle californiano y el Desierto Mo-jave. Al S de San Francisco se extiende una llanura costera donde se encuentran Salinas y Los Angeles. La depresión se continúa al S por el alargado golfo de California, bajo las aguas del mar.
La Cadena Costera del Canadá («Coast Range») tiene su prolongación en territorio estadounidense en la alineación constituida por la Cadena de las Cascadas y Sierra Nevada. La primera, que ya se inicia en Canadá, culmina en los montes Baker, Rainier y Hood, pero se deprime en algunos lugares y permite la fácil comunicación entre los valles de los ríos Deschutes (al E) y Willamette (al O), ambos afluentes del Columbia. Más al S la cordillera se ensancha —pasada la depresión del Klamath— y se alza a casi 4400 m en el monte Shasta. En el paso de Truc-kee, aprovechado por la línea férrea que conduce a San Francisco, se interrumpe la cadena, que al S del paso toma ya el nombre de Sierra Nevada. Esta culmina en el monte Whitney, el más elevado de Estados Unidos (4418 m), y envía grandes contrafuertes hacia el O, sobre la llanura del San Joaquín, mientras al S se reúne con el grupo del monte Pinos sobre la comarca de Los Ángeles y por el E desciende por el Desierto Mojave y el valle del Colorado. En cierto modo esta alineación montañosa de Sierra Nevada tiene su prolongación en México, en la Sierra Madre Occidental, aunque su origen es distinto.
En Canadá, entre las Rocosas y la Cadena Costera se extiende la elevada meseta de Columbia (1000 a 1100 m), que en su parte N encierra una comarca lacustre de gran belleza y que aparece cortada por los valles de los ríos, el Fraser principalmente, regiones de gran valor minero, agrícola y forestal. La meseta canadiense tiene su prolongación, al otro lado de la frontera política, en Estados Unidos, donde los campos de lava y depósitos de basalto aparecen cortados por los ríos en profundas gargantas y rápidos, como las famosas del río Snake. Al S de la meseta de Columbia se presenta el Gran Valle, altiplanicie de 1350 a 1500 m de elevación, en la que se forma una gran cuenca endorreica; anchos zócalos montañosos la atraviesan de N a S, separados por valles de 6 a 30 km de anchura, entre los que destaca el seguido por el río Humboldt, que termina en el lago de su nombre. Aunque la altitud media es bastante elevada, se encuentran también grandes depresiones, como la del Valle de la Muerte (84 m bajo el nivel del mar), dominado por la mole inmensa del Whitney.
En Alaska, cerca de la frontera canadiense, se alza el monte Wrangell; una serie de estribaciones orientales de las Rocosas septentrionales dividen las aguas que van por el Yukón al Pacífico de las que por el Mackenzie se dirigen al Océano Glacial. La cadena gana anchura al entrar en Canadá, donde atraviesa la Columbia Británica; sus rocas antiguas alcanzan a veces altitudes importantes y sirven de divisoria de aguas; su punto culminante es el pico Robson (3953 m) y más al S los montes Hoocker y Brown, este último gran centro hidrográfico, pues allí nacen, entre otros, el Athabasca, Saskatchewan del Norte y Fraser, que van a tres vertientes diferentes. Los ríos se abren paso entre los macizos por estrechas gargantas; los pasos son bastante escasos y sirven para el cruce de las grandes líneas ferroviarias transcontinentales. Al O de las Rocosas canadienses se abre un largo surco que recorren los ríos Columbia, Kootenay, Fraser y Finlay; más al O se levanta la Cadena del Oro, con los montes Purcell, Selkirk y Columbia; el pico culminante, que es el Sir Stanford, domina un extenso conjunto de heleros. Al entrar en Estados Unidos las Rocosas llevan dirección NO-SE hasta la meseta por la que cruza el ferrocarril del Pacífico a 2400 m de altitud. Estas Rocosas septentrionales de Estados Unidos forman un conjunto de macizos y sierras aisladas, que son como el reborde exterior oriental de las grandes mesetas; su descenso sobre la llanura central es bastante suave, especialmente al N, donde forma las Bad Lands (Tierras Malas), sobre las que se elevan las Black Hills, que dan nacimiento a varios afluentes del Misuri. Estas cadenas son propensas a formar amplios circos, conocidos con el nombre de Parques, entre los que destaca el de Yellowstone. En la sección meridional de las Rocosas, al S de la meseta de Lamarie, se pueden distinguir dos alineaciones: la Front Range, que es la más oriental, y la Colorado Range, formada por los montes Saward; entre ambas hileras montañosas quedan altas mesetas: los Parques Norte, Centro, Sur y San Luis, dominados por algunas de las cumbres más elevadas de Norteamérica. Ambas hileras se prolongan luego en los montes de San Mateo y las sierras Blanca, Guadalupe y de los Apaches, hasta enlazar con la Sierra Madre Oriental, en territorio mexicano.
Al S del valle de Bridger se alzan los montes Win-tach y al O de éstos la cadena Wansach que limita por el O a la cuenca del Colorado y por el E al desierto del Gran Lago Salado y el Gran Valle. Al E queda por tanto la meseta del Colorado, constituida por la red fluvial de este río, que por la erosión ha formado muchas mesas o mesetas secundarias, separadas entre sí por profundos cañones o gargantas, de paredes verticales, que se elevan en algunos sitios a 1800 m sobre el nivel del río. Al S, en Nuevo México y Arizona, la meseta termina en acantilados bruscos que se alzan 300 m sobre las tierras desérticas. En esta gran meseta del Colorado alternan las grandes eminencias (Monte Wilson, más de 4300 m) con las depresiones, como los valles de Tunecha, del San Juan, del Pequeño Colorado, y otras muchas.
Para más información ver: américa (continente).
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