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Definición de actor



Definición de actor
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Actualizado: 17/03/2014
  1. m. El que representa en el teatro.
  2. Personaje de una acción u obra literaria.
  3. For. Demandante o acusador.
  4. —civil. El que en juicio criminal, sin acusar, exige restitución, resarcimiento o indemnización. Ver: actor civil

    Origen de la palabra: (del latín actor.)

    2º artículo
  1. m. ant. Autor. [|| m. y f. El que es causa de alguna cosa. ver: autor]

    Acepción anticuada.

    Origen de la palabra: (del latín auctor.)

    3º artículo
  1. Persona que representa obras teatrales. En la evolución del arte dramático, el actor precedió al dramaturgo y al teatro mismo y aún hoy continúa siendo el factor más importante en las representaciones escénicas. Puede decirse que nació en Grecia en el momento mismo en que algunos de losparticipantes en las danzas celebradas en honor de Dionisos empezaron a distinguirse de sus compañeros. A medida que se acentuó esta diferencia, fueron apareciendo los dramaturgos, encargados de preparar papeles a estos actores incipientes. Más tarde, a medida que las orgías religiosas fueron evolucionando hacia formas más parecidas a lo que hoy entendemos por drama, se presentó la necesidad del teatro, es decir, un lugar donde acomodar a los espectadores. Si no puede haber drama sin actores, en cambio sí puede existir sin teatro, como lo prueban las representaciones al aire libre o en salas particulares. Que también puede existir sin dramaturgo se ha comprobado en periodos como el de la Commedia dell' arte, en Italia, durante los siglos xvi y xvii, en que los actores tenían que improvisar sus papeles en presencia del público.

    La representación teatral es, por naturaleza, un arte complejo que impresiona simultáneamente a la retina, como la escultura y la pintura, y al oído, como la poesía y la música. La proporción en que intervienen estos dos factores —visual y auditivo— varía grandemente según los periodos. Así, mientras en la antigua Grecia la representación dramática fue principalmente auditiva, en el teatro moderno se ha hecho ante todo visual. A pesar de la gran capacidad de los teatros griegos al aire libre (el Teatro de Dionisos ateniense tenía cabida para más de 20000 espectadores), la audición en ellos no era difícil según se desprende de los experimentos acústicos realizados en los aún existentes; por el contrario, en tales teatros la percepción visual detallada resultaba difícil. Los actores usaban calzados muy altos no para agigantar su estatura, sino para que pareciese normal a la vista de los miles de espectadores que los contemplaban desde lo alto de las graderías. Para disimular las grosísimas suelas de corcho de este calzado (coturno), el actor solía usar vestidos que llegaban hasta el suelo.

    Su gesticulación, para ser percibida por el numeroso público, había de arrancar de los mismos hombros. Como la percepción de la expresión facial resultaba de todos modos imposible, se usaban máscaras de tamaño exagerado que reflejaban el humor dominante de la escena. La máscara presentaba la boca abocinada a fin de dar mayor resonancia a la voz y se llamó «persona», de personare (resonar), nombre que se aplicó también al mismo papel. Esquilo manejaba sólo dos actores; Sófocles y Eurípides, tres; pero cada actor se disfrazaba con diferentes máscaras y asumía diferentes papeles en la misma obra. En aquel teatro el principal recurso del actor consistía en su voz. La tragedia griega apenas si exigía más requisitos que una declamación de primerísima calidad.

    En el teatro moderno la representación ha llegado a ser principalmente un arte visual, debido en gran parte a la invención de la luz eléctrica que permite al más remoto espectador contemplar con claridad todo el escenario. El gesto no afecta ya a todo el brazo, sino principalmente a la muñeca y a menudo sólo a las falanges de los dedos. La expresión fácial ha llegado a adquirir capital importancia. La voz ha dejado de ser, en fin, requisito único del actor.

    El teatro renacentista se mantuvo entre estos dos extremos. Fue un teatro al aire libre, sin luz artificial, pero sin el tamaño del griego. Los gestos, limitados al antebrazo, podían ser observados fácilmente por los espectadores. Aunque una voz potente fuera requisito necesario en muchos pasajes, podía, en otros, descender a un tono de intimidad.

    Los actores antiguos trabajaban para espectadores que les circundaban por todas partes menos por el fondo del escenario. En el escenario de Shakespeare, así como en el de Moliere, se permitía a personas privilegiadas sentarse en banquillos a derecha e izquierda de los actores. Aun en el siglo xviii, en los teatros de Sheridan y Beaumarchais, la disposición de palcos a derecha e izquierda del escenario permitía a un buen número de espectadores observar de costado a los actores. En estos teatros el actor tenía que considerarse en un medio tridimensional y preocuparse de dar a su cuerpo actitudes esculturales. Tanto si permanecía quieto como si se movía, había de colocarse en forma de estatua para ser visto simultáneamente desde tres direcciones diferentes. En el teatro moderno, los espectadores se sientan enfrente de la escena y el actor ha de imaginarse en dos dimensiones y manejar su cuerpo con sentido pictórico. Actúa de perfil, por así decirlo, porque sólo puede ser visto en una dirección. Se comportará, pues, no ya como una estatua, sino como figura viviente en el marco de un cuadro.

    El lugar del actor. En la historia del teatro no han coincidido nunca los periodos de grandes autores con los de grandes actores, probablemente porque el público no puede, al mismo tiempo, prestar igual interés al arte creador del autor que al representativo del actor. En Grecia, donde los nombres de los dramaturgos se hicieron inmortales, se habló muy poco de los actores. En el periodo isabelino, en que tantos dramaturgos, además de Shakespeare, se hicieron famosos, sólo hubo dos actores notables: Edward Alleyn, actor principal de la compañía de Marlowe, y Richard Burbage, primer actor de la compañía de Shakespeare. Pero el mejor actor inglés, David Garrick, y el más afamado actor francés, Taima, florecieron en una época en que los buenos autores dramáticos en ambos países brillaban por su ausencia. En Inglaterra y Estados Unidos el teatro del siglo xix estuvo rebosante de buenos actores: Sarah Siddons, John Philip Kemble, Edmund Kean, William Charles Macready, Henry Irving, Ellen Terry, en Inglaterra; y Junius Brutus Booth, Edwin Forrest, Charlotte Cushman, Edwin Booth, Lawrence Barrett, Helena Modjeska, Ada Rehan, Richard Mansfield, en Estados Unidos. Pues bien, todos ellos representaban exclusivamente a Shakespeare o a sus imitadores. Cuando surgió el nuevo drama inglés a finales del siglo xix y el dominio del teatro pasó a manos de dramaturgos, tales como Pinero, Jones, Shaw, Galsworthy, Barker, Fitch, Tilomas y O'Neill, cesó la serie de buenos actores, al menos temporalmente.

    En Grecia, el actor, aunque poco celebrado, parece que fue persona considerada. Se sabe, por ejemplo, que Esquilo actuó en sus propias obras y que a Sófocles, muy joven aún, se le honró reservándole el papel principal en las danzas corales durante las fiestas conmemorativas de la victoria de Salamina. En Roma la representación de las comedias de Plauto atraía un auditorio compuesto principalmente de la plebe; los actores eran esclavos adiestrados para esta profesión. Aunque Roscio adquirió la libertad en premio a su extraordinario arte, la mayoría de los actores nunca se elevaron de su condición de esclavos.

    Al desaparecer definitivamente en el siglo iv el mundo pagano, quedaron abolidas las representaciones teatrales durante casi mil años. Sin embargo, en los siglos medievales se encargaron de conservar más o menos vivo el teatro los bufones ambulantes que representaban números cómicos en las plazas públicas.


    Fue la misma Iglesia quien resucitó el drama en forma de diálogos litúrgicos (s. xii), que desembocaron en las representaciones de misterios y moralidades en los siglos xiii y xiv. Esta nueva faceta del arte dramático se cultivó como parte integrante del servicio religioso en el interior del templo, en latín y con participación del mismo clero. Una nueva prohibición llevó este teatro a la vía pública, donde pasó a manos de seglares. En algunas ciudades los propios gremios artesanos se encargaron de organizar representaciones en las grandes festividades religiosas. En Francia se formó una compañía de actores, la Confrérie de la Passion, que paseó estas representaciones de milagros y moralidades de pueblo en pueblo.

    En el siglo xvi encontramos con frecuencia en España al actor y al autor fundidos en una misma persona (Juan del Encina, Gil Vicente, Lope de Rueda). Pronto, sin embargo, los cómicos de oficio se harán notar lo bastante para constituir una clase social: la de los «comediantes». A ella pertenecen Alonso de la Vega, Pedro Navarro, Hernando de la Vega, Cosme de Oviedo, Juan Rodríguez y muchísimos más, entre los que no faltan las mujeres, al principio excluidas de la profesión: Mariana Páez, Rosa Paula, Juana Vázquez, Magdalena Osorio... En el siglo siguiente las compañías reciben sanción y reglamentación oficiales. Nacen las llamadas de «título», por poseer uno del Consejo de Castilla que las permite circular libremente por todas las tierras de la nación. En 1603 existen seis de estas compañías, que se elevan a doce cinco años más tarde. En 1630 se cuentan, sólo en Castilla, más de cuarenta compañías de primera categoría. Las gentes puritanas se alarman de tamaña proliferación y acosan a los monarcas hasta conseguir la supresión de las representaciones una y otra vez. Así, en tiempos de Felipe II se encuentran inactivos los actores de 1598 a 1600 y en los de Felipe III, de 1646 a 1649. Pero al final se impone la realidad de una afición tan arraigada en la entraña del pueblo. No faltará, eso sí, la intervención oficial cuando los actores lleguen a hacerse demasiado ostentosos. Se produce luego un periodo de decadencia, que coincide aproximadamente con la Guerra de Sucesión y termina Con la invasión de «trufaldines» o farsantes populares italianos producida a principios del siglo xviii, en tiempos de Felipe V. Aunque haya ahora menos compañías que antes, el lujo es mayor. Actriz hay, como María Ladvenant, que a su muerte deja no menos de 90 ricos trajes, algunos sin estrenar.

    Los actores hubieron de abrirse paso en todas partes en medio de la incomprensión, cuando no la hostilidad, de la «buena sociedad», que veía en ellos instrumentos de disipación y relajación. En Inglaterra estaban considerados legalmente como vagabundos y villanos. Para poder ejercer su profesión se veían obligados a solicitar la protección de algún noble. Aun en tiempos de Shakespeare no se permitía a las mujeres trabajar en profesión tan deshonrosa, por lo que los papeles femeninos habían de representarse por chicos. Moliére

    pudo desenvolverse en Francia en ambiente un tanto más favorable. Tras iniciarse como actor ambulante, organizó su compañía en París bajo el patrocinio del cuñado del rey, asumiendo el título de valet de chambre del mismo rey. Cabe señalar, sin embargo, que semejante honor le correspondía por herencia, ya que su padre había sido tapicero real. Aunque Luis XIV era amigo de Moliére, no pudo menos de expresar su extrañeza al oir a Boileau que aquel actor dramático era el mejor hombre de letras de su reino.

    Las mujeres no actuaron en Inglaterra hasta después de la Restauración (1660). El primero en utilizarlas fue Thomas Killigrew, en el Teatro Real de Drury Lane. La liviandad de los tiempos se reflejaba alegremente en un teatro excesivamente licencioso. Aunque la actriz Nell Gwynn llegó a erigirse en amiga del rey, los actores y actrices no hallaron cabida en el seno de la buena sociedad. En el siglo xviii actores tales como Colley Cibber y más particularmente David Garrick lograron por su propio mérito asociarse con las clases superiores de su tiempo. Otro tanto puede decirse de los principales actores del siglo xix; pero sólo a fines de este siglo, en que fue conferido el título de nobleza a Henry Irving, pudieron los actores alternar con la buena sociedad. Afortunadamente para el teatro, los actores gozan hoy día de la misma estimación social que los pintores, escultores, arquitectos, autores y demás artistas.

    Educación de los actores. La cuestión de saber si el arte de representar puede o no ser enseñado no es más problemática que si se plantea en relación con las demás artes. Muchas de las cualidades que capacitan a un aspirante a sobresalir en el arte pueden indudablemente ser adquiridas por el ejemplo y perfeccionadas a fuerza de estudio bajo una buena dirección. La gracia en el porte, la propiedad en los gestos, la modulación de la voz pueden aprenderse indudablemente; pero el instinto dramático, la personalidad teatral, es un don de la Naturaleza. Como el poeta, el actor, nace, no se hace; pero tanto uno como otro necesitan de una experiencia larga y difícil. El Gobierno francés ha mantenido, a través de los siglos, una escuela de actores, de la cual la Comedie Franfaise, la compañía más famosa del mundo, extrae sus actores; la mayoría de los mejores actores y actrices franceses han pasado por este conservatoire parisino. En Inglaterra, donde las escuelas dramáticas no han prosperado nunca y debido a ese motivo precisamente, las tradiciones del drama clásico no han podido transmitirse ininterrumpidamente a los actores modernos como en Francia, donde existe continuidad desde la compañía de Moliére a nuestros días a través de la Comédie Franfaise. En los Estados Unidos la Academia Americana de Arte Dramático, fundada por Franklin H. Sargent en Nueva York (1884), ha preparado a muchos estudiantes que alcanzaron éxito en el teatro.


    El siglo xix ha traído al teatro nuevos adelantos y nuevos actores. Es la época de los «ismos», especialmente el naturalismo y el expresionismo. Según el primero, un actor no puede expresar aceptablemente una emoción que nunca ha experimentado. El expresionismo concede más importancia a la expresión de las emociones internas —tanto en el escritor como en el actor—al aparato externo.

    Entre los actores que adquirieron fama mundial se encuentran Walter Hampden, Katherine Cornell, Frank Craven, Alfred Lunt, Lynn Fontanne, Helen Hayes, los Barrymore, Cornelia Otis Skinner, Judith Anderson y Maurice Evans.

    En la escena española descuellan actores como Tallavi, Morano, Borras y Mendoza; y actrices como María Guerrero, Moragas, Margarita Xirgú y la hispanoamericana Lola Membrives.

    Con el cine nació para el arte de la representación escénica un nuevo campo de inmensas posibilidades. En él adquirieron fama y riqueza muchos actores, tales como Mary Pickford, Charlie Chaplin, Greta Garbo, Bette Davis, Gloria Swanson, Marlene Dietrich, Walter Huston, Allec Guinness, Charles Laughton y Laurence Olivier. Véase Cine; Drama; Ópera; Teatro.

    Origen etimológico de la palabra: proviene de la palabra latina āctor (que significa "que hace, que actúa"), a su vez de agere (que significa "hacer")



Sinónimos y antónimos de actor
Sinónimos de actor (-ra): acusador, demandante, litigante, querellante
Ver todos los sinónimos, antónimos y palabras relacionadas aquí: actor

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Ejemplos de oraciones con actor (y derivados)
« Busquemos en los niños, tras esos ojos que dan al espectador la risa que este espera, y veremos en esa mirada el velo del actor. »
« Mientras Chao hablaba de la censura, el actor al que había contratado se despojó de cuanto llevaba encima. »
« El actor Charlton Heston, ganador del premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, no siempre ha obtenido reseñas laudatorias. »
« El actor Heston asegura que Laurence Olivier le enseñó "la verdad más valiosa acerca de la crítica": »
« -Bueno -dije filosóficamente-, supongo que uno como actor aprende a olvidar las reseñas desfavorables. »

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Más ejemplos en la web:
Análisis de actor
Se emplea como: sustantivo masculino
La palabra actor tiene 2 sílabas.
Separación en sílabas de actor: ac-tor
Tiene su acento prosódico (sin tilde) en la sílaba: tor
Tipo de acentuación de actor: Palabra aguda (también oxítona).
Pronunciación (AFI): [ açˈtoɾ ]
Palabra inversa: rotca
Número de letras: 5
Posee un total de 2 vocales: a o
Y un total de 3 consonantes: c t r
¿Es aceptada "actor" en el diccionario de la RAE? Ver aquí

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Abreviaturas empleadas en la definición
For. = Forense (adm. de justicia)
m. = sustantivo masculino
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Cómo citar la definición
Definiciones-de.com (2014). Definición de actor - ALEGSA © 17/03/2014 url: http://www.definiciones-de.com/Definicion/de/actor.php

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actor
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