Se emplean adicionados a los polvos sucedáneos de la levadura y en ciertos extintores de incendios. También se usan como mordientes en tintorería, en el apresto del papel y en materiales ignífugos.
Por el calor, los alumbres pierden agua y algo de trióxido de azufre; el producto, denominado «alumbre calcinado», tiene uso medicinal como astringente. Los alumbres son muy solubles en agua caliente, pero mucho menos en frío, por lo que es fácil y barato purificarlos por cristalización F. P. Cassaretto
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