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(1685-1753). Filósofo irlandés, nacido cerca de Thomastown. A los 21 años formaba parte del claustro del Trinity College de Dublín. Antes de los 29 publicó sus principales tratados filosóficos: Essay Towards a New Theory of Vision (1709) y The Principies of Human Kno wledge (1710).
En Three Dialogues Between Hylas and Philonus (1713) presenta su argumentación más fuerte contra la existencia de la materia, su contribución máxima al pensamiento metafísico. En ella sostiene que la materia sólo existe en el momento de ser percibida. Amplió esta idea para probar la existencia de Dios razonando que los seres materiales pudieran existir en ausencia del hombre en virtud de la percepción divina de los mismos.
Según Berkeley, el entendimiento no puede representar más que ideas determinadas, particulares y concretas.
La materia no existe para Berkeley, que profesa un espiritualismo e idealismo extremados. No hay más ser que percibir y ser percibido.
Detrás de las ideas no hay ninguna sustancia material (esse est percipi). El mundo material es sólo percepción del yo.
Para Berkeley es Dios mismo quien, presente en nuestras almas, produce en ellas las ideas que la impresionan.
En 1713 pasó a Inglaterra y fue presentado a Joseph Addison y Alexander Pope por Jonathan Swift y Sir Richard Steele. En 1715-20 viajó por el extranjero; su regreso a la patria coincidió con los escándalos del proyecto del Mar del Sur.
Desengañado de la vida en el viejo mundo, proyectó un colegio misionero en las Bermudas para la cristianización de los indios. Contando con la promesa de ayuda financiera por parte del Gobierno inglés, partió en 1728 con su prometida, la hija del presidente de la Cámara Irlandesa de los Comunes.
Transcurrieron tres años, durante los que vivió en Rhode Island (Nueva Inglaterra), antes de perder la esperanza de conseguir la ayuda prometida del Gobierno y regresó luego a Londres. Preconizado obispo de Cloyne (1734), se interesó por la política irlandesa y en su Querist (1735-37) se anticipó a Adam Smith en cuestiones de economía política.
Su pensamiento filosófico constituye un importante eslabón entre John Locke y David Hume. Planteada la cuestión de «cómo se adquiere el conocimiento», concluyó con Locke que no existen ideas generales abstractas.
Ver: Ciencia y método científico.
En Three Dialogues Between Hylas and Philonus (1713) presenta su argumentación más fuerte contra la existencia de la materia, su contribución máxima al pensamiento metafísico. En ella sostiene que la materia sólo existe en el momento de ser percibida. Amplió esta idea para probar la existencia de Dios razonando que los seres materiales pudieran existir en ausencia del hombre en virtud de la percepción divina de los mismos.
Según Berkeley, el entendimiento no puede representar más que ideas determinadas, particulares y concretas.
La materia no existe para Berkeley, que profesa un espiritualismo e idealismo extremados. No hay más ser que percibir y ser percibido.
Detrás de las ideas no hay ninguna sustancia material (esse est percipi). El mundo material es sólo percepción del yo.
Para Berkeley es Dios mismo quien, presente en nuestras almas, produce en ellas las ideas que la impresionan.
En 1713 pasó a Inglaterra y fue presentado a Joseph Addison y Alexander Pope por Jonathan Swift y Sir Richard Steele. En 1715-20 viajó por el extranjero; su regreso a la patria coincidió con los escándalos del proyecto del Mar del Sur.
Desengañado de la vida en el viejo mundo, proyectó un colegio misionero en las Bermudas para la cristianización de los indios. Contando con la promesa de ayuda financiera por parte del Gobierno inglés, partió en 1728 con su prometida, la hija del presidente de la Cámara Irlandesa de los Comunes.
Transcurrieron tres años, durante los que vivió en Rhode Island (Nueva Inglaterra), antes de perder la esperanza de conseguir la ayuda prometida del Gobierno y regresó luego a Londres. Preconizado obispo de Cloyne (1734), se interesó por la política irlandesa y en su Querist (1735-37) se anticipó a Adam Smith en cuestiones de economía política.
Su pensamiento filosófico constituye un importante eslabón entre John Locke y David Hume. Planteada la cuestión de «cómo se adquiere el conocimiento», concluyó con Locke que no existen ideas generales abstractas.
Ver: Ciencia y método científico.
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