Poco después por orden del Emperador marchó a Granada al objeto de trabajar en la Capilla Real juntamente con los artistas extranjeros Bigarny y Jacopo el Indaco. A partir de aquí el prestigio y el renombre del escultor crecen rápidamente y los encargos y demandas que recibe se suceden sin descanso. Hacia 1526 contrajo matrimonio en Valladolid con Juana de Peveda, de la que tuvo cuatro hijos. La labor desarrollada por Berruguete en España es considerable; consta de estatuas de mármol, de piedra o de madera y de retablos admirables en los que a veces son de su mano la pintura y la escultura. Sus producciones más importantes se encuentran en Toledo (sillería del coro de la catedral), Valladolid, Salamanca y Cáceres. Su primera obra conocida es el retablo de La Mejorada (1526), hoy en el Museo vallisoletano, obra en la que ya se patentizan las cualidades genuinas de audacia y fogosa espontaneidad características del gran artista, aunque no deje de percibirse la influencia italiana que siempre hallaremos contrapesando en parte la vehemencia de sus hispánicos impulsos. Más importante es el retablo del monasterio toledano de San Benito, cuyos restos se conservan igualmente en el Museo de Valladolid (1532). Era un retablo grandísimo muy representativo de la personalidad de Berruguete y que éste contrató con el abad Fray Alonso de Toro.
También deben mencionarse el retablo de Santiago de los Irlandeses, de Salamanca (1529), obra en la que se acusa muy logrado el patetismo de la escena; el de Santiago de Valladolid (1537), dedicado a la Adoración de los Reyes e inspirado en el de la Capilla de los Médicis; el retablo de la Visitación, joya del convento de Santa Úrsula, de Toledo, en el que las formas alcanzan un estremecimiento de dramática espiritualidad. De esta obra ha dicho Gómez Moreno que es «una de las creaciones más soberanas de Berruguete»; y finalmente el retablo de la iglesia de Santiago, de Cáceres, ejecutado en su mayor parte por discípulos, atribuyéndose al maestro el relieve de la Estigmatización de San Francisco. El arte escultórico de Berruguete es de una originalidad y una riqueza prodigiosas. La influencia de su formación italiana queda en él dominada por un temperamento vibrante e impulsivo que le hace huir de la concepción clásica de las formas para dar, mediante una técnica inquieta, abocetada y barroca, la expresión de un mundo de espontáneos sentimientos incontenibles. Este dinamismo ardientemente espiritual y humano, le lleva frecuentemente a quebrantar la «disciplina de las reglas» a las que no siempre cuida de ajustarse. Son estas libertades las que a veces le hacen caer en fallos y descuidos que lo convierten en un ejecutor desigual. Pero su genialidad es tan poderosa que hace de él la personalidad escultórica más representativa y la más digna de atención del Renacimiento español. Alonso Berruguete murió en Toledo, en el hospital de Afuera, a fines de setiembre.
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