En 1482 regresó a España y entró al servicio de la catedral de Toledo, donde trabajó hasta 1495 pintando varios frescos y la serie de cuadros del claustro Los últimos años de su vida los pasó en Ávila. Desplegó en este periodo una importante actividad artística en el convento de Santo Tomás y en la catedral de la ciudad. Allí le sorprendió la muerte a finales de 1503 o comienzos de 1504. Por sus dotes de observación, su fuerte realismo, la personal individualización que imprime a las figuras y la vigorosa ejecución de sus creaciones, Berruguete aparece como uno de los más grandes pintores españoles.
Entre sus mejores obras se encuentran el retablo de La Inmaculada Concepción, de la iglesia de Paredes, el díptico de la catedral de Palencia, La Asunción de la Cartuja de Miradores y la serie de tablas del Museo del Prado que representan los milagros de San Pedro, de Santo Tomás de Aquino y de Santo Domingo. Fue el padre y el primer maestro del genial escultor renacentista Álonso Berruguete, a quienes muchos consideran como el Miguel Ángel español.
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