Bismarck fue nombrado canciller del Reino de Prusia en 1862 y desempeñó un papel crucial en la política alemana durante las décadas de 1860 y 1870. Utilizó una estrategia diplomática y militar para unificar los numerosos estados alemanes en un solo imperio bajo la dirección de Prusia.
Su política se basó en la idea del "realismo político", lo que implicaba el uso de la fuerza y la diplomacia para lograr los objetivos nacionales. Bismarck llevó a cabo una serie de guerras exitosas, como la Guerra de los Ducados y la Guerra franco-prusiana, que le permitieron expandir los territorios prusianos y consolidar el poder de Alemania.
Además de su papel en la unificación de Alemania, Bismarck implementó una serie de reformas internas en el país. Estableció un sistema de seguridad social, promovió la industrialización y modernización de la economía alemana, y tomó medidas para fortalecer el poder del estado prusiano.
Sin embargo, a pesar de sus logros, Bismarck también enfrentó críticas y oposición. Después de su destitución en 1890 por el emperador Guillermo II, Alemania se embarcó en una política más agresiva y expansionista que finalmente condujo a la Primera Guerra Mundial.
En resumen, Otto von Bismarck fue un líder político influyente en la historia de Alemania, conocido por su papel en la unificación del país y por sus reformas internas. Su legado sigue siendo objeto de debate y análisis en la actualidad.
Historia completa de la vida de Otto Von Bismarck
(1815-98). Estadista alemán, llamado el Canciller de Hierro, nacido en Schonhausen, hijo de un capitán de caballería retirado.
Estudió Derecho en Griefs-wald y Gotinga y participó activamente en la vida universitaria. Tras una corta permanencia en el servicio civil prusiano, vivió en la hacienda de Schonhausen, que heredó de su padre en 1845. Poco después (1847) participó en la Dieta Combinada de las Provincias Prusianas como diputado de la suya.
Polemista agudo, se distinguió por sus ideales ultraconservadores. Combatió los movimientos revolucionarios de 1848 y apoyó al rey Federico Guillermo IV de Prusia en su repulsa de la corona imperial alemana ofrecida por el Parlamento revolucionario de Francfort.
Abortada la revolución y disuelto el Parlamento, fue enviado por el rey (1851) en representación de Prusia al restaurado Bundestag (Dieta Confederada Permanente) de Francfort, donde permaneció ocho años.
En este periodo modificó decisivamente sus puntos de vista sobre política exterior y, herido en su orgullo prusiano por la conducta arrogante de los diplomáticos austríacos frente a la Dieta que presidían, llegó a la conclusión de que era Austria el enemigo natural de Prusia.
Aconsejó con firmeza al rey que se mantuviese apartado de la guerra de Crimea para no enajenarse la amistad de Rusia. Al imponer su oposición se apuntó el primer tanto en la dura lucha de una diplomacia hostil.
Su formación diplomática siguió robusteciéndose con el nombramiento de embajador en Rusia (1859-62) hecho a su favor por el hermano y sucesor del rey, el príncipe regente Guillermo (más tarde Guillermo I).
En el verano de 1862, como embajador en la corte de Napoleón III, supo calar profundamente en el estado de corrupción del Gobierno francés, experiencia que sabría aprovechar años más tarde.
En este mismo verano, durante una corta estancia en Londres, asombró a los estadistas ingleses con su programa político: «... (cuando llegue a ser primer ministro) mi cuidado principal consistirá en reorganizar el Ejército con ayuda de la Dieta o sin ella.
Tan pronto como el Ejército se encuentre en condiciones que inspiren el debido respeto, buscaré el primer pretexto para declarar la guerra a Austria, disolveré la Dieta alemana, someteré los Estados menores y lograré la unidad alemana bajo la dirección de Prusia». Nueve años después (1862-71) quedarían convertidos en realidad tan ambiciosos proyectos.
Formación del Imperio Alemán
A fines de 1862 asumía los cargos de primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores. Poco después sorprendía al mundo declarando en el Comité de Procedimientos de la Dieta prusiana: «Prusia no puede soportar sola todo el peso militar.
En él ha de participar también Alemania. No podemos alcanzar nuestros finés con discursos, sociedades o mayoría de votos, sino sólo con sangre y hierro.» A la vista de estas afirmaciones se comprenden perfectamente sus acciones encaminadas a la unificación alemana. A despecho de las objeciones de la Dieta llevó a cabo el programa de reformas militares propugnado por el Rey y, violando la Constitución de 1850, impuso cargas que habían sido rechazadas por la Dieta.
Su política internacional avanzó hacia los objetivos previstos. Convenció en primer lugar a Austria para que entrase en una alianza agresiva contra Dinamarca y, cuando se hubo apoderado de la provincia danesa de Schleswig-Holstein (1864), se revolvió contra su aliada y declaró nula e inválida la Constitución de la Confederación Germánica de 1815.
Austria quedó vencida en la llamada Guerra de las Siete Semanas (junio y julio 1866). Comenzaba la unificación alemana.
El reino de Hannover, los ducados de Hesse-Nassau y Schleswig-Holstein, el electorado de Hesse y la ciudad libre de Francfort quedaron anexionados a Prusia.
En 1867 organizó Bismarck la Confederación de Alemania del Norte, que comprendía Prusia y todos los estados del norte y centro de Alemania. Nombrado canciller de la misma, firmó por separado con los cuatro estados alemanes del sur alianzas secretas.
Su objetivo inmediato consistió en destruir la posición dominante de Francia en Europa. En 1867, en disputa con Napoleón III sobre el Gran Ducado de Luxemburgo, hubo de conformarse con la neutralización de este territorio. Su desquite llegaría en julio de 1870.
Tras asegurarse de la neutralidad de Rusia en un conflicto con Francia utilizó la candidatura de un Hohenzollern al trono vacante de España como trampa para cazar al Gobierno francés. Napoleón III y sus ministros cayeron, en efecto, en ella.
En la subsiguiente guerra declarada por Francia a Prusia los Estados alemanes del sur hicieron causa común con el resto de Alemania.
En la capitulación de París, Bismarck dictó las cláusulas del armisticio de Versalles (febrero 1871) y de la Paz de Francfort (10 mayo 1871), en cuya virtud eran devueltas a Alemania la provincia de Alsacia y parte de la Lorena con Metz.
El 18 de enero de 1871 tuvo lugar en Versalles el episodio más humillante para Francia: la solemne coronación del rey Guillermo I de Prusia como emperador de Alemania. Por su parte Bismarck recibió el nombramiento de canciller del Reich alemán y la dignidad de príncipe.
El Gran Canciller. Seguidamente emprendió una serie de reformas internas: judiciales, monetarias, económicas, militares y administrativas.
Por razones a la vez interiores y exteriores declaró guerra abierta a la Iglesia Católica (1871-87), aunque luego hubo de echar pie atrás. Entre 1870 y 1890 dirigió asimismo sus ataques contra los socialistas.
En ambos casos actuó apoyado en leyes extraconstitucionales. Promovió una serie de amplias medidas laborales para ganarse a los trabajadores y neutralizar los afanes internos de reforma.
En política exterior su meta a partir de 1871 consistió en aislar a Francia para hacer imposible todo intento de desquite. A tal fin concluyó un convenio con Austria y Rusia (1872) y como eso no bastara amenazó a Francia con la guerra (1875). Después de la I Guerra Mundial se supo que hubiera ido a la guerra con Francia en aquella sazón de no haberse interpuesto Rusia e Inglaterra.
Entonces se erigió en sincero campeón de la paz, tanto que, a la terminación de la Guerra Ruso-Turca (1877-78), actuó de amigable componedor en el arreglo de la difícil situación creada como resultado de la misma.
Presidió como mediador el Congreso de Berlín (junio-julio 1878), en que las consecuencias de la guerra fueron orilladas a satisfacción de todos. De 1875 a 1890 sus esfuerzos se encaminaron a asegurar la posición alemana y preservar al mismo tiempo la paz.
Fiel a tal propósito, concluyó tratados de alianza con Austria (1879) e Italia (1882), una alianza secreta con Rumania y un pacto de seguridad con Rusia (1887). Procuró al mismo tiempo que Italia y Austria firmaran pactos de ayuda naval con Inglaterra.
Como resultado de todo ello, a eso de 1880, Francia quedaba totalmente aislada del resto de Europa. A pesar de sus deseos de paz fue incapaz, pasado el tiempo, de contener las pasiones imperialistas alemanas, alimentadas en los años de conquistas.
Arrastrado por la opinión pública, hubo de ceder a la conquista de colonias en África y el Pacífico. Con motivo de la cuestión de Samoa (v. Samoa, Islas, Historia) se desató una ola de nacionalismo que llevó a Alemania a una seria disputa diplomática con Estados Unidos (1889).
La caída de Bismarck
La posición preeminente en que Bismarck había colocado al rey-emperador al amparo de la Constitución de 1871 no perjudicó al canciller mientras vivió Guillermo I (m. en 1888).
En efecto, sus relaciones con éste fueron excelentes a pesar de la marcada hostilidad de la emperatriz y la princesa de la corona, hija de la reina Victoria.
Exactamente lo mismo ocurrió durante el corto reinado de Federico III (marzo-junio 1888). Pero, poco después, al subir al trono el hijo de éste, Guillermo II, se vio claramente que éste deseaba ser «su propio canciller».
El 20 de marzo de 1890, el hombre que había edificado todo el poderío y grandeza de la Casa de Hohenzollern fue relevado de su cargo por el Kaiser «como si se tratase de un criado desleal», según su propia afirmación. Seguidamente se retiró a su castillo de Friedrichsruh, cerca de Hamburgo, en el que permaneció ocho años luchando contra la que él juzgaba perniciosa y caprichosa política del Kaiser.
En su última hora predijo el estallido de una terrible guerra europea a consecuencia de Serbia y abrigó tristes dudas sobre la capacidad de Alemania para salir airosa de tal prueba. Al final de su vida publicó sus memorias, que fueron traducidas a varios idiomas.
Véase Alemania, Historia.
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