1
Comercio internacional es el realizado entre entidades políticas o naciones soberanas. Existen pruebas concluyentes de que el intercambio entre tribus y unidades políticas, promovido por conveniencias mutuas, precedió a las relaciones comerciales en la esfera doméstica o interior.
En el Feudalismo europeo el comercio interior estuvo prácticamente paralizado, pero el exterior no cesó enteramente en ningún momento; las Cruzadas permitieron establecer un próspero intercambio con el Próximo y Lejano Oriente antes de que las ciudades y los mercados formaran parte integrante de la economía europea.
El comercio internacional moderno creció a la par de una serie de acontecimientos que se inician con el nacimiento de los estados nacionales europeos al final del periodo feudal. Los primeros sistemas políticos de Europa se atuvieron a las normas del mercantilismo.
La expansión del uso del dinero como medio de cambio y la importación de enormes cantidades de oro y plata procedentes de América, recientemente descubierta, convirtieron en el siglo xvi los metales preciosos en signos característicos de poderío y riqueza.
Al mismo tiempo, la lucha por la supremacía entre las distintas naciones enfocó la actividad política sobre la conveniencia de obtener oro y plata a través del comercio internacional cuando no había forma de adquirirlos en América.
Como consecuencia, los diversos gobiernos de aquel periodo fomentaron la producción y los intercambios internacionales para lograr un constante exceso de exportaciones sobre las importaciones y conseguir que el oro entrase en el país y fluyese hacia el tesoro nacional. Véase Balanza de comercio.
Durante el siglo xviii, las constantes restricciones y la meticulosa supervisión de la política mercantilista resultaron excesivamente onerosas para los comerciantes. A ello se debe que los fisiócratas en Francia y los economistas ingleses de la escuela clásica decimonónica defendieran la teoría del laissez faire o comercio libre, que inauguraría una era de expansión en las relaciones internacionales a pesar de los retrocesos producidos por las guerras y los periodos de proteccionismo arancelario.
El siglo xix fue también testigo de otros acontecimientos que desempeñaron importante papel en la evolución del comercio internacional. A principios de siglo comenzó la industrialización de Inglaterra, primero a paso lento, después a ritmo acelerado.
Esa industrialización, sumada al crecimiento demográfico y a la importancia concedida al establecimiento de una fuerza laboral grande y activa, orientó la política económica exterior de Gran Bretaña hacia la importación de materias primas y la exportación de géneros manufacturados.
Al mismo tiempo, los Estados Unidos se constituían en poderosa nación independiente, los países sudamericanos formaban unidades nacionales y económicas asimismo independientes y Alemania e Italia surgían como entidades políticas formadas por la agrupación de numerosas pequeñas soberanías.
El conjunto de todas estas circunstancias favoreció el aumento en volumen y expansión del intercambio entre los diversos países y regiones. Además, la fabulosa riqueza en primeras materias del Nuevo Mundo motivó una enorme corriente de inmigrantes que, al encontrarse capacitados para alcanzar un superior nivel de vida, incrementaron la demanda de productos manufacturados del Viejo Mundo.
Los datos estadísticos indican que el volumen total del comercio mundial se incrementó notoriamente a principios del siglo XX hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, observándose un notable aumento en lo que respecta a productos alimenticios y materias primas, que antes sólo se obtenían para consumo doméstico, y productos acabados.
Durante el siglo xx continuó la industrialización, se mejoraron y extendieron los transportes y comunicaciones intracontinentales e intercontinentales y se estableció firmemente en varios países la Producción en serie, con lo que algunas de las industrias organizadas en esta forma ampliaron sus mercados al extranjero a fin aprovechar los beneficios de la producción en gran escala.
A pesar de que el volumen del comercio mundial continuó incrementándose entre ambas guerras mundiales para alcanzar su ápice de época de paz en 1929, el índice de aumento decreció en comparación con el periodo anterior a 1914. Esto se explica en parte por la desorganización causada por un periodo de guerras y depresiones, pero también por las medidas proteccionistas tomadas después de la I Guerra Mundial.
Próxima a terminar la década 1920-30, los países agrícolas producían sus artículos en tal cantidad que les resultaba difícil encontrar mercados para darles salida y los precios empezaron a descender.
En 1930, la Ley Smoot-Hawley, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos, levantó una formidable barrera arancelaria frente a los productos de otros estados que pudieran ser expedidos al país en pago de obligaciones de guerra.
Alemania estableció bajo el régimen nacionalsocialista un programa controlado por el gobierno y basado en la limitación del intercambio, el establecimiento de cupos de intervención, el apoyo a ciertas industrias y los acuerdos. económicos, todo ello en virtud del principio del interés propio antes que en el del libre comercio mundial.
Inglaterra adoptó en 1931 el sistema de la «preferencia imperial» y desarrolló su «bloque de la esterlina» en un esfuerzo por consolidar su posición económica. El panorama del comercio mundial en 1933 era aún menos satisfactorio. La mayor parte de los países, preocupados por los efectos interiores de la depresión, favorecieron el desarrollo de la autarquía económica y adoptaron políticas bilaterales; entre 1934 y 1939 los Estados Unidos concertaron más de 30 convenios comerciales recíprocos.
El comercio internacional mantuvo su actividad entre 1930 y 1940 gracias a las fuerzas vitales de la interdependencia económica y la especialización territorial. Los 10 países más importantes por lo que respecta al volumen de importaciones y exportaciones fueron en orden cuantitativo: Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, Canadá, Bélgica y Luxemburgo, Holanda, India Británica e Italia. La mayor parte del volumen comercial se centró sobre unos pocos productos básicos, principalmente agrícolas o industriales.
Al estallar la II Guerra Mundial, el comercio internacional se transformó en una poderosa arma ofensiva y defensiva. Los intercambios comerciales entre los aliados y los países hispanoamericanos aumentaron al iniciar Sudamérica la venta en gran escala de materias primas y productos alimenticios. Estados Unidos y Canadá acordaron abolir mutuamente toda clase de controles sobre la exportación del material de defensa. Inglaterra recibió un suministro ininterrumpido de mercancías de sus dominios y colonias.
En la posguerra, las variaciones en los factores políticos y económicos influyeron tanto en favor como en contra de la recuperación y expansión del comercio mundial. Era evidente que el modelo de balanza económica universal que surgiría sería diferente del anterior a la guerra.
La necesidad perentoria de artículos de consumo en los países asolados por la guerra fue resuelta por los envíos americanos a Europa y al Lejano Oriente bajo la dirección de la Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas (UNRRA). A finales de 1946 se estaban expidiendo grandes cantidades de mercancías y bienes de producción para ayudar a las tareas de reconstrucción y rehabilitación. También revisten importancia los envíos realizados por otras asociaciones de cooperación económica.
Según una estadística de las Naciones Unidas, las exportaciones totales mundiales durante la primera mitad de 1950 superaron en un 13 % a las cifras alcanzados en 1937 y 1948; la dependencia económica con respecto a los Estados Unidos fue menor que en cualquier otro momento de la posguerra.
El factor que más poderosamente influyó sobre el panorama del comercio mundial fue la actitud de los diversos países, favorable unas veces al restablecimiento de medidas de comercio libre y otras a la permanencia de los controles y el proteccionismo gubernamentales. Especialmente importante fue la adopción del Convenio General sobre Tarifas y Comercio, firmado en Ginebra el 30 de octubre de 1947, para la supresión de las barreras comerciales y controles de todas clases, sin excluir los aranceles, derechos preferenciales, controles internos, normas aduaneras y subsidios (v. Arancel).
Por otra parte no existían indicios de que Rusia abandonaría su política de monopolio oficial directo sobre el comercio exterior, Hispanoamérica mantuvo los controles de guerra durante cierto tiempo y muchos países europeos conservaron sus misiones económicas oficiales en países extranjeros.
Exportación es un término aplicado a los productos o artículos de comercio enviados a través de las fronteras de un país hacia naciones extranjeras; importación es término correlativo para la entrada en el territorio de un determinado país de artículos de origen extranjero. Las relaciones comerciales reales de cada país con los restantes son por demás complejas. Es posible, en sentido abstracto, considerar las importaciones y exportaciones de un país en un mes o en un año y presentarlas en forma de balance de su comercio. Tal informe es necesariamente incompleto. Las importaciones de un periodo se pueden compensar con las exportaciones de otro o una cierta exportación puede corresponder a un préstamo de duración indefinida.
Las importaciones y las exportaciones se clasifican en «visibles» e «invisibles». Las mercancías «reales», así como el oro y la plata, son artículos visibles de comercio que atraviesan las oficinas aduaneras y cuya cantidad y valor se registran en informes comerciales.
Las partidas invisibles están constituidas por los gastos en un país de viajeros extranjeros, ingresos obtenidos por los barcos de un país que transportan mercancías de una nación extranjera, pagos realizados por ciudadanos a sus amigos o parientes residentes en otros países, ganancias de los súbditos de una nación en virtud de servicios comerciales prestados a extranjeros que se encuentran en sus propios países, esto es, participaciones y comisiones, intereses y amortizaciones de capitales invertidos en el extranjero. Es imposible establecer informes económicos exactos para muchos de estos conceptos, pero la mayor parte de los países intentan calcular las cifras totales.
Para mantener una economía estable, cada país debe compensar a la larga las importaciones con las exportaciones y viceversa. Sin embargo, en un determinado periodo de tiempo, una nación puede tener un exceso de importaciones totales sobre las exportaciones o bien lo contrario. Si las exportaciones superan a las importaciones, el país tiene una balanza de comercio «favorable»; en caso contrario presenta una balanza de comercio «desfavorable». Es evidente que un país que presenta exceso de importaciones durante largo periodo de tiempo depende del resto del mundo para poder mantener su nivel económico.
Por otra parte, una nación cuyas exportaciones superan normalmente a las importaciones produce en tal cantidad que puede permitirse vender al extranjero gran parte de su producción; pero no es ortodoxo, económicamente hablando, considerar un alto nivel de exportaciones como signo inequívoco de prosperidad interior.
Un país puede reducir su nivel de vida normal; aún más, empobrecerse totalmente, si envía al exterior gran parte de los artículos que representan sus recursos naturales y la labor productiva de su pueblo. A veces, sin embargo, resulta interesante desde el punto de vista político y aun desde el económico para los países de elevada producción exportar cantidades considerables de géneros por un periodo prolongado a los países cuya capacidad se ha visto disminuida por la guerra o por cualquier desastre para restablecer su funcionamiento económico.
El valor total anual de los productos que un país puede suministrar a otro raras veces equivale al de los géneros y servicios que éste puede ofrecer en devolución, a causa de la variedad de los recursos, cosechas, producciones e industrias de cada país. En condiciones normales, esta desigualdad en los balances recíprocos de dos países determinados se compensa con los balances de signo contrario que cada uno de ellos tiene en relación con los demás países. Este sistema se llama comercio multilateral.
Normalmente, el comercio internacional del siglo xx incluye tres tipos generales de intercambio. El primero es el realizado entre los países de zonas tropicales y los de áreas templadas; es una interdependencia natural de las regiones que no pueden ofrecerse productos similares. El segundo se desarrolla entre los países que producen materias primas y géneros alimenticios y los que presentan un alto grado de industrialización. El tercero se lleva a efecto entre países que se encuentran totalmente industrializados, pero especializados en diferentes ramas a causa de los diferentes recursos naturales, equipos técnicos, condiciones económicas o tradiciones industriales de cada país.
Además, la importancia del volumen comercial exterior de una nación con respecto a su vida económica está condicionada por su densidad de población, sus recursos económicos y su tipo de organización económica. Las naciones pequeñas, por ejemplo Dinamarca y Suiza, que no poseen diversidad de artículos, y los países de población densa e industrialización casi total, como Inglaterra, dependen más que otros del comercio exterior para poder mantener su nivel de vida.
Estos países obtienen la mayor parte de sus ingresos vendiendo productos y servicios de alto valor y comprando los géneros que necesitan.
Algunos países, grandes, jóvenes y poco desarrollados, han sido atraídos a la esfera del comercio por el Imperialismo y por conquista más que por necesidad o deseo de ventajas económicas; pero, una vez desarrollados merced al capital extranjero invertido, adquieren potencia económica, abandonan sus niveles de vida tradicionales y se transforman en importantes entidades comerciales capaces de soportar la expansión de la población e incluso competir con los países más viejos en la obtención de mercados para sus productos.
Los principios generales del comercio internacional, desarrollados originariamente por Adam Smith y David Ricardo y complementados por sus discípulos, se basaban en la presunción de que mientras los artículos y servicios tienen una gran libertad de movimiento, no sucede lo mismo con los factores de producción, de lo que resulta manifiesta divergencia en el coste de la producción en los diversos países.
La causa que motiva el intercambio de mercancías y servicios reside en la demanda recíproca de cada país para los productos del otro y las cláusulas comerciales, es decir, los precios, vienen determinados por el costo relativo de producción de los géneros y por la intensidad de demanda en cada país negociante.
En general, la teoría trata de determinar en qué condiciones son más favorables las negociaciones comerciales de cada país en el mercado extranjero. Los primeros economistas ingleses demostraron que los países pagan sus importaciones con sus exportaciones y que la equivalencia de ambos valores constituye el punto de equilibrio.
También comprobaron que, si se produjeran en idéntica cantidad los géneros importados en el país que los recibe, se podría calcular el beneficio del comercio por la diferencia existente entre el coste de fabricación de estos artículos y el coste de las mercancías exportadas a cambio. Ricardo llegó aún más lejos: opinaba que, aun cuando un país fuese capaz de producir toda clase de artículos a coste inferior a cualquier otro, le convendría fabricar sólo aquellos en que fuera mayor el beneficio indicado por la diferencia de costos.
Estas doctrinas sólo consideraron el costo de la mano de obra, aparte de suponer que el costo unitario era constante con independencia del volumen de producción. Las nuevas teorías del costo de producción, desarrolladas por la escuela de utilidad marginal, lograron ampliar la tesis, pero al mismo tiempo complicaron su discusión. Los conceptos del coste creciente y decreciente invalidaron en parte algunas de las generalizaciones anteriores.
Los primeros economistas, incluso Hume, consideraron la teoría de los precios y el mecanismo monetario como un sistema regulador de las balanzas comerciales.
La doctrina evolucionó en torno al concepto de ajuste automático de los niveles de precios nacionales, de las importaciones y exportaciones visibles y de la circulación del oro (v. Cambio extranjero). Sin embargo, la simplicidad del concepto se ve perturbada en la práctica y surgen enormes dificultades para el estudio teórico del mercado internacional a causa de la interacción de los precios en los mercados internacionales y nacionales.
El poder adquisitivo del dinero en los diversos países difiere en todo momento a causa de las variaciones en los precios locales de las mercancías que no intervienen en el comercio exterior de un país determinado, pero también los precios internacionales de los géneros importados o exportados por la nación influirán sobre el nivel interior de precios.
El estudio teórico del comercio internacional toma como base unas condiciones normales de mercado libre y empresa privada; por ello resulta inaplicable en el caso de intervención gubernamental motivada por razones políticas o económicas.
Para más información ver: comercio.
En el Feudalismo europeo el comercio interior estuvo prácticamente paralizado, pero el exterior no cesó enteramente en ningún momento; las Cruzadas permitieron establecer un próspero intercambio con el Próximo y Lejano Oriente antes de que las ciudades y los mercados formaran parte integrante de la economía europea.
Desarrollo e historia del comercio internacional
El comercio internacional moderno creció a la par de una serie de acontecimientos que se inician con el nacimiento de los estados nacionales europeos al final del periodo feudal. Los primeros sistemas políticos de Europa se atuvieron a las normas del mercantilismo.
La expansión del uso del dinero como medio de cambio y la importación de enormes cantidades de oro y plata procedentes de América, recientemente descubierta, convirtieron en el siglo xvi los metales preciosos en signos característicos de poderío y riqueza.
Al mismo tiempo, la lucha por la supremacía entre las distintas naciones enfocó la actividad política sobre la conveniencia de obtener oro y plata a través del comercio internacional cuando no había forma de adquirirlos en América.
Como consecuencia, los diversos gobiernos de aquel periodo fomentaron la producción y los intercambios internacionales para lograr un constante exceso de exportaciones sobre las importaciones y conseguir que el oro entrase en el país y fluyese hacia el tesoro nacional. Véase Balanza de comercio.
Durante el siglo xviii, las constantes restricciones y la meticulosa supervisión de la política mercantilista resultaron excesivamente onerosas para los comerciantes. A ello se debe que los fisiócratas en Francia y los economistas ingleses de la escuela clásica decimonónica defendieran la teoría del laissez faire o comercio libre, que inauguraría una era de expansión en las relaciones internacionales a pesar de los retrocesos producidos por las guerras y los periodos de proteccionismo arancelario.
El siglo xix fue también testigo de otros acontecimientos que desempeñaron importante papel en la evolución del comercio internacional. A principios de siglo comenzó la industrialización de Inglaterra, primero a paso lento, después a ritmo acelerado.
Esa industrialización, sumada al crecimiento demográfico y a la importancia concedida al establecimiento de una fuerza laboral grande y activa, orientó la política económica exterior de Gran Bretaña hacia la importación de materias primas y la exportación de géneros manufacturados.
Al mismo tiempo, los Estados Unidos se constituían en poderosa nación independiente, los países sudamericanos formaban unidades nacionales y económicas asimismo independientes y Alemania e Italia surgían como entidades políticas formadas por la agrupación de numerosas pequeñas soberanías.
El conjunto de todas estas circunstancias favoreció el aumento en volumen y expansión del intercambio entre los diversos países y regiones. Además, la fabulosa riqueza en primeras materias del Nuevo Mundo motivó una enorme corriente de inmigrantes que, al encontrarse capacitados para alcanzar un superior nivel de vida, incrementaron la demanda de productos manufacturados del Viejo Mundo.
Los datos estadísticos indican que el volumen total del comercio mundial se incrementó notoriamente a principios del siglo XX hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, observándose un notable aumento en lo que respecta a productos alimenticios y materias primas, que antes sólo se obtenían para consumo doméstico, y productos acabados.
Durante el siglo xx continuó la industrialización, se mejoraron y extendieron los transportes y comunicaciones intracontinentales e intercontinentales y se estableció firmemente en varios países la Producción en serie, con lo que algunas de las industrias organizadas en esta forma ampliaron sus mercados al extranjero a fin aprovechar los beneficios de la producción en gran escala.
A pesar de que el volumen del comercio mundial continuó incrementándose entre ambas guerras mundiales para alcanzar su ápice de época de paz en 1929, el índice de aumento decreció en comparación con el periodo anterior a 1914. Esto se explica en parte por la desorganización causada por un periodo de guerras y depresiones, pero también por las medidas proteccionistas tomadas después de la I Guerra Mundial.
Próxima a terminar la década 1920-30, los países agrícolas producían sus artículos en tal cantidad que les resultaba difícil encontrar mercados para darles salida y los precios empezaron a descender.
En 1930, la Ley Smoot-Hawley, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos, levantó una formidable barrera arancelaria frente a los productos de otros estados que pudieran ser expedidos al país en pago de obligaciones de guerra.
Alemania estableció bajo el régimen nacionalsocialista un programa controlado por el gobierno y basado en la limitación del intercambio, el establecimiento de cupos de intervención, el apoyo a ciertas industrias y los acuerdos. económicos, todo ello en virtud del principio del interés propio antes que en el del libre comercio mundial.
Inglaterra adoptó en 1931 el sistema de la «preferencia imperial» y desarrolló su «bloque de la esterlina» en un esfuerzo por consolidar su posición económica. El panorama del comercio mundial en 1933 era aún menos satisfactorio. La mayor parte de los países, preocupados por los efectos interiores de la depresión, favorecieron el desarrollo de la autarquía económica y adoptaron políticas bilaterales; entre 1934 y 1939 los Estados Unidos concertaron más de 30 convenios comerciales recíprocos.
El comercio internacional mantuvo su actividad entre 1930 y 1940 gracias a las fuerzas vitales de la interdependencia económica y la especialización territorial. Los 10 países más importantes por lo que respecta al volumen de importaciones y exportaciones fueron en orden cuantitativo: Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, Canadá, Bélgica y Luxemburgo, Holanda, India Británica e Italia. La mayor parte del volumen comercial se centró sobre unos pocos productos básicos, principalmente agrícolas o industriales.
Al estallar la II Guerra Mundial, el comercio internacional se transformó en una poderosa arma ofensiva y defensiva. Los intercambios comerciales entre los aliados y los países hispanoamericanos aumentaron al iniciar Sudamérica la venta en gran escala de materias primas y productos alimenticios. Estados Unidos y Canadá acordaron abolir mutuamente toda clase de controles sobre la exportación del material de defensa. Inglaterra recibió un suministro ininterrumpido de mercancías de sus dominios y colonias.
En la posguerra, las variaciones en los factores políticos y económicos influyeron tanto en favor como en contra de la recuperación y expansión del comercio mundial. Era evidente que el modelo de balanza económica universal que surgiría sería diferente del anterior a la guerra.
La necesidad perentoria de artículos de consumo en los países asolados por la guerra fue resuelta por los envíos americanos a Europa y al Lejano Oriente bajo la dirección de la Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas (UNRRA). A finales de 1946 se estaban expidiendo grandes cantidades de mercancías y bienes de producción para ayudar a las tareas de reconstrucción y rehabilitación. También revisten importancia los envíos realizados por otras asociaciones de cooperación económica.
Según una estadística de las Naciones Unidas, las exportaciones totales mundiales durante la primera mitad de 1950 superaron en un 13 % a las cifras alcanzados en 1937 y 1948; la dependencia económica con respecto a los Estados Unidos fue menor que en cualquier otro momento de la posguerra.
El factor que más poderosamente influyó sobre el panorama del comercio mundial fue la actitud de los diversos países, favorable unas veces al restablecimiento de medidas de comercio libre y otras a la permanencia de los controles y el proteccionismo gubernamentales. Especialmente importante fue la adopción del Convenio General sobre Tarifas y Comercio, firmado en Ginebra el 30 de octubre de 1947, para la supresión de las barreras comerciales y controles de todas clases, sin excluir los aranceles, derechos preferenciales, controles internos, normas aduaneras y subsidios (v. Arancel).
Por otra parte no existían indicios de que Rusia abandonaría su política de monopolio oficial directo sobre el comercio exterior, Hispanoamérica mantuvo los controles de guerra durante cierto tiempo y muchos países europeos conservaron sus misiones económicas oficiales en países extranjeros.
Aspectos económicos del comercio internacional
Exportación es un término aplicado a los productos o artículos de comercio enviados a través de las fronteras de un país hacia naciones extranjeras; importación es término correlativo para la entrada en el territorio de un determinado país de artículos de origen extranjero. Las relaciones comerciales reales de cada país con los restantes son por demás complejas. Es posible, en sentido abstracto, considerar las importaciones y exportaciones de un país en un mes o en un año y presentarlas en forma de balance de su comercio. Tal informe es necesariamente incompleto. Las importaciones de un periodo se pueden compensar con las exportaciones de otro o una cierta exportación puede corresponder a un préstamo de duración indefinida.
Las importaciones y las exportaciones se clasifican en «visibles» e «invisibles». Las mercancías «reales», así como el oro y la plata, son artículos visibles de comercio que atraviesan las oficinas aduaneras y cuya cantidad y valor se registran en informes comerciales.
Las partidas invisibles están constituidas por los gastos en un país de viajeros extranjeros, ingresos obtenidos por los barcos de un país que transportan mercancías de una nación extranjera, pagos realizados por ciudadanos a sus amigos o parientes residentes en otros países, ganancias de los súbditos de una nación en virtud de servicios comerciales prestados a extranjeros que se encuentran en sus propios países, esto es, participaciones y comisiones, intereses y amortizaciones de capitales invertidos en el extranjero. Es imposible establecer informes económicos exactos para muchos de estos conceptos, pero la mayor parte de los países intentan calcular las cifras totales.
Para mantener una economía estable, cada país debe compensar a la larga las importaciones con las exportaciones y viceversa. Sin embargo, en un determinado periodo de tiempo, una nación puede tener un exceso de importaciones totales sobre las exportaciones o bien lo contrario. Si las exportaciones superan a las importaciones, el país tiene una balanza de comercio «favorable»; en caso contrario presenta una balanza de comercio «desfavorable». Es evidente que un país que presenta exceso de importaciones durante largo periodo de tiempo depende del resto del mundo para poder mantener su nivel económico.
Por otra parte, una nación cuyas exportaciones superan normalmente a las importaciones produce en tal cantidad que puede permitirse vender al extranjero gran parte de su producción; pero no es ortodoxo, económicamente hablando, considerar un alto nivel de exportaciones como signo inequívoco de prosperidad interior.
Un país puede reducir su nivel de vida normal; aún más, empobrecerse totalmente, si envía al exterior gran parte de los artículos que representan sus recursos naturales y la labor productiva de su pueblo. A veces, sin embargo, resulta interesante desde el punto de vista político y aun desde el económico para los países de elevada producción exportar cantidades considerables de géneros por un periodo prolongado a los países cuya capacidad se ha visto disminuida por la guerra o por cualquier desastre para restablecer su funcionamiento económico.
El valor total anual de los productos que un país puede suministrar a otro raras veces equivale al de los géneros y servicios que éste puede ofrecer en devolución, a causa de la variedad de los recursos, cosechas, producciones e industrias de cada país. En condiciones normales, esta desigualdad en los balances recíprocos de dos países determinados se compensa con los balances de signo contrario que cada uno de ellos tiene en relación con los demás países. Este sistema se llama comercio multilateral.
Normalmente, el comercio internacional del siglo xx incluye tres tipos generales de intercambio. El primero es el realizado entre los países de zonas tropicales y los de áreas templadas; es una interdependencia natural de las regiones que no pueden ofrecerse productos similares. El segundo se desarrolla entre los países que producen materias primas y géneros alimenticios y los que presentan un alto grado de industrialización. El tercero se lleva a efecto entre países que se encuentran totalmente industrializados, pero especializados en diferentes ramas a causa de los diferentes recursos naturales, equipos técnicos, condiciones económicas o tradiciones industriales de cada país.
Además, la importancia del volumen comercial exterior de una nación con respecto a su vida económica está condicionada por su densidad de población, sus recursos económicos y su tipo de organización económica. Las naciones pequeñas, por ejemplo Dinamarca y Suiza, que no poseen diversidad de artículos, y los países de población densa e industrialización casi total, como Inglaterra, dependen más que otros del comercio exterior para poder mantener su nivel de vida.
Estos países obtienen la mayor parte de sus ingresos vendiendo productos y servicios de alto valor y comprando los géneros que necesitan.
Algunos países, grandes, jóvenes y poco desarrollados, han sido atraídos a la esfera del comercio por el Imperialismo y por conquista más que por necesidad o deseo de ventajas económicas; pero, una vez desarrollados merced al capital extranjero invertido, adquieren potencia económica, abandonan sus niveles de vida tradicionales y se transforman en importantes entidades comerciales capaces de soportar la expansión de la población e incluso competir con los países más viejos en la obtención de mercados para sus productos.
Teoría
Los principios generales del comercio internacional, desarrollados originariamente por Adam Smith y David Ricardo y complementados por sus discípulos, se basaban en la presunción de que mientras los artículos y servicios tienen una gran libertad de movimiento, no sucede lo mismo con los factores de producción, de lo que resulta manifiesta divergencia en el coste de la producción en los diversos países.
La causa que motiva el intercambio de mercancías y servicios reside en la demanda recíproca de cada país para los productos del otro y las cláusulas comerciales, es decir, los precios, vienen determinados por el costo relativo de producción de los géneros y por la intensidad de demanda en cada país negociante.
En general, la teoría trata de determinar en qué condiciones son más favorables las negociaciones comerciales de cada país en el mercado extranjero. Los primeros economistas ingleses demostraron que los países pagan sus importaciones con sus exportaciones y que la equivalencia de ambos valores constituye el punto de equilibrio.
También comprobaron que, si se produjeran en idéntica cantidad los géneros importados en el país que los recibe, se podría calcular el beneficio del comercio por la diferencia existente entre el coste de fabricación de estos artículos y el coste de las mercancías exportadas a cambio. Ricardo llegó aún más lejos: opinaba que, aun cuando un país fuese capaz de producir toda clase de artículos a coste inferior a cualquier otro, le convendría fabricar sólo aquellos en que fuera mayor el beneficio indicado por la diferencia de costos.
Estas doctrinas sólo consideraron el costo de la mano de obra, aparte de suponer que el costo unitario era constante con independencia del volumen de producción. Las nuevas teorías del costo de producción, desarrolladas por la escuela de utilidad marginal, lograron ampliar la tesis, pero al mismo tiempo complicaron su discusión. Los conceptos del coste creciente y decreciente invalidaron en parte algunas de las generalizaciones anteriores.
Los primeros economistas, incluso Hume, consideraron la teoría de los precios y el mecanismo monetario como un sistema regulador de las balanzas comerciales.
La doctrina evolucionó en torno al concepto de ajuste automático de los niveles de precios nacionales, de las importaciones y exportaciones visibles y de la circulación del oro (v. Cambio extranjero). Sin embargo, la simplicidad del concepto se ve perturbada en la práctica y surgen enormes dificultades para el estudio teórico del mercado internacional a causa de la interacción de los precios en los mercados internacionales y nacionales.
El poder adquisitivo del dinero en los diversos países difiere en todo momento a causa de las variaciones en los precios locales de las mercancías que no intervienen en el comercio exterior de un país determinado, pero también los precios internacionales de los géneros importados o exportados por la nación influirán sobre el nivel interior de precios.
El estudio teórico del comercio internacional toma como base unas condiciones normales de mercado libre y empresa privada; por ello resulta inaplicable en el caso de intervención gubernamental motivada por razones políticas o económicas.
Para más información ver: comercio.
Enviar comentario o duda sobre «Comercio Internacional: definición, desarrollo e historia»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.