Por lo que respecta al origen del género y del adjetivo macabre no falta quien sostiene que se trata de un nombre propio, el del autor de la danza, que más tarde se adjetivó. Así este raro título significaría en su principio: «Danza de Macabre» (o sea: «Danza escrita por Macabre»). Sin embargo, la hipótesis más fundada es la que explica su origen por las conmemoraciones litúrgicas de los difuntos. Una de estas formas de conmemoración era la representación de un Chorea Machabeorum, basado en el texto del segundo Libro de los Macabeos, donde se narra la muerte de los siete hermanos, su fe en la resurrección y la institución de sacrificios para los difuntos. (Todavía hoy en la misa de difuntos se lee el Libro de los Macabeos). En la Danza de la Muerte española, que es una reelaboración del tema, un predicador introduce a la Muerte y ésta va llamando a los diferentes personajes según un orden decreciente de jerarquía eclesiástica y civil: Papa, Emperador, Cardenal, Rey, Patriarca, Duque, Arzobispo, Condestable, Obispo, Caballero, Abad, Escudero, Deán, Mercader, Arcediano, Abogado, Canónigo, Físico, Cura, Labrador, Monje, Usurero, Fraile, Portero, Ermitaño, Contador, Diácono, Recaudador, Subdiácono, Sacristán, Rabí, Alfaquí, Santero y «a todos los que aquí no he nombrado». Aquí está representada toda la sociedad. Mientras va llamando a sus deudos, la Muerte nos advierte sobre la brevedad de la vida y la necesidad de las buenas obras.
La fuerza dramática del tema no fue desaprovechada por los autores españoles del xvi y xvii. En el teatro prelopista encontramos varias piezas basadas en el tema de la Danza, de la Muerte: Farsa llamada «Danza de la Muerte», de Juan de Pedraza; Farsa de la Muerte, de Diego Sánchez de Badajoz; Coloquio de la Muerte con todas las edades y estados, de Sebastián de Horozco; Las Cortes de la Muerte, de Micael de Carvajal. De todas estas obras es quizás la última la de mayor mérito y la que fue más veces representada: en ella, la Muerte convoca a los mortales a Cortes y al final presenta un auto de fe para quemar a Lutero. También es de todas la más conocida por haber narrado Cervantes el encuentro de Don Quijote con los representantes de la farsa por los caminos de la Mancha. Se atribuye a Lope de Vega una Loa y auto sacramental de las Cortes de la Muerte. El influjo del tema y de las motivaciones de la Danza de la Muerte no se circunscribe al teatro prelopista sino que llega hasta El gran teatro del mundo de Calderón y hasta los Sueños de Quevedo.
Dentro del ámbito de la literatura catalana encontramos una traducción, ampliada más tarde, de la Danse macabre francesa, y una Dansa general de la Mort, traducción de la Danza de la Muerte castellana. La versión teatral del tema está representada por algunas obras, como la consueta mallorquína del siglo xvi Representado de la Mort. El texto de la Danza de la Muerte aparece editado en el volumen LVII de la «Biblioteca de Autores Españoles».
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