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Aunque todos los géneros de crecimiento biológico tienen aspectos comunes, el que ahora va a ocupamos estará referido al desarrollo individual de los animales y en particular del hombre. Al aumento de masa, sea por ampliación del cuerpo celular, sea por la formación de nuevas células, acompaña una diferenciación en la construcción morfológica y fisiológica del organismo. Por tal motivo la palabra desarrollo es un término más preciso para designar los episodios que van desde la fecundación a la madurez, en que los fenómenos de crecimiento y diferenciación recorren trayectorias paralelas pero interrelacionadas.
Crecimiento pre y postnatal.
Corrientemente se alude al periodo prenatal como desarrollo embrionario, aunque el nacimiento no significa una discontinuidad brusca en el proceso de crecimiento. Para adaptar la curva de crecimiento, ya sea animal o humano, a la curva sigmoidea, tenemos que partir del óvulo fecundado. La fase de aceleración positiva cesa unas veces al ocurrir el nacimiento y otras poco después; excepción hecha de una breve aceleración al final de la infancia o al inicio de la pubertad, el crecimiento postnatal mantiene un ritmo uniforme que luego se hace decreciente. El niño, a los 2 años y medio ha alcanzado la mitad de la altura de su talla adulta. Los valores en peso son también sorprendentes, aunque el punto medio se consigue mucho más tarde. Al nacer el niño, pesa mil millones de veces más de lo que pesaba el óvulo fecundado del que deriva, pero a lo largo de todos los años de crecimiento postnatal el peso de nacimiento aumenta solamente de 15 a 20 veces. Si consideramos no al individuo in totum, sino a sus órganos esenciales, las diferencias entre el crecimiento pre y postnatal son aún más sorprendentes. El ojo humano, en el trance del nacimiento, pesa la cuarta parte de lo que pesará cuando sea adulto su portador y el cerebro un tercio aproximadamente.
Tres signos de madurez.
Talla y peso son valores de fácil medición, por lo que han sido usados frecuentemente para determinar los módulos de crecimiento. Pero el Metabolismo basal, como indicador del consumo de oxígeno, debe tomarse en consideración al juzgar el desarrollo de cualquier organismo animal. La producción basal de calor, expresada en calorías por unidad de superficie corporal, es máxima entre los 3 y los 6 años de edad, declina luego en rápido descenso, detiene su caída hasta la pubertad y, por último, tras otra caída brusca, decrece lenta y continuamente durante el resto de la vida. Si se calcula el ritmo del metabolismo basal en función del peso del cuerpo, se observa que el consumo de oxígeno se eleva bruscamente después del nacimiento hasta alcanzar un máximo de 50-60 cal/kg y día a la edad de 1 año (de 7 a 18 meses); luego disminuyen los valores con la misma precipitación hasta la edad de 3 a 4 años, permanecen estacionarios dos o tres años más y, después de ellos, descienden más gradualmente.
Basta la simple aritmética para explicar por qué los puntos medios de los tres valores de madurez deben ser alcanzados a diferentes edades. Aunque la forma del cuerpo cambia un tanto durante el periodo de crecimiento, el volumen del cuerpo (peso) ha de variar, en general, como el cubo de su dimensión lineal (longitud o talla), mientras que la superficie ha de hacerlo según el cuadrado de dicha dimensión. Por esto, el punto medio del peso del cuerpo se alcanza a la edad de 12 años, el de la superficie corporal a los 7-8 y el de la altura antes de los 3. El valor medio del consumo de oxígeno se alcanza antes que el de la superficie del cuerpo, porque el metabolismo es muy elevado en la infancia.
Hay un periodo de unos 12 años en que los niños bien nutridos añaden anualmente unos 5 cm a su estatura y pasan de la talla de 100 cm a la edad de 4 años a la de 170 cm a los 16. Durante este periodo, su aumento de peso crece progresivamente año tras año. Porcentualmente, el aumento anual de peso es prácticamente constante durante estos 12 años y corresponde a un 10 %, o sea doble del peso del cuerpo en los 6-7 años; el cambio total de peso es, poco más o menos, desde unos 15 kg a los 4 años hasta 58 kg a los 16. En tanto que la altura crece en progresión aritmética, el peso lo hace en progresión geométrica.
Tamaño de los adultos.
Todo indica que la madurez se alcanza cuando el crecimiento es de tan poca monta que no puede ser medido o cuando se ha llegado a conseguir el 98 % del crecimiento total. Existen dimensiones características del adulto no sólo para cada especie, sino también para determinadas razas dentro de una misma especie. La sola corpulencia no garantiza una afortunada adaptación al medio; los enormes reptiles prehistóricos desaparecieron de la Tierra hace muchos millones de años; algunos naturalistas predicen incluso que nuestros pequeños insectos serán un día los «herederos de la Tierra». No se conoce con exactitud el factor que determina la detención del crecimiento cuando el organismo ha alcanzado unas dimensiones específicas, pero al parecer, como se expondrá más adelante, o bien cesa la secreción de hormonas promotoras del crecimiento o bien es inhibida su función. Muchos organismos, aun creciendo con más lentitud a medida que envejecen, siguen su crecimiento a lo largo de toda su vida y, de ordinario, ésta sólo acaba por accidente. Las gigantescas sequoias de California vienen creciendo desde hace varios miles de años, las escamas de los peces muestran zonas arqueadas de crecimiento anual a la manera de los anillos de los árboles y muchos peces parecen no tener tamaño máximo característico.
Para más información ver: crecimiento.
Crecimiento pre y postnatal.
Corrientemente se alude al periodo prenatal como desarrollo embrionario, aunque el nacimiento no significa una discontinuidad brusca en el proceso de crecimiento. Para adaptar la curva de crecimiento, ya sea animal o humano, a la curva sigmoidea, tenemos que partir del óvulo fecundado. La fase de aceleración positiva cesa unas veces al ocurrir el nacimiento y otras poco después; excepción hecha de una breve aceleración al final de la infancia o al inicio de la pubertad, el crecimiento postnatal mantiene un ritmo uniforme que luego se hace decreciente. El niño, a los 2 años y medio ha alcanzado la mitad de la altura de su talla adulta. Los valores en peso son también sorprendentes, aunque el punto medio se consigue mucho más tarde. Al nacer el niño, pesa mil millones de veces más de lo que pesaba el óvulo fecundado del que deriva, pero a lo largo de todos los años de crecimiento postnatal el peso de nacimiento aumenta solamente de 15 a 20 veces. Si consideramos no al individuo in totum, sino a sus órganos esenciales, las diferencias entre el crecimiento pre y postnatal son aún más sorprendentes. El ojo humano, en el trance del nacimiento, pesa la cuarta parte de lo que pesará cuando sea adulto su portador y el cerebro un tercio aproximadamente.
Tres signos de madurez.
Talla y peso son valores de fácil medición, por lo que han sido usados frecuentemente para determinar los módulos de crecimiento. Pero el Metabolismo basal, como indicador del consumo de oxígeno, debe tomarse en consideración al juzgar el desarrollo de cualquier organismo animal. La producción basal de calor, expresada en calorías por unidad de superficie corporal, es máxima entre los 3 y los 6 años de edad, declina luego en rápido descenso, detiene su caída hasta la pubertad y, por último, tras otra caída brusca, decrece lenta y continuamente durante el resto de la vida. Si se calcula el ritmo del metabolismo basal en función del peso del cuerpo, se observa que el consumo de oxígeno se eleva bruscamente después del nacimiento hasta alcanzar un máximo de 50-60 cal/kg y día a la edad de 1 año (de 7 a 18 meses); luego disminuyen los valores con la misma precipitación hasta la edad de 3 a 4 años, permanecen estacionarios dos o tres años más y, después de ellos, descienden más gradualmente.
Basta la simple aritmética para explicar por qué los puntos medios de los tres valores de madurez deben ser alcanzados a diferentes edades. Aunque la forma del cuerpo cambia un tanto durante el periodo de crecimiento, el volumen del cuerpo (peso) ha de variar, en general, como el cubo de su dimensión lineal (longitud o talla), mientras que la superficie ha de hacerlo según el cuadrado de dicha dimensión. Por esto, el punto medio del peso del cuerpo se alcanza a la edad de 12 años, el de la superficie corporal a los 7-8 y el de la altura antes de los 3. El valor medio del consumo de oxígeno se alcanza antes que el de la superficie del cuerpo, porque el metabolismo es muy elevado en la infancia.
Hay un periodo de unos 12 años en que los niños bien nutridos añaden anualmente unos 5 cm a su estatura y pasan de la talla de 100 cm a la edad de 4 años a la de 170 cm a los 16. Durante este periodo, su aumento de peso crece progresivamente año tras año. Porcentualmente, el aumento anual de peso es prácticamente constante durante estos 12 años y corresponde a un 10 %, o sea doble del peso del cuerpo en los 6-7 años; el cambio total de peso es, poco más o menos, desde unos 15 kg a los 4 años hasta 58 kg a los 16. En tanto que la altura crece en progresión aritmética, el peso lo hace en progresión geométrica.
Tamaño de los adultos.
Todo indica que la madurez se alcanza cuando el crecimiento es de tan poca monta que no puede ser medido o cuando se ha llegado a conseguir el 98 % del crecimiento total. Existen dimensiones características del adulto no sólo para cada especie, sino también para determinadas razas dentro de una misma especie. La sola corpulencia no garantiza una afortunada adaptación al medio; los enormes reptiles prehistóricos desaparecieron de la Tierra hace muchos millones de años; algunos naturalistas predicen incluso que nuestros pequeños insectos serán un día los «herederos de la Tierra». No se conoce con exactitud el factor que determina la detención del crecimiento cuando el organismo ha alcanzado unas dimensiones específicas, pero al parecer, como se expondrá más adelante, o bien cesa la secreción de hormonas promotoras del crecimiento o bien es inhibida su función. Muchos organismos, aun creciendo con más lentitud a medida que envejecen, siguen su crecimiento a lo largo de toda su vida y, de ordinario, ésta sólo acaba por accidente. Las gigantescas sequoias de California vienen creciendo desde hace varios miles de años, las escamas de los peces muestran zonas arqueadas de crecimiento anual a la manera de los anillos de los árboles y muchos peces parecen no tener tamaño máximo característico.
Para más información ver: crecimiento.
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