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La Arquitectura ha sido llamada «madre de las artes», aunque, como hemos visto, los más primitivos intentos artísticos han sido más bien de orden escultórico.
Tan pronto como el hombre comenzó a construir sus viviendas y templos, la arquitectura así resultante proporcionó campo propicio para el desarrollo de la escultura y la pintura.
Durante siglos las tres artes estuvieron íntimamente relacionadas tanto en Caldea y Egipto, cunas del arte, como en Grecia luego y mucho más tarde en los pueblos del norte, creadores del arte gótico.
Durante el Renacimiento, los artistas de los tres campos trabajaron conjuntamente e incluso hubo artistas que los abarcaron todos. La separación actual de las artes es, pues, relativamente moderna.
El arte de cada época y cada escuela es, en sentido amplio, fruto de las condiciones sociales reinantes y de las aspiraciones nacionales o raciales.
El ejemplo de la religión es muy claro a este respecto; en Egipto y Grecia dio origen a la arquitectura de templos y tumbas, a la escultura, a la pintura e incluso a las artes decorativas, a las que las ideas religiosas prestaban sus motivos.
Asimismo, durante la Edad Media, las grandes producciones del gótico en el campo religioso, catedrales, objetos litúrgicos, esmaltes y tapices, dan una clara idea de la influencia de las ideas vigentes en el arte. Pero si las obras más importantes obedecían a criterios religiosos, el deseo de belleza se manifestó también en la decoración de utensilios domésticos y guerreros.
El Renacimiento aportó nuevos elementos ideológicos al arte y condujo, al norte y sur de los Alpes, al mismo resurgir del saber y a un renovado interés por la vida; Italia encontró en el arte y mitología antiguos nueva fuente de inspiración que llevó a infundir en el arte cristiano un hálito casi pagano de belleza sensual.
Hacia el norte, dominado por la Reforma, que rompió los lazos con prístinas tradiciones, el artista se hace aún más positivista y vuelve sus ojos hacia la Naturaleza, dispuesto a reflejar en sus obras el mundo que le rodea.
De esta suerte, el realismo, en su sentido moderno, alumbra en las obras de los pintores flamencos del siglo xvii. No obstante, como queriendo demostrar al mundo cuán independiente del medio y la tradición artística puede vivir el genio, Velázquez, en la católica España, se afana en producir esas maravillas de cuadros con atmósfera y esas concreciones impresionistas que dos siglos más tarde habían de ejercer tanta influencia.
♦ Para más información ver: Arte.
Tan pronto como el hombre comenzó a construir sus viviendas y templos, la arquitectura así resultante proporcionó campo propicio para el desarrollo de la escultura y la pintura.
Durante siglos las tres artes estuvieron íntimamente relacionadas tanto en Caldea y Egipto, cunas del arte, como en Grecia luego y mucho más tarde en los pueblos del norte, creadores del arte gótico.
Durante el Renacimiento, los artistas de los tres campos trabajaron conjuntamente e incluso hubo artistas que los abarcaron todos. La separación actual de las artes es, pues, relativamente moderna.
El arte de cada época y cada escuela es, en sentido amplio, fruto de las condiciones sociales reinantes y de las aspiraciones nacionales o raciales.
El ejemplo de la religión es muy claro a este respecto; en Egipto y Grecia dio origen a la arquitectura de templos y tumbas, a la escultura, a la pintura e incluso a las artes decorativas, a las que las ideas religiosas prestaban sus motivos.
Asimismo, durante la Edad Media, las grandes producciones del gótico en el campo religioso, catedrales, objetos litúrgicos, esmaltes y tapices, dan una clara idea de la influencia de las ideas vigentes en el arte. Pero si las obras más importantes obedecían a criterios religiosos, el deseo de belleza se manifestó también en la decoración de utensilios domésticos y guerreros.
El Renacimiento aportó nuevos elementos ideológicos al arte y condujo, al norte y sur de los Alpes, al mismo resurgir del saber y a un renovado interés por la vida; Italia encontró en el arte y mitología antiguos nueva fuente de inspiración que llevó a infundir en el arte cristiano un hálito casi pagano de belleza sensual.
Hacia el norte, dominado por la Reforma, que rompió los lazos con prístinas tradiciones, el artista se hace aún más positivista y vuelve sus ojos hacia la Naturaleza, dispuesto a reflejar en sus obras el mundo que le rodea.
De esta suerte, el realismo, en su sentido moderno, alumbra en las obras de los pintores flamencos del siglo xvii. No obstante, como queriendo demostrar al mundo cuán independiente del medio y la tradición artística puede vivir el genio, Velázquez, en la católica España, se afana en producir esas maravillas de cuadros con atmósfera y esas concreciones impresionistas que dos siglos más tarde habían de ejercer tanta influencia.
♦ Para más información ver: Arte.
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