El cráneo del caballo parece largo debido a la extensión de la región facial y contiene a cada lado una órbita (depresión en que se incrusta el ojo) completamente rodeada de hueso y colocada precisamente detrás del último molar para permitir el desarrollo de los dientes de corona alta. Por una razón similar, los cóndilos de la quijada inferior (superficies que se articulan con la quijada superior) se sitúan sobre el plano de masticación. La columna vertebral del animal está compuesta de 7 vértebras cervicales, 18 torácicas, 6 lumbares, 5 sacras y de 15 a 18 caudales. Los cóndilos del cuello, es decir, las vértebras cervicales, son alargados; todas las articulaciones, excepto las de la primera y segunda vértebra del cuello, se consiguen mediante el encaje de apófisis redondeadas en sus correspondientes cavidades (diartrosis) con el resultado de mayor fuerza y movilidad. La columna vertebral del tronco es sensiblemente recta; ahora bien, las vértebras poseen una serie de espinas de diferentes longitudes con las que se produce la curvatura del lomo del caballo. Dieciocho costillas nacen en las vértebras torácicas. No existe clavícula en el caballo y el omóplato u hombro presenta espina poco desarrollada.
Los caballos difieren de todos los demás animales vivientes en tener un solo dedo, el dedo tercero o medio. Este constituye el ancho casco, que es similar a las garras o uñas de los otros mamíferos y que soporta el peso completo del cuerpo. El pie es muy alargado; la llamada «rodilla» de la pata anterior es realmente la muñeca y el «pemil» de la pata posterior, el tobillo. Extendiéndose de la rodilla a la juntura de la cerneja se encuentra el hueso más largo del pie, la canilla.
En su superficie trasera se encuentran dos pequeños sobrehuesos que representan el segundo y cuarto dígitos. La parte del pie entre la cerneja y la parte superior del casco se conoce por la cuartilla. Los dos grandes huesos del antebrazo, radio y cúbito, así como los de la pierna, tibia y peroné, están fundidos y forman un solo hueso. Tales adaptaciones, particularmente el alargamiento del pie, así como la transmisión del peso al casco, capacitan al caballo para correr velozmente sobre terrenos duros y llanos.
Para más información ver: caballo.
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