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La falsedad absoluta de la arquitectura victoriana provocó un movimiento reaccionario.
Los arquitectos del siglo xx comenzaron por estudiar las necesidades funcionales de la vivienda y ajustaron el espacio a la función.
El slogan del arquitecto franco-suizo Le Corbusier: «Una casa debe ser una máquina para vivir» encontró amplio eco internacional y preparó el camino hacia la casa moderna. Renunciando a la antigua colección simétrica de cubículos, se fundieron la sala, la biblioteca y el comedor para formar una sala de estar amplia, al tiempo que se daba franca entrada al sol y al aire.
La forma exterior se adaptó a la función interior. Sin embargo, el estilo funcional a ultranza tuvo numerosos detractores. El arquitecto americano Frank Lloyd Wright defendió la teoría de que la casa debe funcionar como una máquina bien organizada y poseer al mismo tiempo personalidad y decoro propios. Tal es la esencia de la arquitectura orgánica.
Wright sostuvo que la casa debía alzarse en su emplazamiento natural en tan estrecha relación con el suelo y el clima de la región como los retorcidos pinos que crecen en los flancos rocosos de las montañas. No debe existir disparidad entre los materiales empleados en el exterior e interior y la casa ha de ser como una unidad que refleje el carácter de sus habitantes, los materiales empleados en su construcción y su emplazamiento.
Estos conceptos arquitectónicos revolucionarios empezaron a arraigar hasta quedar con más o menos vigor en los planos de casi todas las casas modernas.
De cuantos factores han contribuido a este resultado, uno de los más importantes ha sido la tendencia moderna a vivir en las afueras de las ciudades como consecuencia del desarrollo del sistema de comunicaciones.
Con el desarrollo de las grandes huecos encristalados se ha podido llevar a la práctica la idea moderna de proyectar la casa hacia el exterior. Naturalmente, esta técnica se aplica con más intensidad en los climas cálidos, pero la creación de la casa solar hace posible la vida al aire libre aun en los climas más fríos.
La pared que mira al sur se construye enteramente de vidrio, que durante el invierno irradia el calor del sol, aunque se encuentre bajo. Durante el verano, en que el astro solar se encuentra alto, un alero alargado proporciona sombra a la casa.
En Holanda, Suecia, Suiza y otros países europeos se construyen bloques de viviendas en forma de «Y» o de estrella, que proporcionan espacios verdes y más amplia exposición al aire y al sol.
Uno de los problemas principales del arquitecto moderno consiste en proyectar casas de coste mínimo. El primer intento de unificación de ciertas partes de un edificio se puso en práctica en Alemania. Hacia 1920 Erich Freiberger
diseñó su «casa creciente», susceptible de edificarse con elementos prefabricados. El constructor podía levantar una casa de tamaño mínimo, pero con los servicios necesarios, y gradualmente iba añadiendo más habitaciones.
Promediado el siglo XX ya se había realizado numerosos experimentos encaminados a la aplicación científica del dibujo industrial a este tipo de construcciones.
La erección de una casa prefabricada era cuestión de poco tiempo. No tardaron en aparecer firmas industriales dedicadas a la fabricación de modelos, unos metálicos, otros de tableros contrachapeados.
El más perfecto fue el norteamericano dymaxion, diseñado por Buckminster Fuller para su construcción en serie, como los automóviles. Los suelos y paredes, muy delgados, se asientan sobre cables soportados por una columna central de duraluminio, que contiene escaleras de acceso al piso primero e instalaciones de alumbrado, calefacción y acondicionamiento de aire.
Su mobiliario va empotrado, como las camas de los coches Pullman. La casa es redonda y se mueve a cada cambio de dirección del viento para ofrecerle la menor resistencia.
En Suecia ha aparecido un modelo de armazón de acero que se recubre con paneles de madera prefabricados. Todo ello puede alzarse sobre el suelo mediante zancos, también de acero, y alcanzar la altura de un segundo piso, con lo que queda sitio para garaje. De forma similar es la casa «ABC» aparecida en Turín (Italia).
Si los ingenieros trabajan para lograr la mecanización completa de las casas producidas en serie, los arquitectos se esfuerzan por encontrar métodos de prefabricación que favorezca su estética y flexibilidad. Véase Vivienda.
Para más información ver: casa.
Los arquitectos del siglo xx comenzaron por estudiar las necesidades funcionales de la vivienda y ajustaron el espacio a la función.
El slogan del arquitecto franco-suizo Le Corbusier: «Una casa debe ser una máquina para vivir» encontró amplio eco internacional y preparó el camino hacia la casa moderna. Renunciando a la antigua colección simétrica de cubículos, se fundieron la sala, la biblioteca y el comedor para formar una sala de estar amplia, al tiempo que se daba franca entrada al sol y al aire.
La forma exterior se adaptó a la función interior. Sin embargo, el estilo funcional a ultranza tuvo numerosos detractores. El arquitecto americano Frank Lloyd Wright defendió la teoría de que la casa debe funcionar como una máquina bien organizada y poseer al mismo tiempo personalidad y decoro propios. Tal es la esencia de la arquitectura orgánica.
Wright sostuvo que la casa debía alzarse en su emplazamiento natural en tan estrecha relación con el suelo y el clima de la región como los retorcidos pinos que crecen en los flancos rocosos de las montañas. No debe existir disparidad entre los materiales empleados en el exterior e interior y la casa ha de ser como una unidad que refleje el carácter de sus habitantes, los materiales empleados en su construcción y su emplazamiento.
Estos conceptos arquitectónicos revolucionarios empezaron a arraigar hasta quedar con más o menos vigor en los planos de casi todas las casas modernas.
De cuantos factores han contribuido a este resultado, uno de los más importantes ha sido la tendencia moderna a vivir en las afueras de las ciudades como consecuencia del desarrollo del sistema de comunicaciones.
Con el desarrollo de las grandes huecos encristalados se ha podido llevar a la práctica la idea moderna de proyectar la casa hacia el exterior. Naturalmente, esta técnica se aplica con más intensidad en los climas cálidos, pero la creación de la casa solar hace posible la vida al aire libre aun en los climas más fríos.
La pared que mira al sur se construye enteramente de vidrio, que durante el invierno irradia el calor del sol, aunque se encuentre bajo. Durante el verano, en que el astro solar se encuentra alto, un alero alargado proporciona sombra a la casa.
En Holanda, Suecia, Suiza y otros países europeos se construyen bloques de viviendas en forma de «Y» o de estrella, que proporcionan espacios verdes y más amplia exposición al aire y al sol.
La vivienda prefabricada
Uno de los problemas principales del arquitecto moderno consiste en proyectar casas de coste mínimo. El primer intento de unificación de ciertas partes de un edificio se puso en práctica en Alemania. Hacia 1920 Erich Freiberger
diseñó su «casa creciente», susceptible de edificarse con elementos prefabricados. El constructor podía levantar una casa de tamaño mínimo, pero con los servicios necesarios, y gradualmente iba añadiendo más habitaciones.
Promediado el siglo XX ya se había realizado numerosos experimentos encaminados a la aplicación científica del dibujo industrial a este tipo de construcciones.
La erección de una casa prefabricada era cuestión de poco tiempo. No tardaron en aparecer firmas industriales dedicadas a la fabricación de modelos, unos metálicos, otros de tableros contrachapeados.
El más perfecto fue el norteamericano dymaxion, diseñado por Buckminster Fuller para su construcción en serie, como los automóviles. Los suelos y paredes, muy delgados, se asientan sobre cables soportados por una columna central de duraluminio, que contiene escaleras de acceso al piso primero e instalaciones de alumbrado, calefacción y acondicionamiento de aire.
Su mobiliario va empotrado, como las camas de los coches Pullman. La casa es redonda y se mueve a cada cambio de dirección del viento para ofrecerle la menor resistencia.
En Suecia ha aparecido un modelo de armazón de acero que se recubre con paneles de madera prefabricados. Todo ello puede alzarse sobre el suelo mediante zancos, también de acero, y alcanzar la altura de un segundo piso, con lo que queda sitio para garaje. De forma similar es la casa «ABC» aparecida en Turín (Italia).
Si los ingenieros trabajan para lograr la mecanización completa de las casas producidas en serie, los arquitectos se esfuerzan por encontrar métodos de prefabricación que favorezca su estética y flexibilidad. Véase Vivienda.
Para más información ver: casa.
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