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La arquitectura oriental, por lo que a la vivienda humana se refiere, presenta tres estilos principales: el islámico, que se extiende desde el S de la Península Ibérica hasta la India, el chino y el japonés. Todos ellos son producto directo de la idiosincrasia de los pueblos que los crearon. Las ciudades islamitas, siempre superpobladas, necesitan casas de más de un piso.
Por otra parte, el tradicional deseo musulmán de aislar la familia da origen al sistema de distribución de habitaciones en tomo a patios interiores y en pisos superiores. En las casas de los ricos los suelos suelen ser de mosaico finamente decorado.
La vivienda tradicional de los labradores chinos es una choza rectangular, con tejado de barda, dividida en una o dos habitaciones. A lo largo de una de las paredes de la sala principal se extiende una tarima, llamada k’ang, a la altura de la cintura. Bajo ella se distribuyen los conductos de la calefacción que, partiendo de la estufa situada en un extremo, permiten a la familia dormir confortablemente sobre la tarima.
Hay relativamente pocas casas aisladas. Los labradores se agrupan para vivir en poblados de casas corrientemente adosadas unas a otras y rodeadas de muros protectores. Las residencias de los pudientes son mayores, pero, en esencia, semejantes a las chozas más modestas. Constituyen simples agrupaciones de edificios en torno a un patio. Incluso las casas de los más ricos adoptan esta forma.
De todos los estilos orientales, el japonés es, acaso, el más original. Con ser uno de los más antiguos, es también uno de los más modernos en muchos aspectos. Muchas de las ideas arquitectónicas relativas al empleo de materiales naturales, la armonía de la casa con el pasisaje y la economía espacial se deben a los japoneses. Incluso la idea de la construcción prefabricada tiene su origen en el Japón.
Por ejemplo, el tatami o estera de bambúes que cubre el suelo de las moradas japonesas se prefabrica en diferentes modelos y tamaños. El resto de la vivienda ha de construirse de forma que se ajuste al tamaño y cantidad de los tatamis, al igual que los arquitectos occidentales planean las casas de modo que puedan utilizarse en ellas las paredes prefabricadas.
La armazón y las paredes se construyen de maderas nativas sin pintar; a lo sumo los paneles interiores y pisos se pulimentan para realzar su belleza natural.
Muchos de los tabiques y aun las mismas paredes exteriores consisten en mamparas corredizas de madera o cartón. Las mamparas interiores pueden separarse si se desea agrandar una habitación o bien recogerse para hacerla más íntima y acogedora. En verano se descorren los paneles exteriores para abrir la casa a alguna galería o al jardín.
Los techos son de bálago o de tejas. La mayoría de las casas constan de un solo piso, aunque son comunes las de dos en las urbes. En uno de los extremos de cada habitación hay un nicho donde se colocan flores y estatuillas o se cuelga un rollo de papel pintado. A cada lado del nicho se abren sendos huecos provistos de correderas, donde se guardan las camas durante el día.
Por la noche, cuando éstas se extienden, los muebles, muy escasos por cierto, se adosan contra las paredes. Algunas habitaciones disponen de un hibachi o brasero, donde se quema carbón de madera. La cocina suele ser de dimensiones mínimas y está edificada a manera de cobertizo anejo a la casa. Algunas casas disponen de cuarto de aseo, don.de los japoneses, muy amantes del baño, instalan una bañera muy alta de madera.
Para más información ver: casa.
Por otra parte, el tradicional deseo musulmán de aislar la familia da origen al sistema de distribución de habitaciones en tomo a patios interiores y en pisos superiores. En las casas de los ricos los suelos suelen ser de mosaico finamente decorado.
La vivienda tradicional de los labradores chinos es una choza rectangular, con tejado de barda, dividida en una o dos habitaciones. A lo largo de una de las paredes de la sala principal se extiende una tarima, llamada k’ang, a la altura de la cintura. Bajo ella se distribuyen los conductos de la calefacción que, partiendo de la estufa situada en un extremo, permiten a la familia dormir confortablemente sobre la tarima.
Hay relativamente pocas casas aisladas. Los labradores se agrupan para vivir en poblados de casas corrientemente adosadas unas a otras y rodeadas de muros protectores. Las residencias de los pudientes son mayores, pero, en esencia, semejantes a las chozas más modestas. Constituyen simples agrupaciones de edificios en torno a un patio. Incluso las casas de los más ricos adoptan esta forma.
De todos los estilos orientales, el japonés es, acaso, el más original. Con ser uno de los más antiguos, es también uno de los más modernos en muchos aspectos. Muchas de las ideas arquitectónicas relativas al empleo de materiales naturales, la armonía de la casa con el pasisaje y la economía espacial se deben a los japoneses. Incluso la idea de la construcción prefabricada tiene su origen en el Japón.
Por ejemplo, el tatami o estera de bambúes que cubre el suelo de las moradas japonesas se prefabrica en diferentes modelos y tamaños. El resto de la vivienda ha de construirse de forma que se ajuste al tamaño y cantidad de los tatamis, al igual que los arquitectos occidentales planean las casas de modo que puedan utilizarse en ellas las paredes prefabricadas.
La armazón y las paredes se construyen de maderas nativas sin pintar; a lo sumo los paneles interiores y pisos se pulimentan para realzar su belleza natural.
Muchos de los tabiques y aun las mismas paredes exteriores consisten en mamparas corredizas de madera o cartón. Las mamparas interiores pueden separarse si se desea agrandar una habitación o bien recogerse para hacerla más íntima y acogedora. En verano se descorren los paneles exteriores para abrir la casa a alguna galería o al jardín.
Los techos son de bálago o de tejas. La mayoría de las casas constan de un solo piso, aunque son comunes las de dos en las urbes. En uno de los extremos de cada habitación hay un nicho donde se colocan flores y estatuillas o se cuelga un rollo de papel pintado. A cada lado del nicho se abren sendos huecos provistos de correderas, donde se guardan las camas durante el día.
Por la noche, cuando éstas se extienden, los muebles, muy escasos por cierto, se adosan contra las paredes. Algunas habitaciones disponen de un hibachi o brasero, donde se quema carbón de madera. La cocina suele ser de dimensiones mínimas y está edificada a manera de cobertizo anejo a la casa. Algunas casas disponen de cuarto de aseo, don.de los japoneses, muy amantes del baño, instalan una bañera muy alta de madera.
Para más información ver: casa.
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