1
Los primeros ensayos arquitectónicos pertenecen al campo de la Arqueología. Egipto y las civilizaciones de Asia occidental crearon numerosos edificios cuya influencia ha sido muy escasa sobre la arquitectura europea y americana. La historia de la arquitectura occidental presenta hasta el siglo xv tres fases principales, a las que corresponden otros tantos estilos básicos: el clásico, el románico y el gótico. El clásico fue creado por la civilización griega hacia el año 500 a. de J.C. Este periodo de democracia filosófica, el primero de la Era cristiana, dio origen a un estilo sencillo, pero extraordinariamente bello, que empleaba el mármol como material para los edificios más importantes y el dintel y la columna como elementos estructurales principales. El estilo clásico empleó tres órdenes arquitectónicos, caracterizados por ciertos rasgos, peculiares de dichos elementos: el Dórico, el Jónico y el Corintio. Las principales características que distinguieron a la arquitectura griega fueron la perfección de forma y proporción y la delicadeza del detalle, que prestaban a los edificios un sentido de imponente monumentalidad y sereno equilibrio. Los romanos no se limitaron a admirar la arquitectura griega, sino que, sobre todo en la época del Imperio, se dedicaron a asimilarla, no sin añadir de su propia cosecha elementos nuevos —sobre todo constructivos, como el arco, la bóveda por arista, la cúpula, el entramado y el mortero—, al sencillo repertorio del arte griego. La Arquitectura romana sembró de imponentes edificios, pródigamente ornamentados, el mundo entonces civilizado.
Al derrumbarse el Imperio romano (hacia 500 d. de J.C.), derrumbáronse también la mayoría de los edificios clásicos. Desde el año 500 al 1000 d. de J.C. floreció en Europa el feudalismo, excepto en España, y surgió de la ruina de la civilización romana un estilo bárbaro, hasta la formación en el siglo xi del denominado románico. Los constructores de este periodo emplearon el arco y las bóvedas de medio cañón y por arista y crearon algo más tarde, en la segunda mitad del siglo xii, los arbotantes, el pilar compuesto y la bóveda de nervios. Con el desarrollo de estas y de algunas otras características de la Arquitectura románica surgió en Francia el estilo gótico. Antes, en el Oriente mediterráneo surgió la arquitectura bizantina, con su centro más brillante en la ciudad de Constantinopla. La Arquitectura bizantina creó dos de los edificios más destacados de la historia monumental: Santa Sofía de Constantinopla y San Marcos de Venecia.
Aunque hay bastantes iglesias bizantinas de disposición basilical, las más características del estilo son las de plano central —circulares, poligonales, cruz griega (de brazos iguales), etc.— cubiertas por una cúpula a la que rodean otras más pequeñas. Como estas cúpulas son semiesféricas y cubren tramos cuadrangulares, los arquitectos bizantinos tuvieron que disponer unos elementos arquitectónicos de transición, trompas y pechinas, para pasar de una a otra planta. Las pechinas son triángulos esféricos; las trompas, arcos o pequeñas bóvedas o voladizos que achaflanan la planta cuadrada. El deseo de dar mayor elevación a las cúpulas y más luz al interior del templo dio lugar a la interposición de un cuerpo de luces o linterna, con ventanas, entre las. trompas o pechinas y la cúpula. El estilo gótico, que nació en la Edad Media y floreció hasta el siglo xv en Italia y el xvi en Francia, Inglaterra, España y Alemania, creó los mayores y hasta entonces más impresionantes edificios religiosos del mundo. La Arquitectura gótica realizó una fusión tan perfecta de ideas estructurales, funcionales y estéticas que sus magníficas catedrales figuran entre las obras de arte más admirables que jamás crearon manos humanas. Las principales características estructurales y decorativas del arte gótico son el empleo de las bóvedas nervadas y de ojivas (bóvedas con dos arcos de resalto o molduras que se cruzan en su centro o clave), de los arcos agudos, de los arbotantes, de las tracerías planas y geométricas y de los pináculos. Al repertorio decorativo naturalista se une en los edificios góticos la abundancia de representaciones de seres vivos.
Debe advertirse que todo gran estilo arquitectónico nace de formas anteriores y que, consecuencia como es de múltiples y variados factores, no representa una mera novedad pasajera, sino más bien el resultado de largos periodos de • profundas experiencias. La variación gradual que ha experimentado el aspecto de los edificios desde el Partenón griego hasta la catedral de Chartres, e incluso hasta el rascacielos norteamericano, puede explicarse por: 1) conocimientos más amplios sobre la construcción y verdadera competencia de arquitectos y constructores; 2) destino del edificio; 3) emplazamiento y clima; 4) materiales disponibles; 5) civilización. Los grandes estilos, como el clásico, el románico y el gótico, se han visto estimulados directamente por el descubrimiento de nuevas estructuras y medios de expresión arquitectónica que se convirtieron en parte íntegramente de su aspecto general.
Algunos estilos de menor importancia y difusión, como el Estilo imperio y el Regencia, se inspiraron en factores culturales y políticos de su época. El proceso evolutivo de un estilo ha sido siempre lento y conservador y la búsqueda de formas artísticas y técnicas mecánicas, tarea casi siempre de siglos. Un estilo representa el esfuerzo acumulado de innúmeros artesanos, al que ha sabido dar forma el genio creador de unos pocos arquitectos. Una vez desarrollado, el estilo permanece tenazmente invariable hasta que las innovaciones estructurales, los avances culturales y las transformaciones de la sensibilidad humana lo hacen anticuado.
Cuando la sociedad medieval sufrió el impacto de la cultura humanística, el estilo gótico cedió paso a la arquitectura del Renacimiento, inspirada en las arquitecturas clásicas griega y romana, sobre todo en la de la Roma imperial. En la época renacentista empiezan a asomar los complejos problemas del mundo moderno, pero la arquitectura no encuentra nuevos conceptos estructurales o nuevos materiales que le ayuden a resolver tales problemas. Hubo de limitarse a respetar las antiguas prácticas de construcción y a realizar nuevas combinaciones de las formas arquitecturales y ornamentales heredadas de Roma para formar innumerables combinaciones nuevas. La más original e importante de estas modificaciones fue la del Barroco del siglo xvii (evolución del gótico) y de los estilos georgiano inglés y colonial norteamericano del siglo xviii. Menos interés ofrecen el neoclásico europeo y el renacimiento neogriego en los Estados Unidos a comienzos del siglo xx y aún tuvo menor importancia el renacimiento gótico que se desarrolló ulteriormente.
A fines del siglo xix comienza a desarrollarse una arquitectura nueva y robusta con la introdución del acero, que permite dar a las construcciones gran altura, amplios espacios abiertos, muros ligeros y una economía y rapidez hasta entonces desconocidas. Esta evolución radical de las estructuras se vio acompañada de cambios sociales económicos y políticos. La economía ya no era principalmente agraria; se había transformado en industrial. Por todas partes surgieron grandes ciudades, apretadas concentraciones de elemento humano. Las nuevas máquinas industriales exigían fábricas inmensas para su alojamiento. La nueva sociedad industrial adquirió riquezas que permitieron, por primera vez en la historia, construir grandes edificios para personas o grupos no pertenecientes al ámbito político o religioso. Estas nuevas condiciones sociales exigían tipos de estructuras totalmente nuevos. Los arquitectos y sus clientes, enfrentados con el problema de resolver las exigencias materiales y estéticas de las nuevas estructuras, emprendieron con desgana la tarea de resolverlo. Si se exceptúan unos pocos arquitectos eminentes, la respuesta de la mayoría se limitó a superponer detalles góticos y clásicos a las estructuras de acero. Después de la segunda década del siglo actual los arquitectos intentaron resolver el problema mediante la utilización de nuevos materiales y técnicas estéticas. A la práctica de combinar varios estilos antiguos substituyó el esfuerzo sincero por relacionar los componentes estructurales y decorativos con la función del edificio. Se emplearon nuevos materiales y adelantos técnicos para adaptar la nueva arquitectura a las exigencias de la época del maquinismo y se desarrollaron nuevos conceptos del alojamiento, planificación de ciudades y proyectos industriales para satisfacer las necesidades de la sociedad moderna. La imitación innecesaria de los estilos caducos ha cesado prácticamente y hoy en día^se reconoce la existencia de un nuevo estilo arquitectónico en proceso evolutivo de formación.
Este nuevo estilo de expresión arquitectónica ha recibido varios nombres: moderno, contemporáneo e internacional. Ninguna de estas denominaciones es totalmente adecuada, ya que todo nuevo periodo de la historia de la arquitectura ha sido contemporáneo y moderno. Es indudable que los historiadores futuros llegarán a encontrar la denominación adecuada; de momento podemos aplicar a esta arquitectura el calificativo de moderna para distinguirla de los estilos históricos del pasado. La arquitectura moderna, como la mejor arquitectura griega y gótica, intenta ser orgánica en su unidad estructural.
Para más información ver: arquitectura.
Al derrumbarse el Imperio romano (hacia 500 d. de J.C.), derrumbáronse también la mayoría de los edificios clásicos. Desde el año 500 al 1000 d. de J.C. floreció en Europa el feudalismo, excepto en España, y surgió de la ruina de la civilización romana un estilo bárbaro, hasta la formación en el siglo xi del denominado románico. Los constructores de este periodo emplearon el arco y las bóvedas de medio cañón y por arista y crearon algo más tarde, en la segunda mitad del siglo xii, los arbotantes, el pilar compuesto y la bóveda de nervios. Con el desarrollo de estas y de algunas otras características de la Arquitectura románica surgió en Francia el estilo gótico. Antes, en el Oriente mediterráneo surgió la arquitectura bizantina, con su centro más brillante en la ciudad de Constantinopla. La Arquitectura bizantina creó dos de los edificios más destacados de la historia monumental: Santa Sofía de Constantinopla y San Marcos de Venecia.
Aunque hay bastantes iglesias bizantinas de disposición basilical, las más características del estilo son las de plano central —circulares, poligonales, cruz griega (de brazos iguales), etc.— cubiertas por una cúpula a la que rodean otras más pequeñas. Como estas cúpulas son semiesféricas y cubren tramos cuadrangulares, los arquitectos bizantinos tuvieron que disponer unos elementos arquitectónicos de transición, trompas y pechinas, para pasar de una a otra planta. Las pechinas son triángulos esféricos; las trompas, arcos o pequeñas bóvedas o voladizos que achaflanan la planta cuadrada. El deseo de dar mayor elevación a las cúpulas y más luz al interior del templo dio lugar a la interposición de un cuerpo de luces o linterna, con ventanas, entre las. trompas o pechinas y la cúpula. El estilo gótico, que nació en la Edad Media y floreció hasta el siglo xv en Italia y el xvi en Francia, Inglaterra, España y Alemania, creó los mayores y hasta entonces más impresionantes edificios religiosos del mundo. La Arquitectura gótica realizó una fusión tan perfecta de ideas estructurales, funcionales y estéticas que sus magníficas catedrales figuran entre las obras de arte más admirables que jamás crearon manos humanas. Las principales características estructurales y decorativas del arte gótico son el empleo de las bóvedas nervadas y de ojivas (bóvedas con dos arcos de resalto o molduras que se cruzan en su centro o clave), de los arcos agudos, de los arbotantes, de las tracerías planas y geométricas y de los pináculos. Al repertorio decorativo naturalista se une en los edificios góticos la abundancia de representaciones de seres vivos.
Debe advertirse que todo gran estilo arquitectónico nace de formas anteriores y que, consecuencia como es de múltiples y variados factores, no representa una mera novedad pasajera, sino más bien el resultado de largos periodos de • profundas experiencias. La variación gradual que ha experimentado el aspecto de los edificios desde el Partenón griego hasta la catedral de Chartres, e incluso hasta el rascacielos norteamericano, puede explicarse por: 1) conocimientos más amplios sobre la construcción y verdadera competencia de arquitectos y constructores; 2) destino del edificio; 3) emplazamiento y clima; 4) materiales disponibles; 5) civilización. Los grandes estilos, como el clásico, el románico y el gótico, se han visto estimulados directamente por el descubrimiento de nuevas estructuras y medios de expresión arquitectónica que se convirtieron en parte íntegramente de su aspecto general.
Algunos estilos de menor importancia y difusión, como el Estilo imperio y el Regencia, se inspiraron en factores culturales y políticos de su época. El proceso evolutivo de un estilo ha sido siempre lento y conservador y la búsqueda de formas artísticas y técnicas mecánicas, tarea casi siempre de siglos. Un estilo representa el esfuerzo acumulado de innúmeros artesanos, al que ha sabido dar forma el genio creador de unos pocos arquitectos. Una vez desarrollado, el estilo permanece tenazmente invariable hasta que las innovaciones estructurales, los avances culturales y las transformaciones de la sensibilidad humana lo hacen anticuado.
Cuando la sociedad medieval sufrió el impacto de la cultura humanística, el estilo gótico cedió paso a la arquitectura del Renacimiento, inspirada en las arquitecturas clásicas griega y romana, sobre todo en la de la Roma imperial. En la época renacentista empiezan a asomar los complejos problemas del mundo moderno, pero la arquitectura no encuentra nuevos conceptos estructurales o nuevos materiales que le ayuden a resolver tales problemas. Hubo de limitarse a respetar las antiguas prácticas de construcción y a realizar nuevas combinaciones de las formas arquitecturales y ornamentales heredadas de Roma para formar innumerables combinaciones nuevas. La más original e importante de estas modificaciones fue la del Barroco del siglo xvii (evolución del gótico) y de los estilos georgiano inglés y colonial norteamericano del siglo xviii. Menos interés ofrecen el neoclásico europeo y el renacimiento neogriego en los Estados Unidos a comienzos del siglo xx y aún tuvo menor importancia el renacimiento gótico que se desarrolló ulteriormente.
A fines del siglo xix comienza a desarrollarse una arquitectura nueva y robusta con la introdución del acero, que permite dar a las construcciones gran altura, amplios espacios abiertos, muros ligeros y una economía y rapidez hasta entonces desconocidas. Esta evolución radical de las estructuras se vio acompañada de cambios sociales económicos y políticos. La economía ya no era principalmente agraria; se había transformado en industrial. Por todas partes surgieron grandes ciudades, apretadas concentraciones de elemento humano. Las nuevas máquinas industriales exigían fábricas inmensas para su alojamiento. La nueva sociedad industrial adquirió riquezas que permitieron, por primera vez en la historia, construir grandes edificios para personas o grupos no pertenecientes al ámbito político o religioso. Estas nuevas condiciones sociales exigían tipos de estructuras totalmente nuevos. Los arquitectos y sus clientes, enfrentados con el problema de resolver las exigencias materiales y estéticas de las nuevas estructuras, emprendieron con desgana la tarea de resolverlo. Si se exceptúan unos pocos arquitectos eminentes, la respuesta de la mayoría se limitó a superponer detalles góticos y clásicos a las estructuras de acero. Después de la segunda década del siglo actual los arquitectos intentaron resolver el problema mediante la utilización de nuevos materiales y técnicas estéticas. A la práctica de combinar varios estilos antiguos substituyó el esfuerzo sincero por relacionar los componentes estructurales y decorativos con la función del edificio. Se emplearon nuevos materiales y adelantos técnicos para adaptar la nueva arquitectura a las exigencias de la época del maquinismo y se desarrollaron nuevos conceptos del alojamiento, planificación de ciudades y proyectos industriales para satisfacer las necesidades de la sociedad moderna. La imitación innecesaria de los estilos caducos ha cesado prácticamente y hoy en día^se reconoce la existencia de un nuevo estilo arquitectónico en proceso evolutivo de formación.
Este nuevo estilo de expresión arquitectónica ha recibido varios nombres: moderno, contemporáneo e internacional. Ninguna de estas denominaciones es totalmente adecuada, ya que todo nuevo periodo de la historia de la arquitectura ha sido contemporáneo y moderno. Es indudable que los historiadores futuros llegarán a encontrar la denominación adecuada; de momento podemos aplicar a esta arquitectura el calificativo de moderna para distinguirla de los estilos históricos del pasado. La arquitectura moderna, como la mejor arquitectura griega y gótica, intenta ser orgánica en su unidad estructural.
Para más información ver: arquitectura.
Enviar comentario o duda sobre «historia de la arquitectura: desarrollo histórico»
También puedes usar el asistente de IA si prefieres una respuesta inmediata.